
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Llevas meses con la barriga hinchada, gases y un tránsito que va y viene. Has leído sobre el SIBO, encaja con lo que te pasa y ahora te haces la pregunta práctica: ¿cómo se confirma? Porque los síntomas orientan, pero no diagnostican.
En esta guía te explicamos cómo se detecta el SIBO paso a paso: qué pruebas existen, en qué se diferencian, cuál necesitas según tu caso y cómo prepararte para que el resultado sea fiable.
Para entender cómo se detecta el SIBO hay que entender qué se está midiendo, porque no es lo que la mayoría imagina. No se busca la bacteria: se busca el gas que produce.
El SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) consiste en que hay demasiadas bacterias donde no debería haberlas apenas. Esas bacterias fermentan los azúcares de la comida antes de que tu intestino los absorba, y esa fermentación genera gases: hidrógeno, metano o sulfuro de hidrógeno.
Aquí está la clave del asunto, y es un detalle elegante: tu cuerpo no fabrica esos gases por sí mismo. Solo pueden venir de bacterias. Y una vez producidos, pasan a la sangre desde el intestino, viajan hasta los pulmones y los exhalas al respirar.
Por eso el diagnóstico se hace soplando. Se te da a beber un azúcar concreto, se mide durante unas horas cuánto gas aparece en tu aliento y con qué rapidez, y ese patrón dice si hay fermentación bacteriana anómala en el intestino delgado. Es una prueba no invasiva, sin agujas y sin sedación.
Conviene decirlo pronto: los síntomas del SIBO se solapan casi por completo con los del intestino irritable. Hinchazón, gases, dolor, tránsito alterado. Vistos de fuera son el mismo cuadro, y por eso ninguna lista de síntomas, por detallada que sea, permite distinguirlos. Esa es exactamente la razón por la que hace falta una prueba objetiva: no es un exceso de celo, es que la clínica sola no llega.
Hay varias formas de diagnosticar el SIBO, y no todas están al mismo nivel en la práctica real.
Es la más usada, y con diferencia. Bebes una solución con un azúcar (lactulosa o glucosa) y a partir de ahí soplas en un tubo cada 15-20 minutos durante 2-3 horas. Cada muestra se analiza para ver cuánto hidrógeno y metano contiene.
Lo que se busca no es un valor aislado, sino una subida temprana. Si el gas se dispara en los primeros 90-100 minutos, cuando el azúcar todavía está en el intestino delgado, señala que hay bacterias fermentando donde no deben. Si la subida llega más tarde, probablemente sea el colon haciendo su trabajo normal, y eso no es SIBO.
El test SIBO del aliento es la opción estándar, la que se hace en centro y la que mide hidrógeno y metano de forma seriada.
Es el mismo principio, con la recogida hecha por ti. Recibes el kit, sigues la dieta previa, tomas el sustrato, vas soplando en los tubos numerados según las horas indicadas y envías las muestras al laboratorio. El análisis lo hace el mismo tipo de equipo: lo único que cambia es quién sopla y dónde.
Su ventaja no es solo la comodidad. Una prueba de tres horas obliga a bloquear media mañana en un centro, y eso hace que mucha gente la posponga durante meses. Elimina esa fricción: haces la prueba un sábado, en tu cocina, sin pedir permiso en el trabajo. La condición para que sea igual de fiable es una sola: respetar los tiempos con rigor. Los tubos hay que soplarlos en su minuto, no cuando te acuerdes, porque toda la interpretación se basa en la curva temporal.
Consiste en introducir un endoscopio hasta el intestino delgado, aspirar líquido y cultivarlo para contar bacterias. Durante años se consideró el patrón oro teórico, y conviene saber por qué apenas se usa.
Es invasivo y caro, requiere endoscopia con sedación, solo toma muestra de un punto concreto (y el sobrecrecimiento puede estar más abajo), y muchas de las bacterias implicadas no crecen bien en cultivo. Resultado: puede dar negativo habiendo SIBO. En la práctica clínica actual queda reservado a casos muy concretos, casi siempre en investigación.
Este punto ahorra dinero y disgustos. Hay pruebas que se venden o se piden creyendo que detectan SIBO, y no lo hacen:
Ninguna de estas pruebas es inútil en sí misma. Simplemente responden a otras preguntas.
Es la decisión técnica que más condiciona el resultado, y explica bastantes diagnósticos fallidos.
La diferencia entre ambos azúcares está en dónde se absorben:
Resumido en una frase: la glucosa se equivoca poco pero se deja casos sin ver; la lactulosa ve más pero se equivoca más a menudo. No hay una que sea mejor, hay una que encaja mejor con cada caso, y esa elección es parte del criterio médico.
Aquí se juega buena parte de la fiabilidad, y es la parte que más se descuida. Una preparación mal hecha no da un resultado dudoso: da un resultado falso.
La lógica es sencilla: si el día antes de la prueba comes alimentos fermentables, tus bacterias seguirán produciendo gas de esa comida durante el test, y el pico que se mida no vendrá del azúcar de la prueba. Se falsea la curva entera.
