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Revista médica Tumedico.es (ISSN: 2696-8894)

Sarampión: síntomas, contagio y por qué está volviendo

Sarampión: síntomas, contagio y por qué está volviendo
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Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta  |  ISNI: 0000000517782974

Durante años fue una enfermedad de la que solo hablaban los abuelos. En España se consideró eliminada, es decir, sin transmisión propia mantenida. Pero el sarampión ha vuelto a aparecer en brotes por toda Europa, y la razón no es que el virus haya cambiado: es que han bajado las coberturas de vacunación.

Esta guía explica los síntomas del sarampión, cómo se contagia —es el virus más transmisible que se conoce—, cuánto dura, qué complicaciones puede dar y por qué un solo caso basta para montar un brote.

El virus más contagioso que existe

Conviene empezar por aquí, porque explica todo lo demás. El sarampión se transmite por vía aérea, en aerosoles, y tiene dos características que lo hacen excepcional.

La primera es su capacidad de transmisión. Una persona infectada contagia de media a unas 12 a 18 personas susceptibles. Para comparar: la gripe ronda entre una y dos. Dicho de otro modo, en una habitación con diez personas no vacunadas, nueve se infectarán.

La segunda es su persistencia en el aire. Las partículas víricas permanecen suspendidas y siguen siendo infecciosas hasta dos horas después de que el enfermo haya salido de la sala. No hace falta contacto directo ni estar en el mismo momento: basta entrar después en el mismo espacio cerrado.

A eso se suma el peor detalle desde el punto de vista del control: el periodo contagioso empieza cuatro días antes de que aparezca la erupción, cuando el cuadro parece un catarro y nadie sospecha nada, y se extiende hasta cuatro días después.

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Los síntomas del sarampión, por fases

El cuadro tiene una secuencia muy reconocible que se desarrolla en unas dos semanas.

Incubación: de 10 a 14 días

Sin ningún síntoma. La persona ya está infectada pero se encuentra bien.

Fase catarral o prodrómica: 3 a 5 días

Aquí es donde se confunde con cualquier virus de invierno, y donde más se contagia:

  • Fiebre alta, que va subiendo cada día y puede superar los 39-40 °C.
  • Tos seca e intensa.
  • Mocos abundantes y congestión nasal.
  • Conjuntivitis con ojos rojos, lagrimeo y molestia intensa con la luz. Esa fotofobia es bastante característica.
  • Malestar general marcado y pérdida de apetito.
  • Voz ronca y, en niños pequeños, tos de timbre metálico por afectación de la laringe.

Al final de esta fase aparece el signo que permite anticipar el diagnóstico antes de que salga el exantema: las manchas de Koplik, unos puntos blanquecinos del tamaño de un grano de sal sobre la mucosa de las mejillas, a la altura de los molares. Duran uno o dos días y hay que mirar expresamente dentro de la boca para verlas.

Fase exantemática: 4 a 7 días

  • Erupción rojiza de manchas que se van uniendo entre sí, no vesículas ni ampollas.
  • Empieza detrás de las orejas y en la frente, y desciende por la cara, el tronco y después las extremidades. Ese avance de arriba abajo es muy típico.
  • La fiebre sube coincidiendo con la aparición de la erupción, no baja.
  • Al cabo de unos días las manchas se oscurecen y la piel descama ligeramente, siguiendo el mismo orden en que aparecieron.

La mejoría empieza dos o tres días después del exantema. La tos puede persistir una o dos semanas más, y el cansancio también. Un dato útil para vigilar la evolución: si la fiebre reaparece después de haber bajado, hay que sospechar una complicación bacteriana sobreañadida y consultar.

¿Con qué se confunde el sarampión?

Varios cuadros producen fiebre y manchas, y distinguirlos importa porque el sarampión obliga a aislar y a notificar:

  • Rubéola. Exantema más tenue y fugaz, fiebre baja y ganglios aumentados detrás de las orejas y en el cuello. El estado general apenas se afecta.
  • Escarlatina. De origen bacteriano, con piel que recuerda al papel de lija, lengua aframbuesada y faringitis marcada.
  • Roséola infantil. Aquí la clave es el orden: la fiebre alta dura tres días y el sarpullido sale cuando la fiebre ya ha bajado. En el sarampión ocurre lo contrario.
  • Varicela. Vesículas con líquido en distintas fases a la vez, y picor intenso.
  • Reacción alérgica a un fármaco, sin fase catarral previa ni conjuntivitis.
  • Enterovirus y otros exantemas víricos inespecíficos, que son la causa más habitual de fiebre con manchas en la infancia.

Los tres datos que más orientan hacia el sarampión son la tríada de tos, mocos y conjuntivitis precediendo al exantema, la fotofobia y que la fiebre no ceda al salir las manchas.

¿Cómo se confirma un caso de sarampión?

Ante una sospecha, la confirmación es obligatoria porque se trata de una enfermedad de declaración urgente a Salud Pública. Las pruebas:

  • Serología, con determinación de anticuerpos IgM e IgG. La IgM indica infección reciente; la IgG, inmunidad. La analítica de inmunoglobulina permite valorar esos niveles cuando hay que comprobar el estado inmunitario.
  • PCR en muestra faríngea, nasal o de orina, que detecta el virus de forma directa y es la prueba de referencia en los brotes.
  • Analítica general, que suele mostrar descenso de leucocitos.

Una determinación de IgG también es la forma de resolver una duda muy frecuente en adultos: si uno está protegido o no, cuando no recuerda si pasó la enfermedad ni tiene constancia de haber recibido las dos dosis de vacuna.

El sarampión en adultos: ¿por qué es peor?

Existe la idea de que es una enfermedad infantil, y eso hace que se infravalore cuando aparece en un adulto. Los datos apuntan justo al revés: en mayores de 20 años el cuadro es más intenso y las complicaciones más frecuentes.

