
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Si has empezado a informarte sobre fertilidad, hay tres letras que aparecen enseguida: AMH. Es la abreviatura de hormona antimülleriana, y se ha convertido en el parámetro de referencia para hablar de reserva ovárica.
También es una de las pruebas peor entendidas. Un valor bajo se lee a menudo como «no vas a poder tener hijos», y eso no es lo que mide. Esta guía explica qué es la hormona antimülleriana, qué informa realmente, en qué casos conviene medirla y qué no puede decirte.
La hormona antimülleriana (AMH, por sus siglas en inglés) es una glicoproteína que producen las células de la granulosa de los folículos ováricos pequeños: los preantrales y los antrales tempranos, esos que todavía no han entrado en la carrera de la ovulación de ese mes.
Ahí está la clave de su utilidad. Cada mujer nace con una dotación finita de folículos que se va consumiendo a lo largo de la vida. Como la AMH la fabrican precisamente los folículos en reposo, su concentración en sangre refleja cuántos quedan disponibles. Es una fotografía indirecta del tamaño del almacén.
Recibe su nombre de los conductos de Müller, las estructuras embrionarias a partir de las que se forman útero, trompas y parte de la vagina. En el embrión masculino, esta hormona es justamente la que hace que esos conductos no se desarrollen.
Esta distinción es la más importante de todo el artículo.
La AMH mide cantidad, no calidad. Estima cuántos folículos quedan, no si los óvulos que producen son cromosómicamente normales. Y la calidad ovocitaria depende sobre todo de la edad, no de la AMH.
De ahí se derivan dos consecuencias que conviene tener claras:
Y la conclusión práctica: la AMH no predice si vas a lograr un embarazo de forma natural. Predice razonablemente bien cuántos óvulos se obtendrán en una estimulación ovárica, que es para lo que se diseñó su uso clínico. Mujeres con AMH muy baja consiguen embarazos espontáneos, y mujeres con AMH alta pueden tener dificultades por otros motivos.
Frente a otros marcadores hormonales, la AMH tiene dos características que la han hecho popular:
No es una prueba de rutina para toda la población. Tiene indicaciones bastante definidas:
Ese penúltimo punto merece atención: la endometriosis, especialmente cuando forma quistes en el ovario o ha requerido cirugía, es una de las causas más frecuentes de reserva ovárica disminuida en mujeres jóvenes.
La AMH sola da una imagen incompleta. El estudio de reserva ovárica suele combinar tres piezas:
| Prueba | Qué aporta | Cuándo se hace |
|---|---|---|
| Hormona antimülleriana | Estimación de folículos en reserva | Cualquier día del ciclo |
| Recuento de folículos antrales | Conteo directo por ecografía | Días 2-5 del ciclo |
| FSH y estradiol | Cómo de fuerte tiene que trabajar la hipófisis | Días 2-5 del ciclo |
Cuando las tres coinciden, la valoración es sólida. Cuando discrepan, manda la ecografía junto al criterio clínico. En el estudio completo se añade el perfil hormonal del ciclo ovárico, que incluye también LH, prolactina y hormonas tiroideas, porque un tiroides mal regulado o una prolactina alta alteran la ovulación con independencia de la reserva.
Hay factores que modifican el valor y conviene declararlos:
Es una extracción de sangre venosa corriente, de un solo tubo. No requiere ayuno y no hay que ir en un día concreto del ciclo. Dura menos de cinco minutos.
En tuMédico.es puedes reservar la prueba de hormona antimülleriana sin volante médico y sin listas de espera, y el informe queda disponible en tu área privada en 2 a 4 días laborables.
Recibir un valor bajo impresiona, y por eso conviene tener el marco antes de abrir el informe.
Una AMH baja significa que el margen temporal es más estrecho de lo esperable para tu edad. Es información accionable: puede orientar a no posponer la búsqueda, a valorar una vitrificación de óvulos o a acudir antes a una unidad de reproducción. No es un diagnóstico de infertilidad.
Una AMH alta tampoco es garantía de nada por sí sola. Valores muy elevados en una mujer con ciclos irregulares apuntan más bien a un ovario poliquístico, que tiene su propio manejo.
En ambos casos, la lectura la hace un especialista con tu edad, tus ciclos, tu ecografía y tu historia delante. El número solo es una pieza.
Para entender qué informa la AMH conviene tener claro el fenómeno que mide.
