
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Durante años fue una enfermedad de la que solo hablaban los abuelos. En España se consideró eliminada, es decir, sin transmisión propia mantenida. Pero el sarampión ha vuelto a aparecer en brotes por toda Europa, y la razón no es que el virus haya cambiado: es que han bajado las coberturas de vacunación.
Esta guía explica los síntomas del sarampión, cómo se contagia —es el virus más transmisible que se conoce—, cuánto dura, qué complicaciones puede dar y por qué un solo caso basta para montar un brote.
Conviene empezar por aquí, porque explica todo lo demás. El sarampión se transmite por vía aérea, en aerosoles, y tiene dos características que lo hacen excepcional.
La primera es su capacidad de transmisión. Una persona infectada contagia de media a unas 12 a 18 personas susceptibles. Para comparar: la gripe ronda entre una y dos. Dicho de otro modo, en una habitación con diez personas no vacunadas, nueve se infectarán.
La segunda es su persistencia en el aire. Las partículas víricas permanecen suspendidas y siguen siendo infecciosas hasta dos horas después de que el enfermo haya salido de la sala. No hace falta contacto directo ni estar en el mismo momento: basta entrar después en el mismo espacio cerrado.
A eso se suma el peor detalle desde el punto de vista del control: el periodo contagioso empieza cuatro días antes de que aparezca la erupción, cuando el cuadro parece un catarro y nadie sospecha nada, y se extiende hasta cuatro días después.
El cuadro tiene una secuencia muy reconocible que se desarrolla en unas dos semanas.
Sin ningún síntoma. La persona ya está infectada pero se encuentra bien.
Aquí es donde se confunde con cualquier virus de invierno, y donde más se contagia:
Al final de esta fase aparece el signo que permite anticipar el diagnóstico antes de que salga el exantema: las manchas de Koplik, unos puntos blanquecinos del tamaño de un grano de sal sobre la mucosa de las mejillas, a la altura de los molares. Duran uno o dos días y hay que mirar expresamente dentro de la boca para verlas.
La mejoría empieza dos o tres días después del exantema. La tos puede persistir una o dos semanas más, y el cansancio también. Un dato útil para vigilar la evolución: si la fiebre reaparece después de haber bajado, hay que sospechar una complicación bacteriana sobreañadida y consultar.
Varios cuadros producen fiebre y manchas, y distinguirlos importa porque el sarampión obliga a aislar y a notificar:
Los tres datos que más orientan hacia el sarampión son la tríada de tos, mocos y conjuntivitis precediendo al exantema, la fotofobia y que la fiebre no ceda al salir las manchas.
Ante una sospecha, la confirmación es obligatoria porque se trata de una enfermedad de declaración urgente a Salud Pública. Las pruebas:
Una determinación de IgG también es la forma de resolver una duda muy frecuente en adultos: si uno está protegido o no, cuando no recuerda si pasó la enfermedad ni tiene constancia de haber recibido las dos dosis de vacuna.
Existe la idea de que es una enfermedad infantil, y eso hace que se infravalore cuando aparece en un adulto. Los datos apuntan justo al revés: en mayores de 20 años el cuadro es más intenso y las complicaciones más frecuentes.
Las diferencias que se observan:
El grupo de riesgo son los adultos nacidos en determinadas cohortes: demasiado jóvenes para haber pasado la enfermedad de forma natural, cuando circulaba libremente, y demasiado mayores para haber recibido las dos dosis del calendario actual. Muchos recibieron solo una, lo que deja una protección incompleta.
Si estás en esa franja, no recuerdas haber pasado el sarampión y no tienes constancia documental de dos dosis, lo razonable es consultarlo: se resuelve con una serología o, directamente, completando la pauta.
Esta es la parte que explica por qué el sarampión no es «una enfermedad leve de la infancia». Alrededor de un 30 % de los casos presenta alguna complicación, y el riesgo es mayor en menores de cinco años, adultos, embarazadas, personas desnutridas e inmunodeprimidas.
En el embarazo aumenta el riesgo de aborto, parto prematuro y bajo peso al nacer.
La respuesta es aritmética. Para interrumpir la transmisión de un virus tan contagioso hace falta una cobertura de vacunación muy alta, en torno al 95 % con dos dosis. Con ese nivel, los casos importados no encuentran suficientes personas susceptibles y el brote se apaga solo.
Cuando la cobertura baja de ese umbral, aunque sea unos pocos puntos y de forma desigual por zonas, se acumulan bolsas de población no protegida. Un único caso llegado del extranjero basta para iniciar una cadena.
Los factores que han contribuido:
Hay además un grupo que no puede protegerse por sí mismo y depende por completo del resto: los lactantes menores de doce meses, que todavía no han recibido la primera dosis, y las personas con inmunodepresión, a las que no se les puede administrar una vacuna de virus atenuados. Son los que pagan la caída de cobertura de los demás.
La vacuna es la triple vírica, que protege frente a sarampión, rubéola y parotiditis, y en algunas presentaciones incluye varicela. Dos dosis confieren una protección en torno al 97 %.
Puntos prácticos:
Otras enfermedades que la vacunación mantuvo a raya y que reaparecen cuando bajan las coberturas siguen el mismo patrón; el caso de la difteria lo explicamos en esta guía sobre qué es la difteria.
Hasta cuatro días después del inicio de la erupción, y más tiempo en personas inmunodeprimidas. El aislamiento debe ser respiratorio, no solo de contacto.
No. Haber pasado la enfermedad deja inmunidad para toda la vida. Lo que sí ocurre es que muchas personas creen haberlo pasado y en realidad tuvieron otro exantema vírico, y ahí la serología aclara la duda.
No existe antivírico frente al sarampión. El tratamiento es de soporte: hidratación, antitérmicos, reposo y vigilancia de complicaciones. La Organización Mundial de la Salud recomienda vitamina A en niños, que reduce la mortalidad.
Con dos dosis la protección es muy alta, pero no absoluta. Los casos en vacunados son poco frecuentes, suelen ser más leves y contagian menos.
Es una costumbre heredada de cuando se creía que la luz empeoraba la enfermedad o dañaba la vista. No es así: el sarampión no causa ceguera por la luz. Lo que sí produce es fotofobia, una molestia real con la claridad por la conjuntivitis, así que atenuar la luz de la habitación es razonable por comodidad del enfermo, no por ningún efecto sobre el virus.
Contactar con el centro de salud sin acudir directamente a una sala de espera, para que organicen la valoración evitando exponer a otras personas. Y revisar el estado vacunal de toda la familia.
Es el virus más contagioso conocido, permanece en el aire dos horas y empieza a transmitirse cuatro días antes de que aparezca ninguna mancha. Eso explica que un solo caso genere un brote y que el control dependa de la vacunación, no de aislar enfermos.
El patrón que lo identifica es tos, mocos y conjuntivitis con fotofobia durante tres o cuatro días, y después una erupción que baja desde detrás de las orejas mientras la fiebre sigue alta. Y no es una enfermedad banal: una de cada tres personas tiene alguna complicación. Si tienes dudas sobre el estado vacunal de un niño o sobre un exantema con fiebre, la visita de pediatría se pide en tuMédico.es sin volante médico y con cita en pocos días.