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Revista médica Tumedico.es (ISSN: 2696-8894)

Miomas uterinos: qué son, síntomas y cómo se detectan

Miomas uterinos: qué son, síntomas y cómo se detectan
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Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta  |  ISNI: 0000000517782974

En una revisión rutinaria te dicen que tienes un mioma. La palabra suena a tumor, y en la cabeza se dispara todo lo demás. Conviene empezar por ahí: los miomas son tumores benignos, casi nunca se malignizan y en la mayoría de los casos ni siquiera necesitan tratamiento.

Son, de largo, el tumor más frecuente del aparato genital femenino: los desarrollan hasta siete de cada diez mujeres a lo largo de su vida, aunque solo una parte da síntomas. Esta guía explica qué son, por qué aparecen, cuándo molestan, cómo se detectan y qué opciones existen.

Qué son los miomas uterinos

Un mioma —también llamado fibroma o leiomioma— es un crecimiento de tejido muscular del útero. La pared uterina es músculo, y un mioma es una zona de ese músculo que crece de forma organizada formando un nódulo compacto y bien delimitado.

Tres datos que tranquilizan y que conviene tener claros desde el principio:

  • Son benignos. La transformación maligna es excepcional: por debajo del 0,1 % de los casos.
  • Dependen de las hormonas. Crecen con los estrógenos, por eso aparecen en edad fértil, pueden aumentar en el embarazo y tienden a reducirse tras la menopausia.
  • La mayoría no da síntomas. Se calcula que solo entre un 25 % y un 30 % de las mujeres con miomas los notan.

Pueden ser únicos o múltiples, y su tamaño va desde pocos milímetros hasta el de un melón en casos extremos.

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Dónde están: la clasificación que decide los síntomas

Este es el punto clave y el que más malentendidos deshace. Lo que determina si un mioma molesta no es su tamaño, sino su localización. Un mioma de dos centímetros mal situado puede dar más guerra que uno de ocho bien situado.

Tipo Dónde crece Síntoma característico
Submucoso Hacia el interior de la cavidad uterina Sangrado abundante; afecta a la fertilidad
Intramural Dentro del espesor de la pared Reglas abundantes y dolor
Subseroso Hacia fuera, en la superficie externa Presión sobre vejiga o recto
Pediculado Colgando de un tallo Dolor agudo si se torsiona

Los submucosos son los que más síntomas producen aunque sean pequeños, porque deforman la cavidad donde crece el endometrio y donde tendría que implantarse un embrión. Los subserosos, en cambio, pueden alcanzar tamaños considerables sin alterar la regla, y dan síntomas solo cuando comprimen algo.

Síntomas de los miomas

Cuando dan la cara, los más frecuentes son:

  • Reglas muy abundantes y prolongadas. Es el síntoma principal: cambiar de compresa o tampón cada hora o dos, expulsar coágulos grandes, sangrar más de siete días.
  • Anemia por falta de hierro, consecuencia de lo anterior. Con frecuencia el mioma se descubre estudiando un cansancio que resultó ser anemia.
  • Sensación de presión o peso en la parte baja del abdomen.
  • Aumento del perímetro abdominal sin engordar; a veces se palpa un bulto.
  • Necesidad frecuente de orinar, por compresión de la vejiga.
  • Estreñimiento o molestias al defecar, si comprime el recto.
  • Dolor con las relaciones sexuales, según la localización.
  • Dificultad para conseguir o mantener un embarazo, sobre todo con los submucosos.

Hay un dato que conviene no restar importancia: una regla abundante mantenida no es solo una incomodidad. Es la causa más frecuente de anemia ferropénica en mujeres en edad fértil, y esa anemia explica cansancio, caída de pelo, falta de concentración y sensación de agotamiento que muchas veces se atribuyen al estrés.

Por qué aparecen

El origen exacto no se conoce del todo, pero sí los factores que aumentan la probabilidad:

  • Edad: la mayor incidencia se da entre los 30 y los 50 años.
  • Antecedentes familiares: tener madre o hermana con miomas multiplica el riesgo.
  • Origen étnico: son más frecuentes, más precoces y más grandes en mujeres de origen africano.
  • Primera regla temprana.
  • Obesidad, por el aumento de estrógenos circulantes.
  • No haber tenido hijos. Los embarazos parecen tener un efecto protector.
  • Déficit de vitamina D, con evidencia creciente en los últimos años.

Miomas y embarazo

Es una de las mayores fuentes de preocupación al recibir el diagnóstico, y conviene ordenarla porque la respuesta general es tranquilizadora.

