
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Casi todo el mundo sabe que el ginecólogo «lleva» los embarazos y hace la revisión anual. Mucha menos gente sabe que también trata el dolor con las relaciones, las pérdidas de orina al toser, los sangrados que no cuadran o los síntomas de la menopausia. La especialidad es bastante más amplia de lo que sugiere su fama.
Esta guía explica qué es la ginecología, de qué se ocupa exactamente un ginecólogo, qué pruebas hace en consulta, cuándo conviene pedir la primera cita y cómo transcurre una visita de principio a fin.
La ginecología es la especialidad médica que se ocupa de la salud del aparato reproductor femenino: útero, ovarios, trompas, vagina, vulva y, por su relación directa, también las mamas y el suelo pélvico.
El término viene del griego gyne (mujer) y logos (estudio o tratado). Literalmente, «el estudio de la mujer». En la práctica clínica cubre tres frentes que no siempre se distinguen bien desde fuera:
Conviene deshacer un malentendido de entrada: al ginecólogo no se va solo cuando algo va mal. Buena parte de su trabajo consiste precisamente en ver a mujeres que se encuentran bien, porque las lesiones que más interesa encontrar son las que aún no duelen.
Cuando alguien pregunta qué hace un ginecólogo, la respuesta corta es «salud femenina». La larga se entiende mejor por áreas.
Es el grueso de la consulta. Incluye la revisión periódica, el cribado de cáncer de cuello de útero, el estudio de sangrados anómalos, el dolor pélvico, las infecciones vaginales de repetición, los quistes de ovario, los miomas, los pólipos y la valoración de las mamas.
Es la parte dedicada al embarazo, el parto y el posparto. En España la especialidad oficial se llama Ginecología y Obstetricia, y se estudia junta: el mismo profesional está formado en ambas, aunque después muchos se dediquen más a una que a otra.
Elegir método anticonceptivo, colocar y retirar un DIU o un implante, revisar la tolerancia a la píldora, valorar la ligadura de trompas o asesorar antes de buscar un embarazo.
El estudio inicial cuando el embarazo no llega: valoración del ciclo, de la reserva ovárica y de la permeabilidad de las trompas, además de la derivación a reproducción asistida cuando procede.
El área más silenciada y una de las que más consulta genera con los años: incontinencia urinaria, prolapsos, sequedad vaginal, dolor con las relaciones y los síntomas del climaterio.
La mayoría de las pruebas ginecológicas se hacen en la propia consulta, duran pocos minutos y no requieren preparación especial:
| Prueba | Para qué sirve | Molesta |
|---|---|---|
| Exploración con espéculo | Ver directamente la vagina y el cuello del útero | Presión, no dolor |
| Citología (Papanicolau) | Detectar lesiones precancerosas del cuello del útero | Unos segundos |
| Test de VPH | Identificar el virus del papiloma de alto riesgo | Igual que la citología |
| Ecografía transvaginal | Ver útero y ovarios con detalle | Leve, no requiere vejiga llena |
| Exploración mamaria | Palpar nódulos y valorar cambios | No |
| Cultivo vaginal | Identificar el germen de una infección | No |
La combinación habitual es exploración más ecografía, y cada cierto tiempo la citología. Esa es la base de la revisión con ecografía ginecológica, que permite valorar en la misma cita lo que se ve por fuera y lo que solo se ve por dentro.
No hay una edad mágica. Hay tres situaciones que marcan el momento:
Ese matiz importa: un dolor menstrual que te obliga a faltar al trabajo o a doblarte en el suelo no es «normal por ser mujer», y merece consulta aunque tengas dieciséis años.
Saber lo que va a pasar quita la mitad del apuro. Una visita de ginecología sigue casi siempre el mismo guion.
1. La conversación. Es la parte más larga y la más útil. Te preguntarán por la fecha de tu última regla, cómo son tus ciclos, qué anticoncepción usas, cirugías previas, embarazos, antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario y qué te trae hoy.
2. La exploración. Te quedas sin ropa de cintura para abajo, con una sábana, y te colocas en la camilla. Primero una inspección de la vulva, después el espéculo para ver el cuello del útero y, si toca, la toma de la citología.
3. La ecografía. Habitualmente transvaginal, porque es la que mejor ve el útero y los ovarios. Es una sonda fina, cubierta y lubricada. No hace falta tener la vejiga llena; de hecho, se hace mejor con la vejiga vacía.
4. Las mamas. Palpación de ambos pechos y de las axilas, y explicación de cómo hacerlo tú en casa.
5. Las conclusiones. Qué se ha visto, qué pruebas quedan pendientes y cuándo volver.
Todo el proceso ronda los veinte o treinta minutos. La exploración en sí, apenas cinco.
