
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
En una revisión rutinaria te dicen que tienes un mioma. La palabra suena a tumor, y en la cabeza se dispara todo lo demás. Conviene empezar por ahí: los miomas son tumores benignos, casi nunca se malignizan y en la mayoría de los casos ni siquiera necesitan tratamiento.
Son, de largo, el tumor más frecuente del aparato genital femenino: los desarrollan hasta siete de cada diez mujeres a lo largo de su vida, aunque solo una parte da síntomas. Esta guía explica qué son, por qué aparecen, cuándo molestan, cómo se detectan y qué opciones existen.
Un mioma —también llamado fibroma o leiomioma— es un crecimiento de tejido muscular del útero. La pared uterina es músculo, y un mioma es una zona de ese músculo que crece de forma organizada formando un nódulo compacto y bien delimitado.
Tres datos que tranquilizan y que conviene tener claros desde el principio:
Pueden ser únicos o múltiples, y su tamaño va desde pocos milímetros hasta el de un melón en casos extremos.
Este es el punto clave y el que más malentendidos deshace. Lo que determina si un mioma molesta no es su tamaño, sino su localización. Un mioma de dos centímetros mal situado puede dar más guerra que uno de ocho bien situado.
| Tipo | Dónde crece | Síntoma característico |
|---|---|---|
| Submucoso | Hacia el interior de la cavidad uterina | Sangrado abundante; afecta a la fertilidad |
| Intramural | Dentro del espesor de la pared | Reglas abundantes y dolor |
| Subseroso | Hacia fuera, en la superficie externa | Presión sobre vejiga o recto |
| Pediculado | Colgando de un tallo | Dolor agudo si se torsiona |
Los submucosos son los que más síntomas producen aunque sean pequeños, porque deforman la cavidad donde crece el endometrio y donde tendría que implantarse un embrión. Los subserosos, en cambio, pueden alcanzar tamaños considerables sin alterar la regla, y dan síntomas solo cuando comprimen algo.
Cuando dan la cara, los más frecuentes son:
Hay un dato que conviene no restar importancia: una regla abundante mantenida no es solo una incomodidad. Es la causa más frecuente de anemia ferropénica en mujeres en edad fértil, y esa anemia explica cansancio, caída de pelo, falta de concentración y sensación de agotamiento que muchas veces se atribuyen al estrés.
El origen exacto no se conoce del todo, pero sí los factores que aumentan la probabilidad:
Es una de las mayores fuentes de preocupación al recibir el diagnóstico, y conviene ordenarla porque la respuesta general es tranquilizadora.
Para conseguir el embarazo. La mayoría de los miomas no impiden concebir. Los que sí interfieren de forma demostrada son los submucosos, porque deforman la cavidad donde tiene que implantarse el embrión, y los intramurales de gran tamaño que distorsionan la cavidad. Extirpar un submucoso por histeroscopia mejora las tasas de embarazo de manera clara. Los subserosos, en cambio, no suelen afectar a la fertilidad y no está justificado operarlos por ese motivo.
Durante el embarazo. La mayoría de las gestaciones con miomas transcurren sin incidencias. Lo que puede ocurrir:
Una precisión importante: los miomas no se operan durante el embarazo salvo situaciones excepcionales, por el riesgo de sangrado. Y si se ha hecho una miomectomía previa que abrió la pared uterina, eso condiciona la vía del parto y hay que tenerlo registrado.
La menopausia juega a favor. Al desaparecer el estímulo estrogénico, los miomas tienden a reducirse de tamaño y los síntomas suelen mejorar de forma espontánea. Por eso, en una mujer próxima a la menopausia con síntomas controlables, esperar es muchas veces la mejor estrategia: el tiempo resuelve el problema sin cirugía.
Hay, sin embargo, un escenario que no se debe pasar por alto. Un mioma que crece después de la menopausia es un hallazgo que hay que estudiar. Sin estrógenos no hay motivo para que crezca, y aunque la causa más frecuente sigue siendo benigna, es la situación en la que conviene descartar un sarcoma uterino, que es muy poco común pero requiere un manejo distinto. Lo mismo aplica a cualquier sangrado que aparezca tras la menopausia.
El diagnóstico es sencillo y no invasivo en la inmensa mayoría de los casos.
