
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
120/80. Es la cifra que todo el mundo repite y una de las más malinterpretadas de la medicina. No es un objetivo que haya que clavar, no es igual a los 30 que a los 75 años y, sobre todo, no significa nada medida una sola vez en la consulta con prisa.
Esta guía recoge la tensión arterial normal por edades, explica qué significan de verdad los dos números, cuándo una cifra alta es hipertensión y cuándo es simplemente el momento en que te la tomaron, y qué hacer con un tensiómetro de casa que da lecturas distintas cada vez.
La tensión arterial es la presión que ejerce la sangre contra la pared de las arterias. Se da con dos cifras porque el corazón trabaja en dos tiempos:
Se miden en milímetros de mercurio (mmHg), una unidad heredada de los primeros aparatos, que literalmente medían cuántos milímetros subía una columna de mercurio.
Hay un tercer dato que casi nadie mira y que tiene valor propio: la presión de pulso, que es la resta entre las dos. Una diferencia muy amplia, por encima de 60 mmHg, sugiere arterias rígidas y es un marcador de riesgo cardiovascular en personas mayores, incluso con una sistólica aceptable.
Conviene empezar por una advertencia: las guías actuales no establecen objetivos distintos por edad en población sana. La clasificación es la misma para todos los adultos, y lo que cambia con la edad es la probabilidad de superarla, no el umbral.
Los valores de referencia en adultos, medidos en consulta, son:
| Categoría | Sistólica | Diastólica |
|---|---|---|
| Óptima | menos de 120 | menos de 80 |
| Normal | 120-129 | 80-84 |
| Normal-alta | 130-139 | 85-89 |
| Hipertensión grado 1 | 140-159 | 90-99 |
| Hipertensión grado 2 | 160-179 | 100-109 |
| Hipertensión grado 3 | 180 o más | 110 o más |
Dos reglas para leer la tabla. La primera: basta con que uno de los dos números entre en una categoría para que cuente esa categoría. Un 135/95 es hipertensión grado 1, aunque la sistólica esté en normal-alta. La segunda: una sola lectura alta no diagnostica nada; hacen falta varias medidas en días distintos.
Lo que sí cambia con la edad es el patrón. En jóvenes suele subir antes la diastólica; a partir de los 60, las arterias se endurecen y lo que sube es la sistólica mientras la diastólica incluso baja. Esa hipertensión sistólica aislada del mayor es la forma más frecuente a partir de esa edad y necesita tratamiento igual.
Aquí sí hay tablas por edad, y además por sexo y talla, porque la presión normal de un niño depende de su tamaño. No existe una cifra única: se trabaja con percentiles, igual que con el peso.
Como orientación, en un niño de 6 años una presión en torno a 95/55 es normal, y hacia los 13-15 años los valores se acercan ya a los del adulto. Cualquier medida por encima del percentil 95 para su edad, sexo y talla debe valorarla el pediatra, no compararse con la tabla de adultos.
Porque la tensión arterial no es una constante, es una variable que cambia minuto a minuto. Oscila a lo largo del día siguiendo un ritmo: más baja durante el sueño, con una subida brusca al despertar y un pico a media mañana.
Lo que la mueve en el momento de la medida:
Y además existe el efecto de bata blanca: hay personas cuya tensión sube solo en el entorno sanitario, con cifras normales en casa. Y su contrario, la hipertensión enmascarada, que es normal en consulta y alta en la vida real. Esta segunda es la peligrosa, porque pasa desapercibida durante años.
Un tensiómetro doméstico es útil si se usa con método. Si no, genera más ansiedad que información:
Usa aparatos de brazo validados, no de muñeca ni de dedo. Y no te la tomes veinte veces al día: para tomar decisiones, lo que vale es una serie ordenada de una semana, no un pico aislado.
El diagnóstico no se hace con una lectura. Hace falta confirmarlo, y hay dos formas:
Esa prueba de 24 horas es la que resuelve los casos dudosos, y es muy habitual que cambie la decisión: hay pacientes etiquetados de hipertensos que no lo son, y personas con cifras «correctas» que sí necesitan tratamiento. Puedes pedir el Holter de tensión arterial sin volante médico.
