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Revista médica Tumedico.es (ISSN: 2696-8894)

Varices: por qué salen y cuándo hay que mirarlas

Varices: por qué salen y cuándo hay que mirarlas
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Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta  |  ISNI: 0000000517782974

Primero aparece una línea azulada detrás de la rodilla. Luego el tobillo que se marca al quitarse el calcetín, las piernas pesadas al final del día y ese cordón abultado que antes no estaba. Las varices no salen de un día para otro: llevan años formándose antes de que se vean.

Y ahí está el problema. Como se asocian a algo estético, muchas personas conviven con ellas una década sin que nadie les mire las venas por dentro. Esta guía explica por qué salen las varices, cómo distinguir las que solo molestan de las que avisan de un problema de circulación, y en qué momento conviene dejar de mirarlas en el espejo y pasar a mirarlas con un ecógrafo.

¿Qué son exactamente las varices?

Una variz es una vena dilatada que ha perdido la capacidad de devolver la sangre hacia el corazón con eficacia. Para entender por qué ocurre hay que entender a qué se enfrentan las venas de las piernas: tienen que subir la sangre casi un metro y medio, en vertical, contra la gravedad, y sin bomba propia.

El sistema funciona gracias a dos mecanismos. El primero es la bomba muscular de la pantorrilla: cada vez que caminas, el gemelo se contrae y aprieta las venas profundas, empujando la sangre hacia arriba. El segundo son las válvulas venosas, unas pequeñas membranas que se abren al paso de la sangre y se cierran después para que no vuelva a bajar.

Cuando esas válvulas dejan de cerrar bien, la sangre refluye y se queda estancada en el tramo inferior. La vena, sometida a una presión para la que no está diseñada, se dilata, se alarga y se vuelve tortuosa. Eso es una variz: no una vena «sucia» ni «mala sangre», sino una vena con una válvula que ya no hace su trabajo.

Ese fallo tiene nombre clínico: insuficiencia venosa crónica. Las varices son su manifestación visible, pero el reflujo puede existir meses o años antes de que se vea nada en la superficie.

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¿Por qué salen las varices?

No hay una causa única. Lo que existe es una suma de factores que debilita la pared venosa y las válvulas. Conviene separarlos en dos grupos, porque solo uno admite cambios.

Lo que no puedes cambiar

  • La herencia. Es el factor más determinante con diferencia. Si ambos progenitores tienen varices, la probabilidad de desarrollarlas es muy alta; lo que se hereda es la calidad del tejido de la pared venosa y de las válvulas.
  • El sexo. Son más frecuentes en mujeres, en buena medida por el efecto de los estrógenos y la progesterona sobre el tono de la pared venosa.
  • La edad. Las válvulas se deterioran con el tiempo y la pared pierde elasticidad. A los 60 años, una mayoría de la población tiene algún grado de insuficiencia venosa.
  • Los embarazos. Aumentan el volumen de sangre circulante, el útero comprime las venas pélvicas y las hormonas relajan la pared. Cada embarazo suma riesgo, y las varices que aparecen durante la gestación a veces mejoran después, pero rara vez desaparecen del todo.
  • La altura y el peso corporal. Una columna de sangre más larga y una presión abdominal mayor empeoran el retorno venoso.

Lo que sí está en tu mano

  • Las horas de pie o sentado sin moverse. El enemigo no es estar de pie: es estar quieto. Sin contracción del gemelo, la bomba muscular no funciona y la sangre se estanca. Peluquería, hostelería, quirófano, mostrador, pero también ocho horas de silla y pantalla.
  • El sedentarismo. Un gemelo débil bombea mal. Es el factor modificable con más impacto.
  • El sobrepeso. Aumenta la presión intraabdominal y dificulta el retorno.
  • El calor sostenido. Dilata las venas: suelo radiante, depilación con cera caliente, baños muy calientes, verano largo.
  • El estreñimiento crónico. Cada esfuerzo aumenta la presión abdominal y se transmite hacia abajo.

