
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Duele. Y como duele, se evita. Y como se evita, aparece la tensión, la culpa, las excusas y una distancia con la pareja que nadie sabe cómo nombrar. Mientras tanto, la consulta médica se va posponiendo porque cuesta encontrar las palabras, o porque alguien ya dijo alguna vez que «es normal» o «es de cabeza».
El dolor en las relaciones sexuales se llama dispareunia, afecta a un porcentaje muy alto de mujeres en algún momento de su vida y también a hombres. Y lo más importante: tiene causas concretas y tratamiento. Esta guía explica por qué aparece, cómo se estudia y qué opciones existen.
La dispareunia es el dolor genital persistente o recurrente asociado a las relaciones sexuales. Puede aparecer antes, durante o después, y se clasifica de dos formas que orientan mucho el diagnóstico:
También importa distinguir si es primaria —ha dolido siempre, desde las primeras relaciones— o secundaria, es decir, ha aparecido después de un periodo sin dolor. La secundaria casi siempre tiene una causa identificable y reciente.
Y una precisión que hace falta repetir: que duela no es normal. Es frecuente, que es distinto. La normalización de este síntoma es la razón principal de que muchas mujeres convivan con él durante años.
Cuando duele en la entrada, las causas más habituales son:
Cuando el dolor aparece con la penetración profunda, la lista cambia y con frecuencia apunta a algo estructural:
El patrón del dolor orienta mucho. Un dolor profundo que sigue el calendario del ciclo, que empeora con la regla y se acompaña de dismenorrea intensa y síntomas digestivos cíclicos apunta a endometriosis con bastante fuerza.
Se menciona poco y existe. Las causas más frecuentes son la fimosis o un frenillo corto, que tira y duele con la erección; las infecciones de uretra o próstata; la prostatitis crónica, que produce dolor perineal y con la eyaculación; las dermatitis del glande; y la enfermedad de Peyronie, con curvatura dolorosa del pene.
Hay un mecanismo que conviene entender porque explica por qué el dolor persiste incluso cuando la causa original ya se ha resuelto.
Cuando algo duele repetidamente, el cuerpo se anticipa. La musculatura del suelo pélvico se contrae de forma defensiva antes incluso del contacto. Esa contracción produce por sí misma dolor, que confirma la anticipación y refuerza el reflejo.
El resultado es un círculo que se sostiene solo: dolor → miedo → contracción → más dolor. Por eso una candidiasis tratada hace ocho meses puede seguir doliendo hoy. Y por eso el tratamiento no puede limitarse a la causa inicial: hay que romper también el círculo.
Esto es lo que está detrás de la frase «me han dicho que no tengo nada». Muchas veces es literalmente cierto —no hay lesión visible— y sin embargo el dolor es completamente real, porque su origen está en el músculo y en la sensibilización, no en una lesión.
Además de dónde duele, importa mucho cuándo aparece el dolor respecto al acto sexual. Es una pregunta que se hace poco y que estrecha bastante el diagnóstico.
| Momento | Qué sugiere |
|---|---|
| Antes, solo de pensarlo | Componente de anticipación y contracción defensiva |
| Al inicio de la penetración | Sequedad, vestibulodinia, vaginismo, dermatosis |
| Con la penetración profunda | Endometriosis, miomas, quistes, adherencias |
| Solo en ciertas posturas | Causa estructural localizada |
| Escozor después, durante horas | Irritación de la mucosa, atrofia, infección |
| Peor en los días previos a la regla | Endometriosis |
Ese último patrón merece especial atención: un dolor profundo que sigue el calendario del ciclo y se acompaña de reglas muy dolorosas y de síntomas digestivos cíclicos apunta a endometriosis con bastante fuerza, y es una de las razones por las que esa enfermedad tarda de media entre siete y diez años en diagnosticarse.
Hay medidas que puedes empezar hoy y que no interfieren con el diagnóstico posterior:
Ninguna de estas medidas sustituye al diagnóstico: si el dolor persiste, hay que buscar la causa. Pero mejoran la situación mientras tanto y no enmascaran nada.
