Presupuesto →
Resultados →
Atención al Cliente →

🏡 Nueva Clínica online SIBO · → Test en casa 55 €

⭐ Opiniones verificadas 4,6 / 5 →

Ahora aplaza en 3 cuotas con Scalapay →

🟢 Habla ahora con un médico 24/7 →

Flecha navegacion derecha
Flecha navegacion izquierda
Elige tu provincia
Elige tu municipio
Inicio > Artículos > Sistema endocrino > Grasa visceral: qué es y por qué es la más peligrosa
Revista médica Tumedico.es (ISSN: 2696-8894)

Grasa visceral: qué es y por qué es la más peligrosa

Grasa visceral: qué es y por qué es la más peligrosa
Compartir:

Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta  |  ISNI: 0000000517782974

Dos personas con el mismo peso y la misma altura pueden tener riesgos cardiovasculares muy distintos. La báscula no las distingue y el índice de masa corporal tampoco. Lo que las diferencia es dónde está la grasa: debajo de la piel o rodeando los órganos.

La segunda es la grasa visceral, y no es un depósito pasivo. Es tejido metabólicamente activo que fabrica hormonas y señales inflamatorias, y es la que explica por qué alguien «no tan gordo» acaba con resistencia a la insulina, hígado graso y la tensión alta.

¿Qué es la grasa visceral y en qué se diferencia de la subcutánea?

El cuerpo almacena grasa en dos compartimentos distintos, con comportamientos que no se parecen.

  • Grasa subcutánea. La que está justo debajo de la piel, la que se pellizca. Se reparte por caderas, muslos, brazos y abdomen. Funciona sobre todo como reserva energética y como aislante, y es relativamente inerte.
  • Grasa visceral. La que está dentro de la cavidad abdominal, envolviendo el hígado, el páncreas, los intestinos y el epiplón. No se pellizca ni se ve: lo que se nota desde fuera es un abdomen firme y prominente.

La diferencia decisiva es anatómica. La grasa visceral drena su contenido directamente a la vena porta, que lleva al hígado. Todo lo que libera —ácidos grasos y moléculas inflamatorias— llega al hígado concentrado y sin pasar antes por la circulación general. Es como tener el vertido justo en la entrada de la depuradora.

Y libera bastante. Este tejido produce citoquinas inflamatorias, factores que favorecen la coagulación y hormonas que regulan el apetito y la sensibilidad a la insulina. Por eso se habla de él como de un órgano endocrino, no como de un almacén.

Visita Endocrinología y Nutrición Si sufres alguna alteración hormonal, hipertensión u obesidad, un endocrino puede ayudarte a establecer una dieta adecuada a tu caso personal.
Precio desde: 30€
Comprar

¿Por qué la grasa visceral es la más peligrosa?

Porque está detrás de una cadena de problemas que se alimentan entre sí:

  • Resistencia a la insulina. Los ácidos grasos que llegan al hígado y al músculo interfieren con la señal de la insulina. El páncreas compensa produciendo más, hasta que no puede. Ese es el camino hacia la diabetes tipo 2.
  • Hígado graso metabólico. El exceso de grasa se deposita en el hepatocito y puede progresar a inflamación y fibrosis.
  • Dislipemia aterogénica: triglicéridos altos, colesterol HDL bajo y partículas de LDL pequeñas y densas, que son las que más se depositan en la arteria.
  • Hipertensión arterial, por activación de sistemas hormonales que retienen sodio.
  • Inflamación crónica de bajo grado, que acelera la aterosclerosis.
  • Mayor riesgo de algunos tumores y de apnea del sueño.

Cuando varios de estos factores coinciden se habla de síndrome metabólico, y el perímetro abdominal es uno de sus criterios diagnósticos. No es casualidad: es el que mejor se correlaciona con la grasa que está dentro.

¿Cómo se mide sin aparatos?

Existen métodos precisos —TAC, resonancia, bioimpedancia de gama alta— pero para el día a día hay medidas que informan sorprendentemente bien y son gratis.

Perímetro de la cintura

Es la medida de referencia. Se toma con una cinta métrica, de pie, al final de una espiración normal, a la altura del punto medio entre la última costilla y la cresta ilíaca, sin apretar.

Los umbrales de riesgo aumentado en población europea:

MedidaHombresMujeres
Riesgo aumentadomás de 94 cmmás de 80 cm
Riesgo altomás de 102 cmmás de 88 cm

Índice cintura-altura

Es aún más útil porque se ajusta al tamaño de cada persona. Se divide el perímetro de cintura entre la altura, en las mismas unidades. La regla es sencilla: el resultado debe ser menor de 0,5. Dicho de otra manera, la cintura debería medir menos de la mitad de tu altura.

