
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Te tomas el pulso, o miras el reloj inteligente, y ves 48. La primera reacción suele ser preocupación. Pero antes de alarmarte conviene saber algo: una frecuencia cardíaca baja puede ser una excelente noticia o una señal de aviso, y lo que las separa no es el número, sino cómo te encuentras.
En esta guía te explicamos qué es la bradicardia, por qué aparece, cuándo 45 pulsaciones por minuto en reposo son perfectamente normales y cuándo hay que estudiarlas.
Se llama bradicardia a una frecuencia cardíaca por debajo de 60 latidos por minuto en reposo. Esa es la definición formal, y también el origen de casi todos los malentendidos, porque ese umbral de 60 es una convención estadística, no una frontera entre salud y enfermedad.
La clave está en otra parte. El corazón tiene un marcapasos natural, el nodo sinusal, que marca el ritmo. Ese nodo obedece al sistema nervioso autónomo: el nervio vago lo frena y la adrenalina lo acelera. Una bradicardia puede significar que el vago tiene mucho tono (algo bueno, propio de gente en forma) o que el sistema de conducción está fallando (algo que hay que mirar).
Por eso la pregunta correcta no es ¿cuántas pulsaciones tengo?, sino ¿mi corazón sube de frecuencia cuando lo necesito? Un corazón que late a 45 en reposo pero sube a 150 al subir escaleras funciona perfectamente. Uno que late a 45 y no pasa de 90 haciendo esfuerzo, no.
Registrar el ritmo durante un día entero es lo que responde a esa pregunta, y es exactamente lo que hace un Holter cardíaco 24h: un registro continuo mientras haces vida normal, que enseña cómo se comporta tu corazón cuando duermes, cuando subes escaleras y cuando te mareas.
Depende por completo de dos cosas: de quién seas y de si tienes síntomas.
Hay situaciones en las que una frecuencia baja es esperable y no indica ningún problema:
La regla práctica es simple: si tienes 45 pulsaciones, entrenas con regularidad, no te mareas, no te falta el aire y toleras el esfuerzo con normalidad, lo más probable es que sea tu corazón funcionando bien.
La misma cifra cambia de significado si aparece en otro contexto:
Muchas bradicardias no dan ningún síntoma y se descubren por casualidad. Cuando los dan, es porque el corazón no está bombeando suficiente sangre al cerebro y a los músculos:
Un apunte importante: el mareo y el cansancio en personas mayores se atribuyen con demasiada facilidad a la edad. Si además hay bradicardia, merece la pena estudiarlo, porque tiene solución.
Se ordenan bien en tres grupos, y esta clasificación ayuda a entender por qué el estudio incluye pruebas que a primera vista no parecen del corazón.
El entrenamiento deportivo y el sueño, que ya hemos visto. No requieren nada.
Aquí está la parte que más se pasa por alto:
El estudio es escalonado y bastante ágil.
El primer paso es un electrocardiograma con visita de cardiología. Es rápido e indoloro, y ya identifica si hay un bloqueo, de qué tipo y de qué grado. Su limitación es evidente: solo ve los diez segundos que dura el registro, y si tu bradicardia es intermitente, puede salir normal.
Ahí entra el Holter de 24 horas, que registra el ritmo durante un día completo mientras haces vida normal. Es la prueba que relaciona lo que sientes con lo que hace tu corazón en ese momento: si te mareas a las seis de la tarde, el registro dirá qué pasaba a esa hora. También detecta las pausas nocturnas.
Si los síntomas aparecen al esforzarte, la prueba de esfuerzo comprueba lo que de verdad importa: si la frecuencia sube como debe al aumentar la demanda. A esa incapacidad del corazón para acelerar cuando se lo pides se le llama incompetencia cronotrópica, y es uno de los hallazgos que más pesan a la hora de decidir si hace falta un marcapasos. Es también la razón por la que una bradicardia solo se puede interpretar bien viendo el corazón en movimiento, no en reposo.
Estas tres pruebas responden a preguntas distintas y por eso se complementan:
No siempre hacen falta las tres. El orden depende de cuándo aparecen tus síntomas: si es al esfuerzo, la ergometría gana peso; si son episodios sueltos a lo largo del día, el Holter es la que más aporta.
Es el punto que más se pasa por alto y por eso lo destacamos aparte. Una analítica de tiroides con TSH debería formar parte de cualquier estudio de bradicardia de aparición reciente. Es una prueba sencilla, y encontrar un hipotiroidismo cambia el desenlace: en lugar de plantearse un marcapasos, se corrige la hormona y la frecuencia se normaliza.