Hay tres que aparecen una y otra vez y conviene resolver:
«¿Puedo ir con la regla?» Puedes. La exploración y la ecografía se hacen igual. La única prueba que conviene aplazar es la citología, porque la sangre dificulta la lectura de la muestra. Si tienes dolor o un sangrado raro, no esperes a que se te pase la regla.
«¿Duele?» El espéculo produce sensación de presión, no dolor. Si duele, hay que decirlo: existen espéculos de varios tamaños y se puede cambiar. Un dolor intenso y repetido con la penetración tiene nombre propio, se llama dispareunia, y es motivo de consulta en sí mismo.
«¿Y si soy virgen o no he tenido relaciones?» Se adapta la exploración. La ecografía puede hacerse por vía abdominal y el espéculo puede no ser necesario. Nunca se hace nada sin explicarlo antes.
Se confunden a menudo, y cada figura tiene un papel distinto:
Si el embarazo cursa sin complicaciones, el seguimiento se reparte entre matrona y ginecólogo. Si aparece cualquier problema, pasa al ginecólogo.
De una revisión ginecológica salen tres posibles caminos. El más frecuente, con diferencia, es que todo esté bien y se te cite dentro de uno o tres años según tu edad y tus antecedentes.
El segundo es que quede alguna prueba pendiente de resultado: la citología, un cultivo o una analítica hormonal. En tuMédico.es esos resultados están disponibles en tu área privada en 2 a 4 días laborables, con los valores de referencia al lado para que puedas comentarlos con tu médico.
El tercero es que se haya visto algo que requiere ampliar el estudio: una mamografía, una resonancia o una histeroscopia. Que haga falta una prueba más no significa que haya un diagnóstico grave; significa que se está mirando con más detalle.
La revisión programada está bien para lo que no da señales. Cuando aparece un síntoma, el calendario deja de mandar. Estos son los motivos por los que conviene adelantar la consulta:
Ninguno de estos síntomas significa por sí solo que haya algo grave. La mayoría tienen causas benignas y tratamiento sencillo. Lo que no tiene sentido es esperar seis meses a la revisión anual para preguntarlo.
Media consulta se aprovecha mejor si llegas con cuatro datos a mano:
Y una recomendación que ayuda más de lo que parece: apunta tus dudas antes de entrar. En la consulta se olvidan, y muchas veces la pregunta que uno se guarda es justamente la que más le preocupaba.
No se consulta lo mismo a los 20 que a los 50, y el contenido de la visita se adapta.
Adolescencia y primeros años. El foco está en la anticoncepción, la prevención de infecciones de transmisión sexual, la vacunación frente al VPH y las reglas dolorosas o irregulares. La exploración se reduce al mínimo imprescindible.
Edad reproductiva. Entra el cribado de cérvix, el estudio de fertilidad si el embarazo no llega, el seguimiento del embarazo y la valoración de miomas, quistes o endometriosis, que son las patologías más frecuentes de esta etapa.
Perimenopausia y menopausia. Ciclos que se descolocan, sofocos, sequedad vaginal, dolor con las relaciones, cambios de ánimo y prevención de la osteoporosis. Es la etapa en la que más consulta se genera y en la que más síntomas se toleran en silencio por darlos por inevitables.
A partir de los 65. El cribado de cérvix puede suspenderse si el anterior fue correcto, pero cobran protagonismo el suelo pélvico, la atrofia vaginal y cualquier sangrado, que a esta edad se estudia siempre.
Procede del griego gyne (mujer) y logos (estudio). Es la especialidad médica dedicada a la salud del aparato reproductor femenino.
La vulva, la vagina y el cuello del útero mediante exploración directa, y el útero, los ovarios y las trompas mediante ecografía. También explora las mamas y las axilas.
Sin síntomas, cada uno a tres años según la edad y el resultado de las pruebas previas. Con síntomas, cuando aparezcan, sin esperar a la revisión programada.
En tuMédico.es no. Puedes reservar tu visita directamente, sin prescripción ni derivación previa, eligiendo centro y hora.
Sí. Los sofocos, la sequedad vaginal, el dolor con las relaciones, los cambios de ciclo y la prevención de la osteoporosis forman parte de su ámbito.
Sí, y conviene si tiene reglas muy dolorosas o irregulares, si va a iniciar relaciones o si necesita anticoncepción. La exploración se adapta siempre a cada caso.
No. El urólogo se ocupa del aparato urinario en ambos sexos y del aparato reproductor masculino. Hay una zona compartida —la incontinencia urinaria femenina, por ejemplo— que puede atender cualquiera de los dos.