Lo que no sirve

El índice de masa corporal por sí solo, porque no distingue grasa de músculo ni dice dónde está. Y el peso, por el mismo motivo: se puede perder grasa visceral manteniendo el peso si a la vez se gana músculo, y eso en la báscula no se ve.

¿Qué analítica refleja el exceso de grasa visceral?

No hay un parámetro que la mida directamente, pero sí varios que delatan sus consecuencias y que conviene revisar juntos:

  • Glucosa en ayunas y hemoglobina glicosilada, para ver el estado del metabolismo del azúcar.
  • Insulina basal e índice HOMA, que detectan la resistencia a la insulina antes de que la glucosa se altere. Es el hallazgo más precoz.
  • Triglicéridos y colesterol HDL, cuya combinación alterada es muy característica.
  • Transaminasas y GGT, que suben con el hígado graso.
  • Ácido úrico, frecuentemente elevado.
  • Proteína C reactiva, como marcador de inflamación de bajo grado.

El análisis de resistencia a la insulina es el que más adelanta el diagnóstico: mide glucosa e insulina basales y calcula el índice, de modo que identifica el problema cuando todavía es reversible y la glucosa sale «normal».

Análisis de Resistencia a la Insulina (Test HOMA) Con este análisis sabrás si tus niveles de Glucosa e Insulina son los normales. Además, a través del cálculo HOMA podrás conocer tu resistencia a la insulina.
Precio: 29€
Comprar

El hígado, el órgano que paga primero

Si hay un órgano que recibe el impacto antes que ningún otro es el hígado, por su posición en el circuito. La grasa visceral vierte en la vena porta y el hígado se encuentra con un flujo continuo de ácidos grasos y señales inflamatorias.

El resultado es un depósito progresivo de grasa en las células hepáticas que durante años no da ningún síntoma. Se detecta por casualidad: unas transaminasas ligeramente altas en una analítica de empresa, o un hígado «brillante» en una ecografía pedida por otro motivo.

Ese es el momento útil, porque en fase de depósito simple el proceso es reversible con los mismos cambios que reducen la grasa visceral. Si se mantiene, una parte de los casos evoluciona a inflamación y después a fibrosis, y ahí ya no se recupera igual.

Si las transaminasas aparecen altas de forma repetida, el cuadro que hay detrás con más frecuencia es justamente este, y lo desarrollamos en esta guía sobre el hígado graso metabólico.

¿Qué funciona de verdad para reducir la grasa visceral?

Buena noticia antes de empezar: la grasa visceral es la primera que se moviliza cuando se pierde peso. Responde mejor y más rápido que la subcutánea, y una reducción modesta del peso corporal —en torno al 5-10 %— produce mejoras metabólicas desproporcionadamente grandes.

Ejercicio

  • Aerobio de intensidad moderada, al menos 150 minutos semanales. Es la intervención con más evidencia específica sobre la grasa visceral, incluso sin pérdida de peso.
  • Entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana. Aumenta la masa muscular, que es el principal consumidor de glucosa, y mejora la sensibilidad a la insulina.
  • Romper el sedentarismo. Las horas sentado cuentan por separado del ejercicio: levantarse cada media hora tiene efecto propio.

Alimentación

  • Reducir azúcares libres y bebidas azucaradas. La fructosa en grandes cantidades se metaboliza en el hígado y favorece el depósito hepático.
  • Bajar los ultraprocesados, que concentran azúcar, grasa y sal.
  • Proteína suficiente en cada comida, para no perder músculo mientras se pierde grasa.
  • Fibra: verdura, legumbre y fruta entera.
  • Patrón mediterráneo, que es el que acumula más evidencia a largo plazo.
  • Limitar el alcohol. Son calorías que van directas al hígado y es uno de los factores que más contribuye al perímetro abdominal.
  • Repartir la comida en un horario estable, evitando el picoteo continuo que mantiene la insulina alta todo el día.

Lo que también cuenta y se ignora

  • Dormir entre siete y ocho horas. La privación de sueño altera las hormonas del apetito y favorece el depósito abdominal.
  • Gestionar el estrés sostenido, porque el cortisol crónico redistribuye la grasa precisamente hacia el abdomen.
  • Dejar de fumar. Aunque el tabaco se asocia a menor peso, aumenta la proporción de grasa visceral.

Conviene además medir el perímetro siempre en las mismas condiciones —misma hora, en ayunas, sin ropa que apriete— y apuntarlo cada tres o cuatro semanas. Es el seguimiento más barato que existe y el que mejor refleja lo que está cambiando por dentro.