Los criterios de consenso más usados son estos:
| Gas | Criterio de positividad | Qué significa |
|---|---|---|
| Hidrógeno | Subida ≥ 20 ppm sobre el valor basal en los primeros 90 min | SIBO de hidrógeno. Suele cursar con diarrea |
| Metano | ≥ 10 ppm en cualquier momento del test | IMO o SIBO de metano. Suele cursar con estreñimiento |
| Ambos elevados | Se cumplen los dos criterios | Patrón mixto, con síntomas alternantes |
Hay dos matices que conviene conocer porque cambian la lectura:
El primero es que el metano se comporta distinto al hidrógeno. No se exige una subida temprana, basta con superar el umbral en cualquier punto. La razón es que los microorganismos productores de metano (arqueas, no bacterias en sentido estricto) pueden estar repartidos por todo el tubo digestivo. Por eso el metano tiene su propio nombre: IMO.
El segundo es el sulfuro de hidrógeno, el tercer gas. La mayoría de equipos no lo miden. Y tiene una consecuencia práctica importante: quien produce sulfuro puede dar un test plano, con hidrógeno y metano bajos, y aun así tener SIBO. Si tus síntomas son claros, el test sale negativo del todo y hueles un olor a huevos podridos característico, merece la pena plantear esta posibilidad en lugar de dar el caso por cerrado.
Y una advertencia general: un test positivo no cierra el diagnóstico por sí solo. Se interpreta junto a tus síntomas. Hay positivos sin clínica y negativos con clínica evidente. Quien decide es el médico con las dos cosas delante.
Esta orientación cubre la mayoría de situaciones:
En tuMédico.es vemos un patrón que se repite: personas que llevan años etiquetadas de intestino irritable, sin que nadie les haya hecho nunca un test del aliento. No siempre sale positivo, claro. Pero la diferencia entre convivir con una etiqueta genérica y saber qué gas tienes es la diferencia entre gestionar síntomas y tratar una causa.
Detectar el SIBO no es el final: es lo que permite elegir el tratamiento correcto, porque el tratamiento depende del gas. No es lo mismo un SIBO de hidrógeno que uno de metano, ni en antibiótico ni en duración ni en pronóstico.
Ese es precisamente el argumento de fondo para hacerse la prueba en lugar de tratar a ciegas: sin saber qué gas predomina, el tratamiento es una apuesta. Con el dato, es una decisión.
Para hacerte una idea de lo que cambia según el resultado: si predomina el hidrógeno, el tratamiento habitual es rifaximina sola, con tasas de respuesta del 60-70 %. Si predomina el metano, esa misma pauta se queda corta y hay que añadir un segundo antibiótico, porque los microorganismos implicados son más resistentes. Mismo diagnóstico en el informe, dos tratamientos distintos.
También importa buscar la causa de base. El SIBO casi siempre es consecuencia de algo: un tránsito lento, una cirugía previa, adherencias, uso prolongado de antiácidos, hipotiroidismo o diabetes. Si esa causa no se corrige, las recaídas son la norma.
Y merece la pena entender el mecanismo que hay detrás de la mayoría de esas causas, porque es el que explica por qué el SIBO vuelve. Entre comidas, el intestino delgado ejecuta unas ondas de barrido que arrastran los restos hacia el colon: es un sistema de limpieza que solo se activa en ayunas. Picar entre horas lo apaga. Si esas ondas fallan, por la razón que sea, las bacterias se quedan y vuelven a proliferar por muchos antibióticos que se tomen.
Si quieres revisar el cuadro completo antes de decidirte, tenemos una guía dedicada a los síntomas del SIBO, incluidos los que no son digestivos y casi nadie asocia con el intestino: cansancio, niebla mental o déficit de vitamina B12.
Con un test del aliento. Bebes una solución de lactulosa o glucosa y soplas en tubos cada 15-20 minutos durante 2-3 horas. Se mide el hidrógeno y el metano que exhalas: como tu cuerpo no produce esos gases, si aparecen es porque hay bacterias fermentando el azúcar. Una subida temprana (primeros 90 minutos) indica que la fermentación ocurre en el intestino delgado, que es la definición de SIBO. Es una prueba no invasiva y puede hacerse en un centro o en casa con un kit.
La prueba en sí dura entre dos y tres horas, más la preparación: un día de dieta baja en fermentables y 12 horas de ayuno. Si es un test en casa, los resultados del laboratorio suelen tardar unos días. Lo que más se alarga no es el proceso, sino llegar a plantear la prueba: muchas personas pasan años con el diagnóstico de intestino irritable antes de que alguien proponga un test del aliento.
No. No existe ningún marcador en sangre que confirme un SIBO; la analítica sirve para ver sus consecuencias (anemia, déficit de vitamina B12) o para descartar otras enfermedades. Los análisis de heces y los test de microbiota informan sobre el colon, y el SIBO ocurre en el intestino delgado. Son pruebas útiles para otras preguntas, pero no diagnostican el sobrecrecimiento. La única forma práctica es el test del aliento.
Sí, siempre que respetes la preparación y los tiempos. Es el mismo principio y el mismo análisis de laboratorio que en un centro; lo único que cambia es quién recoge las muestras. Los dos puntos críticos son la dieta previa (si comes fermentables el día antes, el resultado no vale) y soplar cada tubo en su minuto exacto, porque toda la interpretación depende de la curva temporal. Bien hecho, es equivalente.
Sí, y ocurre. Las razones habituales son tres: que produzcas sulfuro de hidrógeno, un gas que la mayoría de test no miden y que puede dar una curva plana; que se haya usado glucosa y tu sobrecrecimiento esté en el tramo final del intestino, donde la glucosa ya no llega; o que hayas tomado antibióticos en las semanas previas. Si los síntomas son claros y el test sale negativo, coméntalo con tu médico antes de descartar el diagnóstico.