Para conseguir el embarazo. La mayoría de los miomas no impiden concebir. Los que sí interfieren de forma demostrada son los submucosos, porque deforman la cavidad donde tiene que implantarse el embrión, y los intramurales de gran tamaño que distorsionan la cavidad. Extirpar un submucoso por histeroscopia mejora las tasas de embarazo de manera clara. Los subserosos, en cambio, no suelen afectar a la fertilidad y no está justificado operarlos por ese motivo.

Durante el embarazo. La mayoría de las gestaciones con miomas transcurren sin incidencias. Lo que puede ocurrir:

  • Que crezcan en los primeros meses por el estímulo hormonal, y que después se estabilicen.
  • Degeneración roja: un cuadro de dolor abdominal intenso y localizado, típico del segundo trimestre, que ocurre cuando el mioma crece más deprisa que su riego sanguíneo. Asusta mucho y se maneja con reposo y analgesia; no suele requerir cirugía.
  • Aumento leve del riesgo de presentación anómala del bebé o de parto por cesárea, según el tamaño y la localización.

Una precisión importante: los miomas no se operan durante el embarazo salvo situaciones excepcionales, por el riesgo de sangrado. Y si se ha hecho una miomectomía previa que abrió la pared uterina, eso condiciona la vía del parto y hay que tenerlo registrado.

Miomas y menopausia

La menopausia juega a favor. Al desaparecer el estímulo estrogénico, los miomas tienden a reducirse de tamaño y los síntomas suelen mejorar de forma espontánea. Por eso, en una mujer próxima a la menopausia con síntomas controlables, esperar es muchas veces la mejor estrategia: el tiempo resuelve el problema sin cirugía.

Hay, sin embargo, un escenario que no se debe pasar por alto. Un mioma que crece después de la menopausia es un hallazgo que hay que estudiar. Sin estrógenos no hay motivo para que crezca, y aunque la causa más frecuente sigue siendo benigna, es la situación en la que conviene descartar un sarcoma uterino, que es muy poco común pero requiere un manejo distinto. Lo mismo aplica a cualquier sangrado que aparezca tras la menopausia.

Cómo se detectan

El diagnóstico es sencillo y no invasivo en la inmensa mayoría de los casos.

  1. Exploración ginecológica. Un útero aumentado de tamaño o de contorno irregular ya orienta.
  2. Ecografía ginecológica transvaginal. Es la prueba de elección: identifica el número, el tamaño y —lo más importante— la localización exacta de cada mioma. En una sola exploración se obtiene prácticamente toda la información necesaria para decidir.
  3. Histerosonografía, que introduce suero en la cavidad para delimitar mejor los submucosos.
  4. Resonancia magnética de pelvis, reservada para úteros con muchos miomas, para planificar una cirugía o cuando hay dudas diagnósticas.
  5. Analítica con hemograma y ferritina, para valorar la repercusión del sangrado.

Como los miomas dan síntomas que se solapan con otras causas de sangrado, lo habitual es que la valoración se haga en una visita de ginecología con ecografía, donde se explora y se ve el útero en el mismo acto en lugar de encadenar dos citas.

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Tratamiento: cuándo hay que hacer algo

La primera decisión, y la que más veces se toma, es no hacer nada.

Observación

Si el mioma no da síntomas, no interfiere con un embarazo y no crece de forma llamativa, la conducta correcta es controlarlo periódicamente con ecografía. No se opera un hallazgo, se tratan los síntomas. Y hay un factor a favor del tiempo: tras la menopausia, sin estímulo estrogénico, los miomas tienden a reducirse solos.

Tratamiento médico

Dirigido a controlar el sangrado y el dolor, no a eliminar el mioma:

  • Antiinflamatorios durante la regla, que reducen el sangrado y el dolor.
  • Ácido tranexámico los días de mayor sangrado.
  • Anticonceptivos hormonales o gestágenos para regular el ciclo.
  • Dispositivo intrauterino con levonorgestrel, muy eficaz para reducir el sangrado si la cavidad no está muy deformada.
  • Hierro oral, imprescindible si hay anemia.
  • Tratamientos hormonales de acción más profunda, en pautas limitadas y normalmente como paso previo a una cirugía.

Tratamiento quirúrgico y otras técnicas

Se plantea cuando los síntomas no se controlan, hay anemia importante, el tamaño causa compresión o hay deseo de embarazo con miomas que interfieren.

  • Miomectomía: se extirpa el mioma conservando el útero. Es la opción cuando hay deseo gestacional. Puede hacerse por histeroscopia en los submucosos, sin incisiones.
  • Embolización de las arterias uterinas: se bloquea el riego del mioma para que se reduzca. Conserva el útero y evita la cirugía abierta.
  • Histerectomía: extirpación del útero. Es la única solución definitiva, reservada para casos con síntomas graves sin deseo gestacional.