Pesadez, hinchazón y calambres: lo que llega antes

La insuficiencia venosa da síntomas mucho antes de dar varices visibles. Reconocerlos es lo que permite adelantarse. El patrón es bastante característico y tiene una lógica: todo empeora con el estancamiento y mejora con el movimiento o la elevación.

  • Pesadez de piernas que aumenta a lo largo del día y es máxima por la tarde.
  • Hinchazón del tobillo, al principio solo de un lado y solo al final del día. La marca del calcetín es una señal temprana clásica.
  • Calambres nocturnos y sensación de piernas inquietas al meterse en la cama.
  • Picor o escozor en la zona del tobillo y la pantorrilla.
  • Empeoramiento con el calor y alivio claro al elevar las piernas o caminar.

Ese último punto es el que más orienta. Si el dolor de piernas mejora andando, apunta a origen venoso. Si empeora andando y obliga a pararse, apunta a un problema arterial, que es otra cosa y más urgente.

No todas las varices son iguales

Agrupar bajo la misma palabra todo lo que se ve en la pierna lleva a confusión, y a tratamientos equivocados. Hay tres cosas distintas:

  • Telangiectasias o arañas vasculares. Finísimas, rojizas o violáceas, en forma de red. Son un problema estético y no suelen implicar reflujo en las venas grandes.
  • Varices reticulares. Azuladas, de dos a tres milímetros, visibles bajo la piel pero sin relieve.
  • Varices tronculares. Los cordones gruesos, abultados y tortuosos. Son las que casi siempre dependen de un reflujo en la vena safena, y las que tienen significado médico.

La distinción importa porque tratar unas arañitas con láser cuando por debajo hay una safena incompetente garantiza que vuelvan. Primero se corrige el reflujo; lo estético va después.

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¿Cuándo unas varices dejan de ser solo estéticas?

Hay un punto en el que las varices dejan de ser una cuestión de aspecto. Conviene una valoración vascular sin esperar más si aparece cualquiera de estas situaciones:

  • Cambios en el color de la piel del tobillo. Manchas marrones o grisáceas por depósito de hierro, o una piel que se endurece y se vuelve brillante. Es el aviso de que el estancamiento lleva tiempo dañando el tejido.
  • Una herida que no cierra en la zona del tobillo. La úlcera venosa es la complicación más seria de la insuficiencia no tratada.
  • Un cordón duro, rojo y caliente a lo largo de una vena. Puede ser una tromboflebitis superficial y debe valorarse pronto.
  • Hinchazón brusca de toda una pierna, con dolor en la pantorrilla. Aquí hay que descartar una trombosis venosa profunda, y eso no admite espera.
  • Sangrado de una variz. Una vena dilatada y muy superficial puede romperse con un roce.
  • Eccema o dermatitis de repetición en la parte baja de la pierna.

Fuera de estas señales, el criterio es más simple: si las piernas condicionan tu día, ya merece la pena estudiarlas. No hace falta llegar a la úlcera para tener derecho a una respuesta.

El eco-Doppler, la prueba que mira las varices por dentro

La exploración a simple vista dice qué se ve, pero no dice qué pasa dentro. La prueba que responde eso es el eco-Doppler venoso de las piernas, y es la base de cualquier decisión seria sobre unas varices.

Es una ecografía con dos capas de información. La imagen muestra la anatomía de la vena, su calibre y si hay trombos; el Doppler mide la dirección y la velocidad de la sangre. Combinando ambas, el especialista ve exactamente dónde se produce el reflujo, cuánto dura y qué venas están afectadas.

En la práctica es una prueba cómoda: se hace de pie y tumbado, sin contraste, sin pinchazos y sin preparación previa. No hay que ir en ayunas ni suspender medicación. Dura entre quince y treinta minutos según la complejidad del mapa venoso.

Lo que sale de ahí no es un «tienes varices», que eso ya se sabía. Es un mapa: qué safena refluye, desde dónde, qué tramos están sanos y si el sistema profundo —el que de verdad importa— funciona. Sin ese mapa, cualquier tratamiento es a ciegas. Puedes consultarlo en una revisión de angiología con ecografía Doppler, que incluye la valoración y la prueba en la misma visita.

¿Qué se puede hacer con unas varices?