La hipertensión no duele, y eso es exactamente lo que la hace peligrosa. Durante años no da ningún síntoma mientras va deteriorando los órganos que más dependen de un buen riego:
Por eso el control se basa en cifras y no en sensaciones. Los dolores de cabeza, los mareos o el enrojecimiento facial que mucha gente atribuye a «tener la tensión alta» no son síntomas fiables: aparecen igual con la tensión normal.
En torno al 90 % de los casos son hipertensión esencial: no hay una causa única identificable, sino una combinación de genética, edad, peso, sal y sedentarismo. Pero en el 10 % restante existe un motivo concreto y, lo importante, a menudo corregible.
Conviene buscarlo cuando se dan ciertas circunstancias: hipertensión que aparece antes de los 30 o después de los 60 de forma brusca, cifras muy altas desde el principio, mala respuesta a tres fármacos o un empeoramiento repentino en alguien que estaba controlado.
Las causas que más se buscan:
Ese último punto se pasa por alto con frecuencia. Un consumo habitual de antiinflamatorios para el dolor crónico puede subir la tensión varios milímetros y desbaratar un tratamiento que funcionaba.
Medir la tensión es solo una parte. Cuando se confirma una hipertensión, la valoración inicial incluye una analítica que busca dos cosas: causas corregibles y daño ya establecido en los órganos.
Los parámetros que no deberían faltar son la creatinina con filtrado glomerular y el potasio y el sodio, para el riñón; la glucosa y el perfil lipídico, porque el riesgo cardiovascular se calcula en conjunto; la hormona tiroidea; y un análisis de orina en busca de proteínas, que es el signo más temprano de daño renal por hipertensión.
Se habla de hipotensión por debajo de 90/60, pero aquí el número importa menos que los síntomas. Hay personas, sobre todo mujeres jóvenes y deportistas, con 95/60 habitual y ninguna molestia: eso no es una enfermedad, es su normalidad y además es favorable a largo plazo.
Lo que sí merece atención es la hipotensión que da síntomas —mareo, visión borrosa, sudor frío, desmayo— y en particular la hipotensión ortostática: una caída de más de 20 mmHg en la sistólica al ponerse de pie. Es frecuente en mayores, se relaciona con fármacos y con la deshidratación, y es una causa importante de caídas.
Las medidas de estilo de vida tienen un efecto real y medible, no son un consuelo:
Sumadas, estas medidas pueden resolver una hipertensión grado 1 sin medicación. Lo que no hay que hacer es abandonar un tratamiento ya pautado porque las cifras hayan mejorado: eso se decide en consulta, con los datos delante.
Por debajo de los 50 años la diastólica predice mejor el riesgo; por encima de los 60, la sistólica. En la práctica, las dos cuentan y basta con que una esté alta.
En adultos con cifras normales, al menos una vez cada uno o dos años. Si están en el rango normal-alto, anualmente. Con diagnóstico y tratamiento, según lo que indique el médico.
Mejor no: la digestión redistribuye el flujo sanguíneo y la lectura baja. Conviene esperar al menos media hora, y lo ideal es medir siempre en las mismas condiciones.
Un episodio de estrés sube la tensión en ese momento, eso es fisiología normal. Que el estrés crónico cause hipertensión mantenida es menos directo, aunque sí contribuye a través del sueño, el alcohol y la alimentación.
Primera: el rango óptimo en adultos está por debajo de 120/80, y la clasificación no cambia con la edad aunque sí cambie el patrón, con la sistólica subiendo a partir de los 60. Segunda: una cifra aislada no diagnostica; lo que vale es una serie bien medida en casa o un registro de 24 horas.
Y tercera: la hipertensión no se nota hasta que ha hecho daño, así que el control es por números. Si tus medidas domiciliarias pasan de 135/85 de forma repetida, o si sospechas efecto de bata blanca, el siguiente paso es una valoración con electrocardiograma y, si procede, el registro de 24 horas. La visita de cardiología con electrocardiograma cubre ese primer estudio, y si lo que te preocupa es el valor que salió descompensado en una medida puntual, lo explicamos en esta guía sobre la tensión arterial descompensada.