En tuMédico.es acompañamos con frecuencia a mujeres que llegan asustadas por la palabra «tumor» y que salen de la consulta con la información que necesitaban: que es benigno, que lo importante no es el tamaño sino dónde está, y que en su caso concreto lo indicado puede ser simplemente volver a mirarlo dentro de un año. Nuestra experiencia es que la mayor parte del sufrimiento asociado a este diagnóstico es evitable con una explicación de diez minutos.

La anemia: la consecuencia que más se subestima

Es el efecto de los miomas que más impacta en el día a día y el que con más frecuencia se normaliza, tanto por parte de quien lo sufre como en la propia consulta.

Un sangrado menstrual abundante mantenido durante meses agota las reservas de hierro. Y el proceso tiene dos fases que conviene distinguir:

  1. Ferropenia sin anemia. La ferritina baja pero la hemoglobina aún es normal. Ya produce síntomas: cansancio, caída de pelo, uñas frágiles, dificultad de concentración, irritabilidad y a veces piernas inquietas por la noche. Como el hemograma sale «normal», es la fase que más se pasa por alto.
  2. Anemia ferropénica. La hemoglobina cae y se añaden palidez, falta de aire al subir escaleras, palpitaciones y mareo.

De ahí sale una recomendación concreta: si tienes reglas abundantes, no basta con mirar la hemoglobina. Hay que pedir la ferritina, que es la que refleja las reservas reales. Una ferritina baja con hemoglobina normal ya justifica tratamiento con hierro y estudiar el origen del sangrado.

Y una precisión sobre el tratamiento con hierro oral: se absorbe mejor en ayunas y con vitamina C, y peor con lácteos, café o té. Además, hoy se sabe que tomarlo en días alternos puede absorberse mejor que a diario, porque la toma diaria eleva una hormona que bloquea la absorción de la dosis siguiente. Es un detalle que cambia la eficacia del tratamiento y que se explica muy poco.

Preguntas frecuentes sobre los miomas uterinos

¿Qué son los miomas uterinos y son peligrosos?

Son crecimientos benignos del tejido muscular del útero, también llamados fibromas o leiomiomas. Es el tumor más frecuente del aparato genital femenino: hasta siete de cada diez mujeres los desarrollan a lo largo de su vida. No son peligrosos: la transformación maligna es excepcional, por debajo del 0,1 % de los casos. Dependen de los estrógenos, así que aparecen en edad fértil y tienden a reducirse de forma espontánea tras la menopausia.

¿Qué síntomas dan los miomas?

Solo entre un 25 % y un 30 % de las mujeres con miomas nota algo. Cuando dan síntomas, el principal son las reglas muy abundantes y prolongadas, con coágulos y sangrado de más de siete días, que a menudo acaban provocando anemia por falta de hierro. También pueden dar sensación de presión en la parte baja del abdomen, aumento del perímetro abdominal, necesidad frecuente de orinar, estreñimiento, dolor con las relaciones y dificultad para conseguir un embarazo.

¿Cómo se detectan los miomas uterinos?

La prueba de elección es la ecografía ginecológica transvaginal, que identifica en una sola exploración el número de miomas, su tamaño y sobre todo su localización, que es el dato que determina el tratamiento. La exploración ginecológica previa ya puede orientar si el útero está aumentado o tiene contorno irregular. La resonancia magnética de pelvis se reserva para úteros con muchos miomas, para planificar cirugía o ante dudas diagnósticas.

¿Hay que operar siempre un mioma?

No, y de hecho la conducta más frecuente es la observación. Si el mioma no da síntomas, no interfiere con un embarazo y no crece de forma llamativa, lo correcto es controlarlo periódicamente con ecografía: no se opera un hallazgo, se tratan los síntomas. La cirugía se plantea cuando el sangrado no se controla, hay anemia importante, el tamaño provoca compresión de vejiga o recto, o existe deseo de embarazo con miomas que lo dificultan.

¿El tamaño del mioma determina la gravedad?

No: lo determinante es la localización. Un mioma submucoso de dos centímetros, que crece hacia el interior de la cavidad uterina, puede provocar sangrados intensos y dificultar un embarazo, mientras que un subseroso de ocho centímetros, que crece hacia fuera, puede no alterar la regla en absoluto y dar síntomas solo si comprime la vejiga o el recto. Por eso la ecografía se centra en dónde está cada mioma, no solo en cuánto mide.

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