
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Te han dicho que toca hacerse una citología y, con suerte, poco más. Ni qué busca exactamente, ni por qué a tu amiga de 40 le han hecho otra prueba distinta, ni por qué antes tocaba cada año y ahora te dicen que cada tres o cada cinco.
Esta guía responde a todo eso. Qué es una citología, qué detecta y qué no, cómo se hace, si duele, cómo prepararte para que el resultado sea fiable, cada cuánto hay que repetirla según tu edad y qué significan de verdad esas siglas que aparecen en el informe.
Una citología —también llamada citología vaginal, citología cervical o prueba de Papanicolaou— es una prueba que consiste en recoger una muestra de células del cuello del útero y examinarlas al microscopio para ver si alguna ha empezado a cambiar de forma.
La idea de fondo es sencilla y potente: el cáncer de cuello de útero no aparece de un día para otro. Antes de llegar a serlo, las células pasan por una fase de alteraciones que puede durar entre diez y quince años, y esas alteraciones son visibles al microscopio y tratables. La citología busca ese aviso previo, no el cáncer ya formado.
Ese es el motivo de que sea una de las pruebas de cribado con mejores resultados de la historia de la medicina: allí donde se ha aplicado de forma sistemática, la mortalidad por cáncer de cérvix ha caído en torno a un 70 %.
Hoy se usan dos técnicas. La citología convencional, en la que la muestra se extiende sobre un porta, y la citología en medio líquido, en la que las células se recogen en un bote con líquido conservante. La segunda se ha impuesto porque da menos muestras no valorables y, sobre todo, porque permite hacer el test de VPH con la misma toma, sin repetir la exploración.
Conviene tener claro el alcance real de la prueba, porque es una de las mayores fuentes de malentendidos en consulta.
La citología sí detecta:
La citología no detecta:
Este último punto es el más importante de todos, y explica el cambio de estrategia de los últimos años.
Prácticamente todos los cánceres de cuello de útero están causados por una infección persistente por virus del papiloma humano de alto riesgo. De ahí que la pregunta haya cambiado: ya no se trata solo de mirar si hay daño, sino de saber si está la causa que lo produce.
| Citología | Test de VPH | |
|---|---|---|
| Qué busca | Células ya alteradas | El virus que causa la alteración |
| Momento en que avisa | Cuando el daño ya existe | Antes de que el daño aparezca |
| Sensibilidad | Moderada (50-70 %) | Alta (más del 90 %) |
| Un resultado negativo tranquiliza | Unos 3 años | Unos 5 años |
La conclusión práctica es que no compiten, se complementan. El test de VPH avisa antes y falla menos; la citología precisa qué está ocurriendo en las células cuando el virus aparece. Cuando se hacen juntos sobre la misma muestra —lo que se conoce como co-test— la combinación es la que ofrece mayor seguridad.
Si estás en la franja de edad en la que la prueba de elección es la del virus, el test de VPH con riesgo oncológico se puede solicitar por separado e identifica los genotipos de alto riesgo, incluidos el 16 y el 18, que son los responsables de la mayor parte de los casos.
La toma dura menos de lo que se tarda en leer este apartado. En total, entre uno y tres minutos.
No requiere anestesia, no hay que estar en ayunas y puedes volver a tu actividad normal inmediatamente después. Es normal notar un ligero manchado durante uno o dos días: el cepillado del cuello puede provocar un sangrado mínimo que no tiene ninguna importancia.
En tuMédico.es puedes reservar directamente una visita de ginecología con citología vaginal, sin volante ni derivación previa: la toma y la valoración se hacen en la misma consulta.
Es la pregunta que más se repite y la respuesta honesta es que no debería doler, aunque sí es incómoda. La mayoría de las mujeres la describen como una presión o un pinchazo breve en el momento del cepillado, no como dolor.
Dicho esto, hay situaciones en las que molesta más de lo habitual: después de la menopausia, cuando la mucosa está más fina y seca; si hay sequedad vaginal por otras causas; en mujeres que no han mantenido relaciones con penetración; o si existe vaginismo o dolor pélvico previo.
Todas ellas tienen solución, y ninguna es aguantar. Decirlo antes de empezar permite usar un espéculo más pequeño, aplicar lubricante, tomarlo con más calma o, si hace falta, pautar una crema de estrógenos local unos días antes. Si el dolor con las relaciones es un problema habitual para ti, y no solo en la consulta, merece la pena consultarlo aparte, porque tiene nombre y tiene tratamiento.
Una preparación descuidada es la causa más frecuente de que una muestra salga como «no valorable» y haya que repetirla. Son cuatro reglas sencillas:
Si estás embarazada, la citología se puede hacer con normalidad y no supone ningún riesgo para la gestación. Y si te han hecho una histerectomía total por un motivo no oncológico, ya no hay cuello del útero que analizar y, salvo indicación concreta, deja de ser necesaria.