A diferencia de lo que ocurre en el varón, que produce espermatozoides de forma continua durante toda la vida adulta, la mujer nace con todos sus folículos ya formados. Alrededor de un millón al nacer, unos 300.000 en la pubertad y una cifra muy reducida al llegar a la menopausia.
Ese descenso no lo provoca la ovulación. Cada ciclo se recluta un grupo de folículos, solo uno llega a ovular y el resto degenera en un proceso llamado atresia. Se pierden así cientos de folículos al mes, ovules o no. Por eso los anticonceptivos no «ahorran» óvulos ni retrasan la menopausia, aunque sea una creencia muy extendida.
El ritmo de esa pérdida varía mucho de una mujer a otra, y ahí está la utilidad de medirla: hay mujeres de 35 años con la reserva de una de 42, y al revés.
Los tres primeros son los únicos sobre los que se puede actuar, y el primero es el único que depende enteramente de ti.
Antes de comparar tu resultado con nada, mira las unidades. Se usan dos y no son intercambiables:
La equivalencia aproximada es 1 ng/ml ≈ 7,14 pmol/l. Confundirlas hace que un valor perfectamente normal parezca alarmante, o al revés. Es el error de lectura más común con esta prueba.
Además, cada laboratorio publica su propio rango según la técnica que emplea. Los valores de referencia que aparecen en tu informe son los que valen; los de una tabla encontrada en internet, no necesariamente.
Hay un escenario en el que una AMH alta no es una buena noticia sin más: el síndrome de ovario poliquístico.
En el SOP hay muchísimos folículos pequeños que se quedan detenidos sin llegar a ovular. Como son precisamente esos folículos los que fabrican AMH, el resultado suele estar dos o tres veces por encima de lo esperable para la edad.
Eso significa reserva ovárica amplia, sí, pero acompañada de un problema de ovulación. Y sin ovulación no hay embarazo, por muchos folículos que haya. Por eso, ante una AMH muy alta con reglas irregulares, acné o exceso de vello, lo indicado es completar el estudio con un análisis hormonal del ciclo ovárico avanzado, que valora andrógenos, LH, FSH y resistencia a la insulina.
El valor por sí solo no dicta ninguna conducta. Lo que sigue son los caminos habituales.
Si sale acorde a tu edad, es una buena referencia de partida y poco más. No garantiza fertilidad ni exime de estudiar otras causas si el embarazo no llega: las trompas, el útero, la ovulación y el factor masculino siguen ahí. Conviene recordar que en torno a la mitad de los casos de esterilidad de pareja tienen un componente masculino, solo o combinado.
Si sale baja para tu edad, lo primero es no interpretarlo como una sentencia. Es una señal de que el margen temporal es más corto, y abre tres conversaciones: no posponer la búsqueda si estaba en los planes, valorar una vitrificación de óvulos, o acudir antes a una unidad de reproducción en lugar de esperar los doce meses habituales. También conviene descartar factores corregibles, como el tabaco.
Si sale muy alta, se orienta hacia el SOP y se estudia la ovulación, que es donde estará el problema si lo hay.
En los tres casos, el valor se interpreta con la ecografía de recuento folicular y con tu historia clínica delante. Nunca en solitario.
La AMH desciende de forma gradual con la edad, así que repetirla cada pocos meses no aporta nada. Tiene sentido volver a medirla en cuatro situaciones:
Ese último punto importa: si dos analíticas hechas en centros distintos dan cifras que no se parecen, el motivo más probable no es que tu reserva haya cambiado, sino que se han usado ensayos diferentes.
Una hormona producida por los folículos ováricos pequeños cuyo nivel en sangre estima cuántos folículos quedan en reserva.
Cualquiera. Es su principal ventaja frente a la FSH y el estradiol, que sí exigen los primeros días del ciclo.
No. Puedes comer y beber con normalidad antes de la extracción.
No. Estima cantidad de óvulos, no calidad ni probabilidad de embarazo natural. Su mejor uso es predecir la respuesta a una estimulación ovárica.
Pueden bajarlo alrededor de un 20-30 %. Indica siempre si los estás tomando para que se interprete correctamente.
Orienta sobre la tendencia, pero no permite fijar una fecha. Se usa como estimación poblacional, no como predicción individual.
Sí, en contextos muy concretos de endocrinología pediátrica y andrología, pero no forma parte del estudio habitual de fertilidad masculina, que se apoya en el seminograma.