
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
El médico pide un TAC y surgen tres preguntas casi siempre: qué va a ver ahí que no se vea en una radiografía, si duele y cuánta radiación supone. Son dudas razonables y tienen respuestas concretas.
Esta guía explica qué es un TAC, cómo funciona, qué detecta, en qué se diferencia de la resonancia y de la radiografía, cuándo hace falta contraste y qué hay que saber sobre la dosis de radiación.
TAC significa tomografía axial computarizada. También se le llama TC o, coloquialmente, escáner. Y lo que es, en esencia, es una radiografía llevada a otra dimensión.
Una radiografía convencional lanza rayos X desde un punto y recoge una imagen plana. Todo lo que hay en el camino del haz se superpone en esa única imagen, de modo que las estructuras se tapan entre sí.
En un TAC, el tubo de rayos X gira alrededor del paciente mientras la mesa avanza, tomando cientos de proyecciones desde todos los ángulos. Un ordenador reconstruye esa información en cortes, como si el cuerpo se hubiera rebanado en láminas finas, de uno o dos milímetros, que se pueden ver una por una y recomponer en tres dimensiones.
Ese es el salto: deja de haber superposición. Se puede mirar dentro de un órgano, distinguir estructuras que en la radiografía quedaban solapadas y medir con precisión milimétrica.
La diferencia práctica es enorme. Un TAC permite valorar:
Lo que un TAC no es, conviene decirlo, es un chequeo general. Explora la zona que se solicita, no «todo el cuerpo», y pedirlo sin indicación concreta aporta radiación sin beneficio.
Las tres se confunden constantemente y sirven para cosas distintas:
| Radiografía | TAC | Resonancia | |
|---|---|---|---|
| Cómo funciona | Rayos X, imagen plana | Rayos X en cortes | Campo magnético, sin radiación |
| Duración | Minutos | 5-15 minutos | 20-45 minutos |
| Mejor para | Hueso, tórax básico | Hueso, pulmón, abdomen, urgencias | Tejidos blandos, cerebro, médula, articulaciones |
| Radiación | Baja | Media-alta | Ninguna |
| Ruido | No | Poco | Mucho |
La regla general: el TAC gana en rapidez y en hueso, pulmón y sangrado agudo; la resonancia gana en detalle de tejidos blandos, como ligamentos, médula espinal, sustancia cerebral o hígado. Por eso en una urgencia se hace TAC y en un estudio de rodilla o de columna por dolor crónico, resonancia.
El contraste yodado se administra por vía intravenosa y sirve para resaltar los vasos y los órganos muy vascularizados. No se usa en todos los estudios.
Se necesita cuando hay que valorar vasos, tumores, infecciones y abscesos. No se necesita, por ejemplo, para estudiar cálculos renales, una fractura o los senos paranasales.
Lo que hay que saber si te lo van a poner:
Las reacciones graves son poco frecuentes y las salas están preparadas para ellas. El contraste del TAC no tiene nada que ver con el de la resonancia, que es gadolinio y de otro perfil.
Durante la adquisición se oye un zumbido suave y el giro del equipo, nada comparable al ruido de una resonancia. Si el estudio lleva varias series, el técnico avisa por el interfono antes de cada una.
No duele. Lo único molesto puede ser la vía y mantener la postura. Y a diferencia de la resonancia, el equipo es abierto y corto, así que la claustrofobia rara vez es un problema.
Si quieres el detalle de tiempos, preparación y resultados, lo ampliamos en esta guía sobre cuánto dura un TAC.
Es la duda más legítima y merece números, no vaguedades.
La dosis se mide en milisieverts (mSv). Como referencia, la radiación natural de fondo que recibe cualquier persona es de unos 3 mSv al año. Una radiografía de tórax supone alrededor de 0,1 mSv. Un TAC, según la zona, va aproximadamente de 2 a 10 mSv, siendo los de abdomen y pelvis los de mayor dosis.
