
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Primero aparece una línea azulada detrás de la rodilla. Luego el tobillo que se marca al quitarse el calcetín, las piernas pesadas al final del día y ese cordón abultado que antes no estaba. Las varices no salen de un día para otro: llevan años formándose antes de que se vean.
Y ahí está el problema. Como se asocian a algo estético, muchas personas conviven con ellas una década sin que nadie les mire las venas por dentro. Esta guía explica por qué salen las varices, cómo distinguir las que solo molestan de las que avisan de un problema de circulación, y en qué momento conviene dejar de mirarlas en el espejo y pasar a mirarlas con un ecógrafo.
Una variz es una vena dilatada que ha perdido la capacidad de devolver la sangre hacia el corazón con eficacia. Para entender por qué ocurre hay que entender a qué se enfrentan las venas de las piernas: tienen que subir la sangre casi un metro y medio, en vertical, contra la gravedad, y sin bomba propia.
El sistema funciona gracias a dos mecanismos. El primero es la bomba muscular de la pantorrilla: cada vez que caminas, el gemelo se contrae y aprieta las venas profundas, empujando la sangre hacia arriba. El segundo son las válvulas venosas, unas pequeñas membranas que se abren al paso de la sangre y se cierran después para que no vuelva a bajar.
Cuando esas válvulas dejan de cerrar bien, la sangre refluye y se queda estancada en el tramo inferior. La vena, sometida a una presión para la que no está diseñada, se dilata, se alarga y se vuelve tortuosa. Eso es una variz: no una vena «sucia» ni «mala sangre», sino una vena con una válvula que ya no hace su trabajo.
Ese fallo tiene nombre clínico: insuficiencia venosa crónica. Las varices son su manifestación visible, pero el reflujo puede existir meses o años antes de que se vea nada en la superficie.
No hay una causa única. Lo que existe es una suma de factores que debilita la pared venosa y las válvulas. Conviene separarlos en dos grupos, porque solo uno admite cambios.
La insuficiencia venosa da síntomas mucho antes de dar varices visibles. Reconocerlos es lo que permite adelantarse. El patrón es bastante característico y tiene una lógica: todo empeora con el estancamiento y mejora con el movimiento o la elevación.
Ese último punto es el que más orienta. Si el dolor de piernas mejora andando, apunta a origen venoso. Si empeora andando y obliga a pararse, apunta a un problema arterial, que es otra cosa y más urgente.
Agrupar bajo la misma palabra todo lo que se ve en la pierna lleva a confusión, y a tratamientos equivocados. Hay tres cosas distintas:
La distinción importa porque tratar unas arañitas con láser cuando por debajo hay una safena incompetente garantiza que vuelvan. Primero se corrige el reflujo; lo estético va después.
Hay un punto en el que las varices dejan de ser una cuestión de aspecto. Conviene una valoración vascular sin esperar más si aparece cualquiera de estas situaciones:
Fuera de estas señales, el criterio es más simple: si las piernas condicionan tu día, ya merece la pena estudiarlas. No hace falta llegar a la úlcera para tener derecho a una respuesta.
La exploración a simple vista dice qué se ve, pero no dice qué pasa dentro. La prueba que responde eso es el eco-Doppler venoso de las piernas, y es la base de cualquier decisión seria sobre unas varices.
Es una ecografía con dos capas de información. La imagen muestra la anatomía de la vena, su calibre y si hay trombos; el Doppler mide la dirección y la velocidad de la sangre. Combinando ambas, el especialista ve exactamente dónde se produce el reflujo, cuánto dura y qué venas están afectadas.
En la práctica es una prueba cómoda: se hace de pie y tumbado, sin contraste, sin pinchazos y sin preparación previa. No hay que ir en ayunas ni suspender medicación. Dura entre quince y treinta minutos según la complejidad del mapa venoso.
Lo que sale de ahí no es un «tienes varices», que eso ya se sabía. Es un mapa: qué safena refluye, desde dónde, qué tramos están sanos y si el sistema profundo —el que de verdad importa— funciona. Sin ese mapa, cualquier tratamiento es a ciegas. Puedes consultarlo en una revisión de angiología con ecografía Doppler, que incluye la valoración y la prueba en la misma visita.
El abanico de opciones es hoy mucho más amplio que la cirugía clásica, y la elección depende del mapa venoso, no de la preferencia del paciente ni del tamaño de la variz.
Ninguna técnica «cura» la predisposición. Se cierra la vena enferma y el cuerpo redirige la sangre por las sanas, pero el tejido que falló sigue siendo el mismo, así que puede aparecer reflujo en otro territorio años después. Eso no es un fracaso del tratamiento: es la historia natural de la enfermedad.
Ninguna medida doméstica hace desaparecer una variz formada. Lo que sí hacen, y está bien documentado, es frenar la progresión y reducir los síntomas:
Sobre los venotónicos en cápsulas: pueden mejorar la sensación de pesadez en algunas personas, pero no corrigen el reflujo ni sustituyen a la valoración. Si llevas meses tomándolos y las piernas siguen igual, ese es justo el momento de hacer el eco-Doppler.
La vena tratada se elimina o se cierra de forma definitiva, sí. Lo que no se elimina es la tendencia a que otras venas se dilaten con los años. Por eso se habla de controlar la enfermedad, no de curarla.
Al angiólogo y cirujano vascular, que es quien estudia y trata la patología venosa. Si tienes dudas sobre a quién acudir según lo que notas, lo desarrollamos en esta guía sobre el médico especialista en varices.
Las varices por sí mismas no son una amenaza vital. Lo que hay que vigilar son sus complicaciones: la úlcera, la tromboflebitis y, sobre todo, no confundir una hinchazón brusca con una trombosis profunda, que sí es grave.
La idea viene de la época en que había que llevar medias y vendajes semanas enteras. Con las técnicas endovenosas actuales la limitación es mucho menor, aunque el calor extremo no ayuda en el posoperatorio inmediato.
Las varices son la parte visible de un fallo en las válvulas de las venas de las piernas, con un componente hereditario muy fuerte y un acelerador claro, que es la inmovilidad. Dan síntomas antes de verse, y esos síntomas tempranos —pesadez vespertina, tobillo marcado, calambres nocturnos— son la ventana para actuar.
El paso que cambia las cosas no es cambiar de crema: es un eco-Doppler que diga qué vena refluye y desde dónde. A partir de ahí hay tratamiento para casi todos los escenarios, y cuanto antes se haga el mapa, menos pierna hay que reparar. En tuMédico.es puedes pedir la visita de angiología y cirugía vascular directamente, sin volante médico y eligiendo día.