Aquí está el cambio que más confusión genera. Durante décadas la recomendación fue anual. Hoy ya no lo es, y no porque se haya bajado la guardia, sino porque sabemos mucho mejor cómo se comporta la enfermedad: la evolución hasta un cáncer tarda entre diez y quince años, y las pruebas actuales detectan el riesgo mucho antes.
Las pautas que recomiendan hoy las sociedades científicas se organizan por edad:
| Edad | Prueba recomendada | Cada cuánto |
|---|---|---|
| Menos de 25 años | No se recomienda cribado | — |
| 25 a 34 años | Citología | Cada 3 años |
| 35 a 65 años | Test de VPH de alto riesgo | Cada 5 años si es negativo |
| Más de 65 años | Se puede finalizar | Si los controles previos fueron correctos |
¿Por qué no antes de los 25? Porque en mujeres jóvenes la infección por VPH es muy frecuente y la inmensa mayoría se resuelve sola en uno o dos años. Cribar antes de esa edad no evita cánceres y sí genera pruebas, biopsias y angustia innecesarias.
Estas pautas valen para mujeres sin factores de riesgo. Si has tenido una citología alterada previa, un VPH positivo, un tratamiento en el cuello del útero, inmunosupresión o infección por VIH, los intervalos son más cortos y te los marcará tu ginecólogo.
Los informes usan el sistema Bethesda, que resulta bastante críptico si nadie te lo traduce. Esto es lo que significa cada término:
| Resultado | Qué significa | Qué se suele hacer |
|---|---|---|
| Negativo | Sin lesiones. Es el resultado normal | Seguir el intervalo que toque |
| ASC-US | Células atípicas de significado incierto | Test de VPH para decidir |
| LSIL | Lesión de bajo grado. Suele revertir sola | Control o colposcopia |
| ASC-H | Atipia que no permite descartar alto grado | Colposcopia |
| HSIL | Lesión de alto grado. Requiere tratamiento | Colposcopia y biopsia |
| AGC | Células glandulares atípicas | Estudio ampliado |
Merece la pena insistir en algo: una citología alterada no es un diagnóstico de cáncer. En la enorme mayoría de los casos habla de cambios celulares reversibles o tratables con procedimientos sencillos. La LSIL, por ejemplo, desaparece sola en torno al 60 % de las veces en mujeres jóvenes.
En tuMédico.es acompañamos cada semana a mujeres que llegan con un informe en la mano y una noche sin dormir a la espalda por unas siglas que nadie les explicó. Nuestra experiencia nos dice que la mayor parte de esa angustia se resuelve en los primeros cinco minutos de consulta, y que lo que realmente importa no es el resultado aislado, sino el siguiente paso que se decide a partir de él.
Cuando lo que necesitas no es solo la toma sino una valoración completa, lo razonable es una consulta de ginecología en la que se decida contigo qué prueba te corresponde según tu edad, tus antecedentes y tus resultados anteriores.
Es una prueba en la que se recogen células del cuello del útero y se examinan al microscopio para detectar alteraciones antes de que lleguen a convertirse en un cáncer. Su valor está en que el cáncer de cuello de útero tarda entre diez y quince años en desarrollarse y pasa por fases previas visibles y tratables. Sirve para detectar esas lesiones precancerosas, no para diagnosticar cáncer de ovario ni de endometrio, que necesitan otras pruebas.
Depende de la edad. Entre los 25 y los 34 años, una citología cada tres años. A partir de los 35 y hasta los 65, la prueba recomendada pasa a ser el test de VPH de alto riesgo cada cinco años si el resultado es negativo. Antes de los 25 no se recomienda cribado, porque la infección por VPH es muy común a esas edades y se resuelve sola casi siempre. Si has tenido resultados alterados previos, los intervalos son más cortos.
No debería doler, aunque resulta incómoda. Lo habitual es notar presión al colocar el espéculo y un pinchazo breve durante el cepillado, y todo el procedimiento dura entre uno y tres minutos. Molesta más en mujeres posmenopáusicas, con sequedad vaginal o con dolor pélvico previo. En esos casos se puede usar un espéculo más pequeño, lubricante o una crema local unos días antes: conviene decirlo antes de empezar en lugar de aguantar.
No hay que acudir con la regla, porque la sangre impide leer bien la muestra. Tampoco conviene mantener relaciones sexuales con penetración en las 48 horas previas, ni usar óvulos, cremas, geles espermicidas o lubricantes vaginales los dos o tres días anteriores, ni hacerse duchas vaginales, que arrastran justo las células que se van a analizar. El mejor momento es a mitad de ciclo, entre 10 y 20 días después del inicio de la última regla.
No. La gran mayoría de los resultados alterados corresponden a cambios celulares leves o de significado incierto, como ASC-US o LSIL, que en muchos casos revierten solos: en mujeres jóvenes, la LSIL desaparece sin tratamiento en torno al 60 % de las veces. Lo que hace un resultado alterado es marcar el siguiente paso, que suele ser un test de VPH o una colposcopia para mirar el cuello del útero con más detalle y decidir si hace falta tratar algo.