Es decir: un TAC abdominal equivale a bastantes radiografías de tórax, y eso justifica que no se pida a la ligera. Pero también conviene la perspectiva: el riesgo individual atribuible a un estudio aislado es muy pequeño, y casi siempre mucho menor que el riesgo de no diagnosticar lo que se está buscando.
Los principios que aplican los servicios de radiología son dos: justificación, es decir, que el estudio aporte información que cambie la decisión clínica, y optimización, usar la dosis mínima necesaria. Los equipos modernos han reducido mucho las dosis con protocolos de baja radiación.
Dos situaciones que requieren mención aparte. En embarazo, un TAC se evita salvo que sea imprescindible, y si la zona explorada está lejos del abdomen el riesgo es mínimo. En niños se usan protocolos pediátricos con dosis ajustadas al peso y se prefiere la ecografía o la resonancia cuando resuelven la pregunta.
Conviene conocer también sus límites, porque explica por qué a veces se pide otra prueba después de haber hecho uno.
De ahí que la secuencia habitual no sea «una prueba y ya está», sino una cadena: cada estudio responde una pregunta y a veces abre la siguiente.
No se solicita «un TAC» en abstracto: se pide por región, y cada uno responde a preguntas distintas.
Cuando hay que explorar dos regiones en el mismo acto existe la modalidad de TAC de 2 zonas, que evita repetir la preparación y el desplazamiento.
La preparación no es la misma en todos los estudios, y llegar sin saberlo es la causa más frecuente de que haya que reprogramar la cita.
En todos los casos conviene llevar el volante con la indicación, los informes de pruebas de imagen anteriores de la misma zona —que permiten comparar y son muy valiosos— y la lista de la medicación habitual.
En un estudio programado, el informe del radiólogo suele estar en pocos días. En urgencias, en minutos u horas, porque la decisión clínica depende de él.
Te entregan las imágenes, pero interpretarlas requiere formación: lo que importa es el informe del radiólogo y la valoración del médico que pidió la prueba. Un hallazgo suelto, sin contexto clínico, se malinterpreta con facilidad.
Algo que se encuentra sin buscarlo: un quiste renal, un nódulo suprarrenal, una calcificación. Son frecuentes y en su mayoría no tienen importancia, pero a veces generan más pruebas. Es una de las razones para no hacer estudios sin indicación.
No es necesario salvo que haya sedación, que solo se usa en casos concretos. Se puede conducir después con normalidad.
El equipo es un anillo abierto y la cabeza suele quedar fuera salvo en el estudio craneal, así que se tolera mucho mejor que una resonancia.
No existe un número máximo fijo de TAC por año ni un «cupo» de radiación que se agote. Lo que se valora en cada ocasión es si el estudio está justificado: si va a cambiar una decisión, se hace. Lo que sí conviene es llevar siempre los informes anteriores, porque a menudo evitan repetir una prueba que ya está hecha y permiten comparar, que es donde está el valor real del seguimiento.
Sí. A diferencia de la resonancia, el TAC no usa campo magnético, así que los implantes metálicos y los dispositivos no son una contraindicación. Lo que pueden producir es un artefacto en la imagen de esa zona concreta.
Es una radiografía convertida en cortes finos gracias a un tubo que gira y a un ordenador que reconstruye, y eso elimina la superposición de estructuras que limita la radiografía convencional. Por eso detecta hemorragias cerebrales, nódulos de milímetros, embolias y patología abdominal aguda.
Frente a la resonancia es más rápido y mejor para hueso, pulmón y urgencias, pero usa radiación, así que se pide cuando va a cambiar una decisión y no como chequeo. No duele, dura entre cinco y quince minutos, y el contraste solo se usa en parte de los estudios. Si tienes la prueba indicada, puedes pedir el TAC en tuMédico.es eligiendo centro y día, y con el informe del radiólogo incluido.