El abanico de opciones es hoy mucho más amplio que la cirugía clásica, y la elección depende del mapa venoso, no de la preferencia del paciente ni del tamaño de la variz.

  • Medidas conservadoras y compresión. La media de compresión graduada no elimina la variz, pero frena la progresión y alivia mucho los síntomas. Tiene que estar bien indicada en presión y talla.
  • Escleroterapia. Se inyecta una sustancia que cierra la vena desde dentro. Es el tratamiento de referencia para arañitas y varices reticulares.
  • Técnicas endovenosas (láser o radiofrecuencia). Se introduce una fibra en la vena safena y se cierra con calor desde dentro. Se hacen con anestesia local y permiten caminar el mismo día. Han desplazado a la cirugía abierta en la mayoría de los casos.
  • Cirugía convencional. Sigue teniendo indicación en determinados mapas venosos y en varices muy voluminosas.

Ninguna técnica «cura» la predisposición. Se cierra la vena enferma y el cuerpo redirige la sangre por las sanas, pero el tejido que falló sigue siendo el mismo, así que puede aparecer reflujo en otro territorio años después. Eso no es un fracaso del tratamiento: es la historia natural de la enfermedad.

¿Qué frena la insuficiencia venosa en el día a día?

Ninguna medida doméstica hace desaparecer una variz formada. Lo que sí hacen, y está bien documentado, es frenar la progresión y reducir los síntomas:

  • Caminar a diario. Es la medida más eficaz: activa la bomba del gemelo. Nadar y la bicicleta también funcionan muy bien.
  • Elevar las piernas por encima del nivel del corazón entre quince y veinte minutos al final del día.
  • Romper la inmovilidad. Si trabajas de pie, ponte de puntillas y baja, repetido, cada cierto tiempo. Si trabajas sentado, levántate cada media hora.
  • Terminar la ducha con agua fría en las piernas, de abajo arriba.
  • Evitar el calor directo y las fuentes de calor prolongado.
  • Cuidar el peso y el estreñimiento, por el efecto sobre la presión abdominal.

Sobre los venotónicos en cápsulas: pueden mejorar la sensación de pesadez en algunas personas, pero no corrigen el reflujo ni sustituyen a la valoración. Si llevas meses tomándolos y las piernas siguen igual, ese es justo el momento de hacer el eco-Doppler.

Las dudas que llegan a la consulta vascular

¿Las varices se pueden quitar del todo?

La vena tratada se elimina o se cierra de forma definitiva, sí. Lo que no se elimina es la tendencia a que otras venas se dilaten con los años. Por eso se habla de controlar la enfermedad, no de curarla.

¿A qué especialista hay que ir?

Al angiólogo y cirujano vascular, que es quien estudia y trata la patología venosa. Si tienes dudas sobre a quién acudir según lo que notas, lo desarrollamos en esta guía sobre el médico especialista en varices.

¿Son peligrosas?

Las varices por sí mismas no son una amenaza vital. Lo que hay que vigilar son sus complicaciones: la úlcera, la tromboflebitis y, sobre todo, no confundir una hinchazón brusca con una trombosis profunda, que sí es grave.

¿Hay que operarse en invierno?

La idea viene de la época en que había que llevar medias y vendajes semanas enteras. Con las técnicas endovenosas actuales la limitación es mucho menor, aunque el calor extremo no ayuda en el posoperatorio inmediato.

Varices: lo que conviene recordar

Las varices son la parte visible de un fallo en las válvulas de las venas de las piernas, con un componente hereditario muy fuerte y un acelerador claro, que es la inmovilidad. Dan síntomas antes de verse, y esos síntomas tempranos —pesadez vespertina, tobillo marcado, calambres nocturnos— son la ventana para actuar.

El paso que cambia las cosas no es cambiar de crema: es un eco-Doppler que diga qué vena refluye y desde dónde. A partir de ahí hay tratamiento para casi todos los escenarios, y cuanto antes se haga el mapa, menos pierna hay que reparar. En tuMédico.es puedes pedir la visita de angiología y cirugía vascular directamente, sin volante médico y eligiendo día.

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