El estudio es menos invasivo de lo que la mayoría teme, y empieza por hablar:
Como el dolor profundo casi siempre exige ver los órganos pélvicos, lo más eficiente es plantearlo en una visita de ginecología con ecografía, que resuelve la exploración y la imagen en la misma consulta en lugar de encadenar dos citas y dos esperas.
Lo primero: la dispareunia se trata, y las tasas de mejoría son altas cuando se aborda de forma completa.
Y una recomendación práctica que ayuda desde el primer día: parar cuando duele. Seguir «aguantando» refuerza exactamente el círculo que hay que romper y retrasa la recuperación.
En tuMédico.es escuchamos con frecuencia a mujeres que llegan pidiendo disculpas por consultar esto, convencidas de que es un problema menor o de que se lo van a atribuir a los nervios. Nuestra experiencia es la contraria: en la mayoría de los casos aparece una causa identificable en la primera consulta, y en muchos hay algo que se puede empezar a hacer ese mismo día. Lo que no tiene tratamiento es lo que no se cuenta.
Es una confusión muy extendida y explica por qué mucha gente prueba «un lubricante» y concluye que no le sirve.
En la sequedad por menopausia, usar solo lubricante es insuficiente: la mucosa está adelgazada y necesita el hidratante, y muchas veces también estrógenos locales. Al revés, en una sequedad puntual por lubricación insuficiente, basta con el lubricante.
Sobre qué elegir:
Un apunte que sorprende: el aceite de coco, muy recomendado en internet, es compatible con la piel pero daña el látex del preservativo y puede alterar el equilibrio vaginal en algunas mujeres. No es la opción neutra que parece.
Es el dolor genital persistente o recurrente asociado a las relaciones sexuales, que puede aparecer antes, durante o después. Se clasifica en superficial, cuando duele en la entrada al inicio de la penetración, y profunda, cuando aparece con la penetración profunda o con determinadas posturas. También se distingue entre primaria, si ha dolido desde las primeras relaciones, y secundaria, si ha aparecido tras un periodo sin dolor. Afecta sobre todo a mujeres, pero también a hombres.
Depende de dónde duela. Si el dolor es superficial, las causas más frecuentes son la sequedad vaginal, el síndrome genitourinario de la menopausia, las infecciones, las dermatosis vulvares como el liquen escleroso, la vestibulodinia, el vaginismo o cicatrices del parto. Si es profundo, hay que valorar endometriosis, miomas, quistes ováricos, adherencias, prolapso o hipertonía del suelo pélvico. En muchos casos coexisten una causa inicial y un componente muscular.
No. Es frecuente, que es una cosa distinta. La dispareunia afecta a un porcentaje muy alto de mujeres en algún momento de su vida, pero eso no la convierte en algo esperable ni en algo que haya que soportar. Normalizar el síntoma es precisamente la razón principal de que muchas personas convivan con él durante años sin consultarlo. Tiene causas identificables y tratamiento eficaz en la mayoría de los casos.
Porque el dolor puede sostenerse por un mecanismo muscular aunque la causa original ya se haya resuelto. Cuando algo duele repetidamente, la musculatura del suelo pélvico se contrae de forma defensiva antes del contacto; esa contracción duele por sí misma, lo que refuerza el miedo y la contracción. Se genera un círculo que se mantiene solo. Por eso una infección tratada hace meses puede seguir doliendo, y por eso el tratamiento debe incluir fisioterapia de suelo pélvico.
Según la causa, y casi siempre combinando enfoques. Si hay sequedad, lubricantes e hidratantes vaginales y, en la menopausia, estrógenos locales o ácido hialurónico. Si hay infección o dermatosis, tratamiento específico. Si hay endometriosis, miomas o quistes, tratamiento de la enfermedad de base. Y si existe hipertonía del suelo pélvico o vaginismo, fisioterapia especializada, que es una de las intervenciones más eficaces y más infrautilizadas. Las tasas de mejoría son altas.