
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Te ha salido la AMH baja y lo primero que has buscado es cómo subirla. Es la reacción lógica, y en internet encontrarás listas de suplementos, dietas y rutinas que prometen mejorarla.
La respuesta honesta, la que dice la evidencia disponible, es que la reserva ovárica no se recupera. Pero eso no equivale a que no haya nada que hacer, y la diferencia entre ambas cosas es justamente lo que conviene entender. Esta guía repasa qué dice la evidencia sobre subir la hormona antimülleriana, qué se ha estudiado, qué no funciona y qué sí puedes cambiar.
La explicación es biológica y bastante tajante.
A diferencia del varón, que produce espermatozoides de forma continua durante toda su vida adulta, la mujer nace con todos sus folículos ya formados. Alrededor de un millón al nacer, unos 300.000 en la pubertad, y una cifra muy reducida al llegar a la menopausia.
No existe una población de células madre ovárica que reponga ese stock. Es un depósito finito que solo va en una dirección.
Además, ese descenso no lo causa la ovulación. Cada ciclo se recluta un grupo de folículos, uno llega a ovular y el resto degenera en un proceso llamado atresia. Se pierden cientos al mes, ovules o no. De ahí que los anticonceptivos no «ahorren» óvulos ni retrasen la menopausia, aunque sea una creencia muy extendida.
Y como la AMH la fabrican precisamente los folículos que quedan, subirla exigiría crear folículos nuevos. Eso, hoy, no se puede hacer.
Ha habido investigación seria en este terreno. Este es el estado de la cuestión, sin adornos:
| Intervención | Qué dice la evidencia |
|---|---|
| DHEA | Estudios pequeños y contradictorios; no hay consenso |
| Coenzima Q10 | Posible efecto sobre calidad ovocitaria, no sobre la AMH |
| Vitamina D | Solo relevante si hay déficit; corregirlo es razonable |
| Melatonina | Datos preliminares en reproducción asistida, no concluyentes |
| Inositol | Útil en ovario poliquístico; no aumenta la reserva |
| Hormona de crecimiento | Uso muy restringido en clínicas, resultados discutidos |
| Acupuntura | Sin evidencia de efecto sobre la reserva |
| Dietas «para la fertilidad» | Sin efecto demostrado sobre la AMH |
Tres precisiones sobre esta tabla, porque los matices importan.
La DHEA es la que más expectativas ha generado. Es una prohormona androgénica que se ha ensayado en mujeres con baja respuesta antes de un ciclo de fecundación in vitro. Los resultados son heterogéneos y las revisiones sistemáticas no permiten recomendarla de forma general. No es inocua: puede causar acné, exceso de vello y alteraciones del ciclo. No debe tomarse por iniciativa propia.
La coenzima Q10 es el caso más interesante y el más malinterpretado. Se ha estudiado por su papel en la función mitocondrial del ovocito, y lo que se investiga es si mejora la calidad, no la cantidad. Es decir: aunque tuviera efecto, no subiría tu AMH. Son ejes distintos.
La vitamina D es la única con una recomendación clara, y con una condición: solo si tienes déficit. Corregir una carencia real es sensato por muchos motivos, incluida la fertilidad global. Suplementarse teniendo niveles normales no aporta nada.
Cambiar el número de folículos, no. Cambiar el entorno en el que funcionan, sí. Y eso influye en la fertilidad global, que al final es lo que importa:
Ninguna de estas medidas va a mover tu cifra de AMH de forma apreciable. Todas mejoran tus probabilidades reales de embarazo, que no es lo mismo.
Ocurre y genera muchas esperanzas: una segunda analítica da un valor más alto que la primera. Antes de atribuirlo a un tratamiento, hay cuatro explicaciones más probables.
1. Suspendiste los anticonceptivos. Es la causa número uno. Si la primera analítica se hizo tomando la píldora y la segunda meses después de dejarla, el valor sube entre un 20 % y un 30 % sin que hayas ganado un solo folículo. Simplemente se ha retirado un factor que lo deprimía.
2. Cambiaste de laboratorio. Existen varios inmunoensayos comerciales con calibraciones distintas y los resultados no son intercambiables. Dos cifras que no se parecen tomadas en centros diferentes casi nunca reflejan un cambio biológico.
3. La variabilidad propia del ensayo. Toda determinación de laboratorio tiene un margen de imprecisión. En valores bajos, ese margen es proporcionalmente mayor, así que un 0,5 y un 0,7 pueden ser el mismo dato medido dos veces.
4. Perdiste peso o corregiste un déficit. Puede modificar ligeramente la cifra, sin que implique folículos nuevos.
Por eso la recomendación es siempre la misma: si repites, hazlo en el mismo laboratorio y en condiciones comparables. Y no interpretes una subida como una recuperación.
El mercado de la fertilidad es especialmente propenso a los reclamos, y conviene saber reconocerlos:
La señal de alarma más fiable es esta: si un tratamiento promete subir el número en lugar de mejorar tus probabilidades reales de embarazo, está vendiendo lo que no existe.
