
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
La ecografía es la parte de la revisión que más información aporta y la que menos se explica. Te tumbas, el ginecólogo mira una pantalla que tú no entiendes, dice «todo bien» y ahí se queda la conversación.
Merece la pena saber qué está mirando. Esta guía explica qué es una ecografía ginecológica, cómo se hace, qué diferencia hay entre la transvaginal y la abdominal, qué se ve en cada estructura y cómo prepararte.
Una ecografía ginecológica es una prueba de imagen que usa ultrasonidos —ondas de sonido de frecuencia muy alta, inaudibles— para ver el útero, los ovarios, las trompas y el resto de la pelvis femenina.
El principio es sencillo: la sonda emite ultrasonidos, estos rebotan al encontrar tejidos de distinta densidad y el aparato traduce los ecos en una imagen en tiempo real. De ahí que en el informe se hable de estructuras «ecogénicas» o «anecoicas»: se refiere a cuánto eco devuelven.
Tiene dos ventajas que la hacen la prueba de imagen de referencia en ginecología:
Es la más utilizada con diferencia. Se introduce en la vagina una sonda fina, alargada, cubierta con una funda desechable y lubricada.
Su ventaja es la proximidad: al estar la sonda a pocos centímetros del útero y los ovarios, usa frecuencias más altas y ofrece mucha más resolución. Detecta detalles que por vía abdominal simplemente no se ven, como un pólipo endometrial pequeño o el recuento exacto de folículos.
No requiere vejiga llena. Al contrario: se ve mejor con la vejiga vacía. Es la modalidad que se reserva cuando se pide una ecografía ginecológica como prueba aislada.
La sonda se apoya sobre el abdomen bajo con gel conductor. Da una visión más panorámica pero menos detallada, porque los ultrasonidos tienen que atravesar la pared abdominal.
Se elige cuando la vía vaginal no es adecuada: en niñas, en mujeres que no han tenido relaciones sexuales, cuando hay dolor que impide la exploración o cuando hay un mioma o un quiste tan grande que no cabe en el campo de la sonda vaginal. Aquí sí hace falta la vejiga llena, porque actúa como ventana acústica.
No es una ecografía aparte, es una función añadida que mide el flujo de sangre. Aporta información clave para valorar si un quiste tiene vascularización sospechosa, para estudiar un mioma o para valorar el flujo uterino en fertilidad.
Reconstruye un volumen a partir de múltiples planos. Su indicación más clara son las malformaciones uterinas: un útero septo o bicorne se ve con una nitidez que el 2D no alcanza.
| Estructura | Qué se valora | Hallazgos frecuentes |
|---|---|---|
| Útero | Tamaño, forma, posición y contorno | Miomas, malformaciones, adenomiosis |
| Endometrio | Grosor y aspecto de la capa interna | Pólipos, engrosamiento, hiperplasia |
| Ovarios | Tamaño y contenido | Quistes, folículos, endometriomas |
| Recuento folicular | Número de folículos antrales | Orienta la reserva ovárica |
| Cuello del útero | Longitud y aspecto | Quistes de Naboth, acortamiento |
| Fondo de saco | Presencia de líquido libre | Hallazgo inespecífico, a interpretar |
Un detalle que explica muchos malentendidos: el grosor del endometrio cambia a lo largo del ciclo. Justo después de la regla mide 3 o 4 mm; antes de la siguiente puede llegar a 12 o 14. Un valor «alto» en la segunda mitad del ciclo suele ser normal. Después de la menopausia, en cambio, el criterio es mucho más estricto y cualquier engrosamiento se estudia.
La prueba completa dura entre 10 y 15 minutos.
1. Te quedas sin ropa de cintura para abajo y te cubres con una sábana.
2. Te colocas en la camilla, tumbada, con las rodillas flexionadas y separadas.
3. Se cubre la sonda con una funda desechable y se aplica gel lubricante.
4. Se introduce la sonda unos centímetros y se va inclinando para recorrer los distintos planos: útero de frente y de perfil, después cada ovario.
5. Se toman medidas y se congelan las imágenes que van al informe.
6. Se retira la sonda y te vistes. Suele quedar algo de gel; te darán papel.
Sobre si duele: no debería. La sonda es fina y produce sensación de presión, no dolor. Si duele, hay que decirlo, porque un dolor intenso durante la exploración es en sí mismo un dato clínico y puede orientar a endometriosis o a un suelo pélvico contracturado.