Y lo que no funciona: los abdominales para «quemar la grasa de la barriga», porque la reducción localizada no existe; las fajas y los tratamientos estéticos, que actúan sobre la subcutánea y no sobre la que importa; y los suplementos quemagrasas, sin evidencia de efecto sobre este compartimento.

La grasa visceral después de la menopausia

Hay un momento de la vida en el que la grasa cambia de sitio sin que cambie el peso, y conviene explicarlo porque genera mucha frustración.

Antes de la menopausia, los estrógenos favorecen el depósito de grasa en caderas y muslos, un patrón que metabólicamente es más benigno. Al caer esos niveles, la distribución se desplaza hacia el abdomen y el compartimento visceral crece, incluso en mujeres que no han ganado un kilo.

Eso explica tres cosas que se viven como injustas: que la ropa deje de sentar igual con el mismo peso, que aparezcan por primera vez alteraciones en el colesterol y la glucosa, y que lo que antes funcionaba para controlar el peso ya no funcione igual.

La contramedida más eficaz en esta etapa es el entrenamiento de fuerza, porque a la redistribución hormonal se suma la pérdida de masa muscular propia de la edad. Mantener músculo es lo que sostiene el metabolismo cuando las hormonas dejan de ayudar.

¿Se puede tener grasa visceral estando delgado?

Sí, y es uno de los perfiles que más pasa desapercibido. Se conoce como obesidad de peso normal o fenotipo metabólicamente obeso: un IMC dentro de rango con un porcentaje de grasa alto, poca masa muscular y depósito visceral.

Es frecuente en personas sedentarias que nunca han entrenado fuerza, en quienes han hecho muchas dietas restrictivas perdiendo músculo por el camino y a partir de la menopausia, cuando la caída de estrógenos redistribuye la grasa desde las caderas hacia el abdomen.

Estas personas no reciben ninguna señal de alarma en la consulta porque su peso es normal, y sin embargo tienen el mismo perfil de riesgo metabólico. Por eso la cinta métrica y la analítica dicen más que la báscula.

Lo que más se pregunta sobre la barriga

¿Cuánto tarda en bajar?

Con cambios sostenidos se ven mejoras metabólicas en 8-12 semanas, a menudo antes de que el perímetro cambie de forma llamativa. La analítica mejora antes que el espejo.

¿La cerveza produce «barriga cervecera»?

El alcohol aporta calorías de fácil almacenamiento y se metaboliza en el hígado, así que contribuye. Pero el patrón abdominal no lo causa la cerveza en exclusiva: lo causa el balance global y la distribución individual.

¿Influyen las hormonas?

Mucho. El descenso de estrógenos en la menopausia y el de testosterona en el varón favorecen el depósito visceral, igual que el exceso de cortisol y el hipotiroidismo. Son causas que conviene valorar si el cambio ha sido rápido e inexplicable.

¿Es verdad que se pierde primero por la cara?

Es la impresión habitual, pero el orden real lo marca la movilización metabólica, no lo que se nota en el espejo. La grasa visceral se moviliza antes que la subcutánea; lo que ocurre es que su reducción no se ve, mientras que unos pocos milímetros menos en la cara sí. De ahí la sensación de estar perdiendo «donde no interesa» cuando en realidad está bajando justo donde más conviene.

¿Sirve la bioimpedancia de las básculas domésticas?

Dan una estimación muy poco fiable, sobre todo de grasa visceral, y varían con la hidratación. Como seguimiento de tendencia pueden valer; como medida absoluta, no.

Grasa visceral: lo que conviene recordar

No es la grasa que se pellizca, es la que rodea los órganos y vierte directamente al hígado, y por eso es la que mueve la resistencia a la insulina, el hígado graso, los triglicéridos y la tensión. El peso y el IMC no la detectan; la cinta métrica y el índice cintura-altura, sí.

Lo que la reduce es ejercicio aerobio más fuerza, menos azúcar y ultraprocesados, menos alcohol y dormir bien, y responde antes que ninguna otra grasa del cuerpo. Para poner número al componente metabólico antes de que la glucosa se altere, el primer paso es una visita de endocrinología y nutrición con la analítica correspondiente, que en tuMédico.es se pide sin volante médico y con resultados en 2-4 días laborables.

  • Redes Sociales
  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn
  • TikTok
tuMédico.es está acreditado por:
Acreditaciones de Páginas Web Sanitarias SEAFORMEC Enisa

Aceptar

Aceptar
Cargando...
Llámanos al 931 226 223 /

O escríbenos a [email protected]