
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Alguien se marea en una cola, se pone pálido, empieza a sudar frío, se le nubla la vista y tiene que agacharse o sentarse. En unos minutos está bien. ¿Ha sido una lipotimia o un síncope? La distinción importa, porque de ella depende si hay que estudiar el corazón o no.
Esta guía explica qué es una lipotimia, en qué se diferencia exactamente de un síncope, por qué el cuerpo reacciona así, qué hacer en el momento y cuáles son las señales que convierten un desmayo banal en algo que hay que mirar.
Los dos términos describen el mismo mecanismo con distinta intensidad, y lo que los separa es un detalle muy concreto:
Dicho de otro modo, la lipotimia es un síncope que no llegó a consumarse. El mecanismo subyacente es el mismo —una reducción brusca del flujo de sangre al cerebro— y por eso las causas y el estudio son idénticos.
De ahí una idea importante: que no hayas llegado a caerte no significa que no haya que estudiarlo. Lo que determina la necesidad de estudio no es la intensidad del episodio, sino las circunstancias en que ocurrió y lo que se nota antes.
La forma más frecuente, con mucha diferencia, es el síncope vasovagal o neuromediado, y entender su mecanismo quita bastante miedo.
El sistema nervioso autónomo mantiene la tensión arterial de forma permanente, ajustando la frecuencia cardiaca y el calibre de los vasos. En determinadas circunstancias, ese sistema sobrerreacciona: el nervio vago se activa en exceso, el corazón se frena, los vasos de las piernas se dilatan y la sangre se queda abajo. La tensión cae, el cerebro recibe menos riego durante unos segundos y se produce el cuadro.
Los desencadenantes clásicos:
Es un reflejo, no una enfermedad del corazón. Puede ser muy molesto y repetirse, pero en sí mismo no acorta la vida ni indica daño cardiaco.
La fase previa, cuando existe, es la gran diferencia pronóstica. Lo habitual es notar:
Esos avisos duran entre unos segundos y un minuto, y son la oportunidad para evitar el desmayo. Si quieres profundizar en uno de los síntomas más llamativos del cuadro, está esta guía sobre el sudor frío.
Si lo notas venir, el objetivo es devolver la sangre al cerebro:
Si quien se desmaya es otra persona: tumbarla, elevarle las piernas, girarle la cabeza de lado si vomita y no darle nada de beber mientras no esté plenamente consciente. Dos cosas que no hay que hacer: sentarla en una silla —mantiene la cabeza alta— y darle alcohol o colonia a oler.
Aquí está el verdadero contenido clínico del asunto. La mayoría de los episodios son vasovagales y benignos, pero hay un subgrupo de origen cardiaco que sí tiene importancia pronóstica, y se identifica por circunstancias concretas.
Señales de que puede haber un origen cardiaco:
Si el cuadro encaja con el patrón clásico —de pie, con calor, con aviso previo, en una situación identificable y con recuperación inmediata— la probabilidad de origen cardiaco es baja.
El estudio es escalonado y empieza por lo más sencillo, que además es lo que más información aporta:
Dos puntos prácticos. El electrocardiograma en consulta puede ser normal y no descartar nada si la arritmia es intermitente: para eso está el registro prolongado, y puedes pedirlo como Holter cardíaco 24h. Y no hace falta pedir una resonancia cerebral de entrada: el síncope común no es un problema neurológico y el estudio del cerebro solo se indica si hubo movimientos convulsivos atípicos o focalidad.
Junto al reflejo vasovagal hay una segunda causa muy común, sobre todo a partir de los 65 años, y con un manejo distinto: la caída de tensión al incorporarse.
Al ponerse de pie, medio litro de sangre se desplaza hacia las piernas por gravedad. En condiciones normales el organismo compensa en segundos contrayendo los vasos y acelerando el pulso. Cuando ese reflejo falla o está bloqueado por fármacos, la tensión baja y no se recupera.
Se define como un descenso de más de 20 mmHg en la sistólica o de 10 en la diastólica en los tres primeros minutos de bipedestación, y se mide en consulta de forma muy sencilla: tensión tumbado y después de pie.
Las causas que más veces lo explican:
La diferencia práctica con el reflejo vasovagal es la postura y el momento: aquí el episodio ocurre siempre al cambiar de posición, en los primeros segundos, y no necesita ningún desencadenante emocional. Y el tratamiento empieza casi siempre por revisar la lista de medicamentos, no por estudiar el corazón.
No todo lo que parece un desvanecimiento lo es:
Hay un detalle que confunde a menudo: durante un síncope prolongado pueden aparecer unas sacudidas breves de los brazos y las piernas. Es normal y se debe a la falta momentánea de oxígeno, no significa epilepsia.
En el síncope vasovagal recurrente, las medidas no farmacológicas son el tratamiento principal y funcionan bastante bien:
Y una recomendación práctica que a veces no se dice: avisar de la tendencia antes de una extracción de sangre o de una cura. Hacerla tumbado evita el episodio y la caída.
El episodio vasovagal en sí no es peligroso. El riesgo está en la caída —fracturas, traumatismo craneal— y en el contexto: desmayarse conduciendo o en una escalera es otra cosa. Y en el síncope de origen cardiaco el riesgo sí depende de la enfermedad que lo causa.
Tras un episodio aislado y claramente vasovagal, con desencadenante identificado, habitualmente sí. Con episodios repetidos, sin aviso previo o pendientes de estudio, hay que consultarlo, porque existen recomendaciones específicas.
Es uno de los desencadenantes más clásicos y combina varios factores: el ayuno, la postura, la ansiedad anticipatoria y el estímulo del pinchazo. La solución es sencilla: avisar y que te la hagan tumbado, con agua antes y algo de comer después.
Predispone, porque el margen hasta el umbral de riego cerebral insuficiente es menor. Pero tener la tensión baja de forma constante y sin síntomas no es una enfermedad, y de hecho se asocia a mejor pronóstico cardiovascular a largo plazo.
Existe una predisposición familiar al reflejo vasovagal. Lo que sí importa buscar en la familia son los antecedentes de muerte súbita o de arritmias hereditarias, porque eso cambia por completo el enfoque.
Si notaste venir el mareo, con sudor frío, náusea y visión borrosa, estabas de pie, hacía calor o había un desencadenante claro, y te recuperaste en segundos al tumbarte, el cuadro encaja con un reflejo vasovagal y es benigno, aunque convenga comentarlo.
Cambia por completo si ocurrió sin ningún aviso, durante el esfuerzo, estando sentado o tumbado, con palpitaciones o dolor en el pecho, o si hay cardiopatía o antecedentes familiares de muerte súbita. En ese caso no se espera: lo que toca es un electrocardiograma y una valoración cardiológica, que en tuMédico.es puedes pedir como visita de cardiología con electrocardiograma sin volante médico.