
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Escuece al orinar, tienes ganas cada diez minutos y cuando vas apenas sale nada. Es uno de los motivos de consulta más frecuentes en España y una de esas cosas que casi todas las mujeres reconocen a la primera porque ya la han pasado antes.
La infección de orina es muy común, casi siempre leve y se resuelve bien. Pero conviene saber qué la distingue de otras molestias urinarias, cuándo deja de ser banal y por qué el análisis importa más de lo que parece. Esta guía repasa los síntomas de la infección de orina, sus causas, las señales de alarma y qué prueba pedir.
Una infección de orina —o infección del tracto urinario, ITU— es la colonización por bacterias de una vía urinaria que normalmente es estéril. Según hasta dónde suban, recibe nombres distintos:
El germen responsable en el 75-85 % de los casos es Escherichia coli, una bacteria que vive de forma normal en el intestino y que causa problemas solo cuando llega donde no debe.
Los síntomas de una infección de orina baja son bastante característicos:
Lo que no es propio de una cistitis simple: fiebre alta, escalofríos, náuseas, vómitos o dolor en la zona lumbar. Esos síntomas apuntan a que la infección ha subido al riñón.
En personas mayores la infección de orina puede presentarse sin escozor: a veces el único signo es confusión, desorientación repentina o caídas. Es una causa clásica de deterioro brusco que conviene tener en el radar.
En niños pequeños tampoco hay quejas claras: fiebre sin foco, irritabilidad, vómitos o falta de apetito.
En hombres, cualquier infección urinaria merece un estudio más amplio, porque es mucho menos frecuente y suele haber un factor que la favorece.
La causa mecánica casi siempre es la misma: bacterias intestinales que alcanzan la uretra y ascienden. Lo que cambia es qué facilita ese trayecto.
La anatomía. La uretra femenina mide unos 4 cm frente a los 18-20 cm de la masculina, y desemboca muy cerca del ano. Esa es la razón de fondo de que las mujeres tengan infecciones de orina muchísimo más a menudo.
Las relaciones sexuales. Arrastran bacterias hacia la uretra. La llamada «cistitis de la luna de miel» tiene una base real.
Aguantar las ganas. La orina retenida da tiempo a las bacterias a multiplicarse. Vaciar la vejiga con regularidad es de las medidas más eficaces y más baratas.
La menopausia. La caída de estrógenos adelgaza la mucosa y altera la flora vaginal protectora. Es el motivo de que muchas mujeres empiecen con cistitis de repetición justo en esa etapa.
El embarazo. Los cambios hormonales y la compresión del útero enlentecen el vaciado.
La diabetes mal controlada, las sondas urinarias, los cálculos renales y cualquier obstrucción al flujo, incluida la próstata aumentada en varones.
Sobre el frío: sentarse en un banco helado no causa por sí solo una infección. Lo que sí hace el frío es aumentar la frecuencia urinaria y reducir la ingesta de líquidos, y ahí sí hay una relación indirecta.
Aquí está el punto que más se salta. Los síntomas orientan, pero no bastan para asegurar que hay infección: una vaginitis, una uretritis por una infección de transmisión sexual, una vejiga hiperactiva o unos cálculos pueden dar un cuadro casi idéntico.
Lo que lo confirma es un análisis de orina completo, que combina dos lecturas:
Cuando hay dudas, recaídas o el cuadro no responde, se añade el urocultivo: se siembra la orina, se identifica exactamente qué bacteria crece y se prueba a qué antibióticos es sensible. Ese último paso, el antibiograma, es el que evita tratar a ciegas.
La presencia de leucocitos en orina es uno de los hallazgos más habituales del sedimento y, junto a los nitritos, el que más peso tiene para confirmar el diagnóstico.
Una muestra mal recogida da falsos positivos y obliga a repetir:
Una cistitis leve en una mujer joven sin otros problemas puede vigilarse un par de días. Hay situaciones en las que no conviene esperar:
El dolor al orinar tiene además otras causas además de la infección, y distinguirlas cambia por completo el tratamiento.
Ninguna de estas medidas sustituye al tratamiento, pero todas ayudan y ninguna hace daño:
Sobre el arándano rojo: la evidencia es contradictoria. Puede reducir algo la frecuencia de recaídas en mujeres con cistitis de repetición, pero no trata una infección activa.