En tuMédico.es vemos con frecuencia a personas asustadas porque su reloj les marca 48 pulsaciones. Nuestra experiencia nos dice que en la gran mayoría de los casos, cuando no hay síntomas y hay actividad física detrás, no hay nada que tratar. Y también nos dice lo contrario: cuando hay mareo o un desmayo de por medio, no conviene esperar, porque el estudio es sencillo y la solución suele existir.
Depende enteramente de la causa, y este resumen lo ordena:
| Situación | Qué se hace |
|---|---|
| Deportista sin síntomas | Nada. Es una adaptación normal |
| Causada por un fármaco | Ajustar la dosis o cambiarlo, siempre con tu médico |
| Hipotiroidismo | Tratar la tiroides: la frecuencia se normaliza |
| Bloqueo avanzado o síntomas graves | Valorar marcapasos |
| Apnea del sueño | Tratar la apnea |
Nunca suspendas por tu cuenta un betabloqueante ni ningún fármaco para el corazón: retirarlos de golpe puede provocar un efecto rebote peligroso, con subidas bruscas de frecuencia y de tensión. Si sospechas que tu bradicardia viene de un medicamento, coméntalo en consulta: muchas veces basta con ajustar la dosis o cambiar a una alternativa, y esa decisión corresponde a quien te lo recetó.
Merece un apartado propio porque genera muchas consultas innecesarias y algún susto evitable.
Cuando entrenas resistencia de forma regular, tu corazón se adapta. El ventrículo izquierdo aumenta de tamaño y de elasticidad, con lo que se llena mejor y expulsa más sangre en cada contracción. A esto se le llama aumento del volumen sistólico. Si en cada latido mueves más sangre, necesitas menos latidos para cubrir las mismas necesidades: la frecuencia baja sola.
A eso se suma un aumento del tono vagal, el freno natural del corazón, que también es fruto del entrenamiento. Ambos efectos empujan en la misma dirección, y por eso ver 40-50 pulsaciones en un ciclista o un corredor de fondo es lo esperable, no la excepción.
Cómo reconocer que se trata de esta bradicardia benigna:
En este escenario no hay nada que tratar, y desde luego no hay que dejar de entrenar. La única situación que obliga a estudiarlo es la aparición de síntomas, especialmente un desmayo durante el ejercicio, que en un deportista siempre debe valorarse.
Es tener menos de 60 latidos por minuto en reposo. Peligrosa lo es cuando se acompaña de síntomas: mareo, falta de aire, fatiga desproporcionada, confusión y, sobre todo, desmayos. Una bradicardia asintomática en una persona que hace deporte es una adaptación normal del corazón y no requiere nada. La señal de alarma no es la cifra, sino que aparezca de forma nueva, que dé síntomas o que la frecuencia no suba al hacer esfuerzo.
Pueden serlo perfectamente. En una persona entrenada, 45 pulsaciones reflejan un corazón eficiente: al bombear más sangre en cada latido, necesita menos latidos. También es normal bajar a esas cifras durante el sueño. Deja de ser normal si esa frecuencia es nueva, si no haces deporte, si te mareas o te falta el aire, o si al subir escaleras el corazón no acelera. La misma cifra significa cosas opuestas según el contexto.
Sí, y es la causa no cardíaca más frecuente. La hormona tiroidea regula directamente la frecuencia cardíaca, así que cuando falta, el corazón se frena. Suele acompañarse de cansancio, aumento de peso, piel seca, estreñimiento e intolerancia al frío. Es una causa muy agradecida porque tiene tratamiento sencillo: al corregir la tiroides, la frecuencia se normaliza sola. Por eso una analítica con TSH debería formar parte de cualquier estudio de bradicardia reciente.
Un desmayo o un episodio de pérdida de conocimiento es el más claro: siempre debe valorarse, y con prontitud. También el dolor en el pecho, la falta de aire intensa o de aparición brusca, y la confusión. Fuera de estos casos, una bradicardia sin síntomas puede estudiarse de forma programada con un electrocardiograma y un Holter. Lo que no conviene es normalizar un mareo recurrente, sobre todo a partir de cierta edad.
Sirve como aviso, no como diagnóstico. Estos dispositivos miden el pulso con luz a través de la piel y pueden equivocarse por movimiento, tatuajes, frío o mala sujeción. Son útiles para detectar una tendencia, y muchas bradicardias se descubren así. Pero un número bajo en el reloj no confirma nada por sí solo: hace falta un electrocardiograma que registre la actividad eléctrica real del corazón, y un Holter si los episodios son intermitentes.