Como los miomas dan síntomas que se solapan con otras causas de sangrado, lo habitual es que la valoración se haga en una visita de ginecología con ecografía, donde se explora y se ve el útero en el mismo acto en lugar de encadenar dos citas.
La primera decisión, y la que más veces se toma, es no hacer nada.
Si el mioma no da síntomas, no interfiere con un embarazo y no crece de forma llamativa, la conducta correcta es controlarlo periódicamente con ecografía. No se opera un hallazgo, se tratan los síntomas. Y hay un factor a favor del tiempo: tras la menopausia, sin estímulo estrogénico, los miomas tienden a reducirse solos.
Dirigido a controlar el sangrado y el dolor, no a eliminar el mioma:
Se plantea cuando los síntomas no se controlan, hay anemia importante, el tamaño causa compresión o hay deseo de embarazo con miomas que interfieren.
En tuMédico.es acompañamos con frecuencia a mujeres que llegan asustadas por la palabra «tumor» y que salen de la consulta con la información que necesitaban: que es benigno, que lo importante no es el tamaño sino dónde está, y que en su caso concreto lo indicado puede ser simplemente volver a mirarlo dentro de un año. Nuestra experiencia es que la mayor parte del sufrimiento asociado a este diagnóstico es evitable con una explicación de diez minutos.
Es el efecto de los miomas que más impacta en el día a día y el que con más frecuencia se normaliza, tanto por parte de quien lo sufre como en la propia consulta.
Un sangrado menstrual abundante mantenido durante meses agota las reservas de hierro. Y el proceso tiene dos fases que conviene distinguir:
De ahí sale una recomendación concreta: si tienes reglas abundantes, no basta con mirar la hemoglobina. Hay que pedir la ferritina, que es la que refleja las reservas reales. Una ferritina baja con hemoglobina normal ya justifica tratamiento con hierro y estudiar el origen del sangrado.
Y una precisión sobre el tratamiento con hierro oral: se absorbe mejor en ayunas y con vitamina C, y peor con lácteos, café o té. Además, hoy se sabe que tomarlo en días alternos puede absorberse mejor que a diario, porque la toma diaria eleva una hormona que bloquea la absorción de la dosis siguiente. Es un detalle que cambia la eficacia del tratamiento y que se explica muy poco.
Son crecimientos benignos del tejido muscular del útero, también llamados fibromas o leiomiomas. Es el tumor más frecuente del aparato genital femenino: hasta siete de cada diez mujeres los desarrollan a lo largo de su vida. No son peligrosos: la transformación maligna es excepcional, por debajo del 0,1 % de los casos. Dependen de los estrógenos, así que aparecen en edad fértil y tienden a reducirse de forma espontánea tras la menopausia.
Solo entre un 25 % y un 30 % de las mujeres con miomas nota algo. Cuando dan síntomas, el principal son las reglas muy abundantes y prolongadas, con coágulos y sangrado de más de siete días, que a menudo acaban provocando anemia por falta de hierro. También pueden dar sensación de presión en la parte baja del abdomen, aumento del perímetro abdominal, necesidad frecuente de orinar, estreñimiento, dolor con las relaciones y dificultad para conseguir un embarazo.
La prueba de elección es la ecografía ginecológica transvaginal, que identifica en una sola exploración el número de miomas, su tamaño y sobre todo su localización, que es el dato que determina el tratamiento. La exploración ginecológica previa ya puede orientar si el útero está aumentado o tiene contorno irregular. La resonancia magnética de pelvis se reserva para úteros con muchos miomas, para planificar cirugía o ante dudas diagnósticas.
No, y de hecho la conducta más frecuente es la observación. Si el mioma no da síntomas, no interfiere con un embarazo y no crece de forma llamativa, lo correcto es controlarlo periódicamente con ecografía: no se opera un hallazgo, se tratan los síntomas. La cirugía se plantea cuando el sangrado no se controla, hay anemia importante, el tamaño provoca compresión de vejiga o recto, o existe deseo de embarazo con miomas que lo dificultan.
No: lo determinante es la localización. Un mioma submucoso de dos centímetros, que crece hacia el interior de la cavidad uterina, puede provocar sangrados intensos y dificultar un embarazo, mientras que un subseroso de ocho centímetros, que crece hacia fuera, puede no alterar la regla en absoluto y dar síntomas solo si comprime la vejiga o el recto. Por eso la ecografía se centra en dónde está cada mioma, no solo en cuánto mide.