Aquí está lo útil de todo esto. La pregunta «cómo subo la AMH» no tiene respuesta. La pregunta «qué hago con esta AMH» tiene varias, y son accionables:
1. Comprobar que el valor es real. Los anticonceptivos hormonales reducen la AMH entre un 20 % y un 30 %. Si te hicieron la analítica tomando la píldora, el anillo o con implante, tu reserva es probablemente mayor que la que refleja el informe. Es el factor que más se pasa por alto.
2. Situar el valor en tu edad. Un 1,1 ng/ml es bajo a los 28 y normal a los 39. Los rangos por franja están en la tabla de valores de AMH por edad.
3. No posponer. Es la consecuencia práctica más relevante de una reserva baja: el margen temporal es más corto. Si la maternidad estaba en los planes, adelantarla pesa más que cualquier suplemento.
4. Valorar la vitrificación de óvulos. Si el proyecto no es inmediato, congelar ahora es infinitamente más eficaz que intentar subir un número. Cuanto antes, mejor: se obtienen más ovocitos y de mejor calidad.
5. Acudir antes a una unidad de reproducción. Con reserva baja no tiene sentido esperar los doce meses habituales de búsqueda.
6. Completar el estudio. La reserva es una pieza. Faltan trompas, útero, ovulación y factor masculino, implicado en cerca de la mitad de los casos de esterilidad de pareja.
Conviene repetirla porque cambia la lectura de todo lo anterior: la AMH mide cantidad de folículos, no calidad de óvulos. Y para concebir de forma natural hace falta un óvulo bueno al mes, no muchos.
No existe un valor mínimo de AMH por debajo del cual el embarazo espontáneo sea imposible. Hay embarazos con valores de 0,1 ng/ml. Lo que la AMH predice bien es cuántos óvulos se obtendrán en una estimulación ovárica, que es para lo que se validó clínicamente.
Dicho de otro modo: una reserva baja acorta el plazo, no cierra la puerta. Si quieres el detalle de qué implica exactamente, lo desarrollamos en la guía sobre la hormona antimülleriana baja.
No cada pocos meses: la variación esperable en ese plazo es menor que la variabilidad propia del ensayo, así que solo genera ruido. Tiene sentido repetirla si tomabas anticonceptivos cuando te la hicieron, antes de iniciar un tratamiento de reproducción si la anterior tiene más de un año, o si el resultado no encaja con la ecografía.
Y siempre en el mismo laboratorio: existen varios inmunoensayos y no son intercambiables. Puedes reservar la prueba de hormona antimülleriana sin volante médico ni listas de espera, con resultado en 2 a 4 días laborables.
De toda la lista de intervenciones, hay una con evidencia sólida y consistente, y no es un suplemento.
El tabaco actúa sobre el ovario por varias vías simultáneas. Los hidrocarburos aromáticos policíclicos del humo son tóxicos directos para el folículo y aceleran la atresia. La nicotina interfiere en la producción de estrógenos. Y el monóxido de carbono reduce el aporte de oxígeno al tejido ovárico.
El efecto medible es claro: las fumadoras alcanzan la menopausia entre uno y dos años antes de media, y presentan valores de AMH más bajos que las no fumadoras de la misma edad.
Dejar de fumar no recupera los folículos perdidos —eso no ocurre— pero sí frena la velocidad de pérdida a partir de ese momento. Además mejora la calidad ovocitaria, la implantación y las tasas de éxito en reproducción asistida, que son resultados que importan más que la cifra de AMH.
Si tuvieras que elegir una sola cosa que hacer con un resultado bajo en la mano, esta sería la única con respaldo.
Si en algún sitio te ofrecen algo para «mejorar tu reserva», estas cuatro preguntas ordenan bastante la conversación:
Una respuesta honesta a esas cuatro preguntas descarta la mayoría de las promesas que circulan, y deja lo poco que sí tiene sentido valorar con un especialista.
No de forma demostrada. Los folículos no se regeneran y ningún suplemento ha probado aumentar la reserva ovárica de manera consistente.
Los estudios son pequeños y contradictorios, y no permiten recomendarla de forma general. Tiene efectos adversos y no debe tomarse sin supervisión médica.
Se investiga por su posible efecto sobre la calidad del ovocito, no sobre la cantidad. Aunque funcionara, no subiría la AMH.
Solo tiene sentido corregir un déficit real. Suplementarse con niveles normales no aporta beneficio sobre la reserva.
Puede variar ligeramente por la propia imprecisión del ensayo, o parecer que sube si la primera se hizo tomando anticonceptivos. No refleja una recuperación real de folículos.
No recupera lo perdido, pero frena la velocidad de pérdida. Es la medida modificable con más impacto.
No. La pérdida folicular ocurre igualmente cada ciclo, se ovule o no. Sí pueden hacer que la analítica dé un valor más bajo del real mientras se toman.
Sí, aunque se obtengan menos por ciclo y puedan hacer falta varios. La variable decisiva es la edad: cuanto antes se haga, mejor.