Se meten todas en el mismo saco de «infección de orina», pero el manejo cambia bastante según hasta dónde haya llegado la bacteria.
| Cuadro | Dónde está | Síntoma que la delata | Gravedad |
|---|---|---|---|
| Uretritis | Uretra | Escozor al orinar, a veces secreción | Leve |
| Cistitis | Vejiga | Urgencia, frecuencia y dolor suprapúbico | Leve |
| Pielonefritis | Riñón | Fiebre, escalofríos y dolor lumbar | Seria |
| Bacteriuria asintomática | Vejiga | Ninguno | No se trata salvo excepciones |
La línea divisoria práctica es la fiebre. Una infección urinaria sin fiebre y sin dolor lumbar se queda casi siempre en la vejiga y se maneja de forma ambulatoria. Con fiebre alta y dolor en la fosa renal, cambia el escenario y la urgencia.
La última fila merece un comentario aparte. La bacteriuria asintomática —bacterias en la orina sin ninguna molestia— es frecuente en personas mayores y en portadores de sonda, y tratarla con antibiótico no aporta beneficio y sí genera resistencias. Solo se trata en el embarazo y antes de determinadas cirugías urológicas. Es una de las causas más habituales de antibiótico innecesario.
El tratamiento de una infección urinaria bacteriana es antibiótico, y aquí hay tres ideas que conviene entender.
La duración es corta. Una cistitis no complicada en una mujer sin factores de riesgo se resuelve con pautas de entre uno y cinco días, según el antibiótico elegido. Ya no se usan las tandas largas de antaño para este cuadro.
La elección no es libre. Depende de los patrones de resistencia de la zona, de si estás embarazada, de tu función renal, de las alergias que tengas y de qué antibióticos hayas tomado recientemente. Es exactamente lo que no puede decidir una búsqueda en internet.
Hay que terminar la pauta. Los síntomas mejoran en 24-48 horas, mucho antes de que la infección esté resuelta. Interrumpir el tratamiento al encontrarse bien es una de las vías más directas a la recaída y a las resistencias.
Junto al antibiótico se suele pautar un analgésico o antiinflamatorio para el escozor, que es lo que más molesta y lo primero que se quita.
Guardar la caja de la última cistitis y tomarla ante el primer escozor es una práctica extendida y una mala idea por cuatro motivos concretos:
Se define como tres o más episodios en un año, o dos en seis meses. Deja de ser un incidente aislado y pasa a ser un problema que merece estudio propio.
Lo que se busca en ese estudio:
Las estrategias preventivas que han demostrado utilidad incluyen la hidratación abundante, la micción posterior a las relaciones, los estrógenos vaginales en la menopausia y, en casos seleccionados, la profilaxis antibiótica pautada por un especialista. En este escenario la valoración por urología aporta bastante, porque el objetivo deja de ser tratar el episodio y pasa a ser cortar el ciclo.
La mayoría de las cistitis no complicadas evolucionan bien, y una parte se resuelve incluso sin antibiótico. El riesgo está en las que no.
Si la bacteria asciende por el uréter hasta el riñón aparece una pielonefritis: fiebre alta, escalofríos, dolor lumbar, náuseas y afectación del estado general. Requiere tratamiento inmediato y a veces ingreso hospitalario. Puede dejar cicatrices renales.
El paso siguiente, poco frecuente pero grave, es la urosepsis, cuando la infección alcanza la sangre. Es una urgencia médica.
En el embarazo el listón baja mucho: incluso una bacteriuria sin síntomas se trata, porque se asocia a parto prematuro y bajo peso al nacer. Por eso el análisis de orina forma parte del control gestacional en cada trimestre.
Con tratamiento adecuado, los síntomas mejoran claramente en 24-48 horas y desaparecen en tres o cuatro días. Sin tratamiento puede alargarse o complicarse.
Un porcentaje de cistitis leves se resuelven solas con hidratación abundante, pero no es predecible cuáles. En el embarazo, en hombres y ante fiebre, nunca conviene esperar.
No es una infección de transmisión sexual y no se contagia de persona a persona. Las relaciones sí pueden desencadenarla al arrastrar bacterias propias hacia la uretra.
Las causas más frecuentes son la menopausia, las relaciones sexuales, el vaciado incompleto de la vejiga y, con menos frecuencia, cálculos o alteraciones anatómicas. Tres o más episodios al año justifican un estudio.
Sí. Los antibióticos urinarios requieren prescripción médica, y automedicarse con restos de tratamientos anteriores es una de las causas principales de resistencias bacterianas.
En tuMédico.es no. Puedes reservar el análisis de orina completo directamente y recibir el informe en tu área privada en 2 a 4 días laborables.
Es relativamente frecuente en la cistitis y suele ceder con el tratamiento. Si la sangre es abundante, hay coágulos o persiste después, requiere estudio.