Las indicaciones más habituales:
El lenguaje de los informes ecográficos es especialmente opaco. Estos son los términos que más aparecen:
Merece detenerse en dos de ellos, porque son los que más preocupan sin motivo. El cuerpo lúteo se describe a veces como «quiste» en el informe y alarma innecesariamente: es la estructura que produce progesterona después de ovular y desaparece sola. Y la retroversión uterina aparece en cerca de una de cada cuatro mujeres sin ninguna consecuencia.
Es lo que más aparece en una ecografía de rutina y lo que más inquieta, así que conviene tener el marco.
La mayoría son quistes funcionales: folículos que no llegaron a romperse o cuerpos lúteos que retuvieron líquido. Están directamente ligados al ciclo y desaparecen solos en dos o tres meses sin ningún tratamiento. Por eso lo habitual ante un quiste simple es repetir la ecografía pasado ese tiempo, no operar.
Los criterios que hacen que un quiste se estudie más a fondo son concretos: tamaño por encima de cierto umbral, contenido no homogéneo, tabiques internos gruesos, partes sólidas o vascularización llamativa en el Doppler. Ahí se amplía con marcadores o resonancia.
Un caso particular es el endometrioma, el quiste típico de la endometriosis, con un contenido característico descrito como «en vidrio deslustrado». Se reconoce bien por ecografía y su presencia cambia el planteamiento, entre otras cosas porque la cirugía sobre él resta reserva ovárica.
Es importante para no interpretar mal un «todo normal»:
Como es una prueba a tiempo real, tu ginecólogo te explicará los hallazgos en la misma consulta. El informe escrito con las imágenes suele entregarse en el momento o quedar disponible en tu área privada.
Si aparece algo que requiere seguimiento, lo más frecuente es repetir la ecografía en unos meses —muchos quistes desaparecen solos— o ampliar el estudio con una resonancia, una histeroscopia o una analítica hormonal. Que se pida otra prueba no equivale a un diagnóstico grave. En la guía sobre miomas uterinos explicamos el caso más habitual de hallazgo que se controla sin tratar.
Es el detalle que más condiciona el resultado y el que casi nunca se explica al pedir la cita. El ovario y el endometrio cambian de aspecto cada semana.
| Momento del ciclo | Qué se ve mejor |
|---|---|
| Días 2-5 (con o justo tras la regla) | Recuento de folículos antrales; endometrio fino, ideal para ver pólipos |
| Días 6-12 | Folículo dominante en crecimiento; endometrio trilaminar |
| Días 13-15 | Momento de la ovulación; seguimiento en tratamientos de fertilidad |
| Días 16-28 | Cuerpo lúteo; endometrio grueso, que puede ocultar lesiones pequeñas |
De aquí salen tres consecuencias prácticas:
Por eso, si te llaman para repetir una ecografía «en otro momento del ciclo», no es que algo haya salido mal: es que se busca la ventana en la que esa estructura concreta se ve mejor.
Merece un apartado propio porque genera bastante alarma y su interpretación depende por completo de la etapa vital.
En edad fértil, un endometrio de 12 o 14 mm en la segunda mitad del ciclo es normal. Se ha preparado para un posible embarazo y se desprenderá con la regla. No requiere nada.
Tras la menopausia, el criterio es mucho más estricto: sin sangrado se admite hasta unos 8-11 mm según el contexto, y con sangrado el umbral baja notablemente. Cualquier engrosamiento asociado a sangrado posmenopáusico se estudia con histeroscopia y biopsia.
La diferencia se explica sola: en edad fértil el endometrio crece porque hay hormonas que lo estimulan cada mes; después de la menopausia no debería haber ese estímulo, así que un endometrio grueso indica que algo lo está produciendo.
Una prueba de imagen con ultrasonidos que permite ver el útero, el endometrio y los ovarios, sin radiación y en tiempo real.
Habitualmente por vía transvaginal, con una sonda fina cubierta y lubricada que se introduce unos centímetros. Dura entre 10 y 15 minutos.
No debería. Produce sensación de presión. Un dolor intenso hay que comunicarlo, porque es un dato clínico relevante.
Para la transvaginal, no: se ve mejor vacía. Para la abdominal, sí, porque la vejiga llena hace de ventana acústica.
Sí. Es más incómodo, pero no altera el resultado. En algunos estudios de fertilidad se pide precisamente en esos días.
La transvaginal es la vía más habitual de hacer una ecografía ginecológica, pero también puede hacerse por vía abdominal cuando la vaginal no es adecuada.
Sí, por vía abdominal. Nunca se realiza una exploración vaginal sin tu consentimiento y explicándola antes.
En tuMédico.es no. Puedes reservar la visita con ecografía directamente, eligiendo centro y hora.