Las diferencias que se observan:

  • Fiebre más alta y prolongada, con afectación general más marcada.
  • Más neumonía y más hepatitis asociada, que se detecta como elevación de transaminasas.
  • Más ingresos hospitalarios que en la población infantil.
  • Convalecencia más larga, con semanas de astenia.

El grupo de riesgo son los adultos nacidos en determinadas cohortes: demasiado jóvenes para haber pasado la enfermedad de forma natural, cuando circulaba libremente, y demasiado mayores para haber recibido las dos dosis del calendario actual. Muchos recibieron solo una, lo que deja una protección incompleta.

Si estás en esa franja, no recuerdas haber pasado el sarampión y no tienes constancia documental de dos dosis, lo razonable es consultarlo: se resuelve con una serología o, directamente, completando la pauta.

¿Qué complicaciones puede tener el sarampión?

Esta es la parte que explica por qué el sarampión no es «una enfermedad leve de la infancia». Alrededor de un 30 % de los casos presenta alguna complicación, y el riesgo es mayor en menores de cinco años, adultos, embarazadas, personas desnutridas e inmunodeprimidas.

  • Otitis media, la más frecuente, que puede dejar pérdida auditiva.
  • Diarrea con riesgo de deshidratación.
  • Neumonía, vírica o bacteriana sobreañadida. Es la causa más frecuente de muerte por sarampión.
  • Laringotraqueítis con dificultad respiratoria.
  • Encefalitis, que aparece en torno a uno de cada mil casos y puede dejar secuelas neurológicas.
  • Panencefalitis esclerosante subaguda, una complicación tardía, devastadora y mortal, que puede manifestarse años después de la infección.
  • Amnesia inmunitaria. El virus borra parte de la memoria inmunológica frente a otros patógenos, lo que deja al paciente más vulnerable a otras infecciones durante meses o años.

En el embarazo aumenta el riesgo de aborto, parto prematuro y bajo peso al nacer.

Analítica de Inmunoglobulina Las Inmunoglobulinas son anticuerpos producidos por el sistema inmune que ayudan a proteger al cuerpo contra infecciones. Existen tres tipos principales (IgA, IgG, IgM) que son analizadas en este test.
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¿Por qué está volviendo el sarampión?

La respuesta es aritmética. Para interrumpir la transmisión de un virus tan contagioso hace falta una cobertura de vacunación muy alta, en torno al 95 % con dos dosis. Con ese nivel, los casos importados no encuentran suficientes personas susceptibles y el brote se apaga solo.

Cuando la cobertura baja de ese umbral, aunque sea unos pocos puntos y de forma desigual por zonas, se acumulan bolsas de población no protegida. Un único caso llegado del extranjero basta para iniciar una cadena.

Los factores que han contribuido:

  • Caída de las coberturas durante la pandemia, con millones de niños que se quedaron sin su dosis a tiempo en todo el mundo.
  • Desinformación y reticencia vacunal.
  • Movilidad internacional, que importa casos desde zonas con transmisión activa.
  • Adultos con pauta incompleta, especialmente determinadas cohortes que recibieron una sola dosis.

Hay además un grupo que no puede protegerse por sí mismo y depende por completo del resto: los lactantes menores de doce meses, que todavía no han recibido la primera dosis, y las personas con inmunodepresión, a las que no se les puede administrar una vacuna de virus atenuados. Son los que pagan la caída de cobertura de los demás.

La vacuna del sarampión: ¿a quién protege y cuándo?

La vacuna es la triple vírica, que protege frente a sarampión, rubéola y parotiditis, y en algunas presentaciones incluye varicela. Dos dosis confieren una protección en torno al 97 %.

Puntos prácticos:

  • Se administra en la infancia en dos dosis, según el calendario vigente.
  • Es una vacuna de virus atenuados, así que no se administra en embarazo ni en inmunodepresión grave.
  • Los adultos no vacunados o con una sola dosis pueden completar la pauta, y es especialmente recomendable antes de viajar, en personal sanitario y docente.
  • Ante un contacto con un caso confirmado existe la posibilidad de profilaxis posexposición, que debe administrarse en las primeras 72 horas, o inmunoglobulina en plazos algo mayores para grupos de riesgo.
  • La relación entre esta vacuna y el autismo fue refutada hace décadas: el estudio que la originó se retiró por fraude y múltiples investigaciones posteriores con millones de niños no han hallado ninguna asociación.

Otras enfermedades que la vacunación mantuvo a raya y que reaparecen cuando bajan las coberturas siguen el mismo patrón; el caso de la difteria lo explicamos en esta guía sobre qué es la difteria.

Lo que más se pregunta ante un caso en el colegio

¿Cuánto tiempo hay que estar aislado?

Hasta cuatro días después del inicio de la erupción, y más tiempo en personas inmunodeprimidas. El aislamiento debe ser respiratorio, no solo de contacto.

¿Se puede pasar dos veces?

No. Haber pasado la enfermedad deja inmunidad para toda la vida. Lo que sí ocurre es que muchas personas creen haberlo pasado y en realidad tuvieron otro exantema vírico, y ahí la serología aclara la duda.

¿Hay tratamiento específico?

No existe antivírico frente al sarampión. El tratamiento es de soporte: hidratación, antitérmicos, reposo y vigilancia de complicaciones. La Organización Mundial de la Salud recomienda vitamina A en niños, que reduce la mortalidad.

¿Mi hijo vacunado puede contagiarse?

Con dos dosis la protección es muy alta, pero no absoluta. Los casos en vacunados son poco frecuentes, suelen ser más leves y contagian menos.

¿Hay que bajar las persianas?

Es una costumbre heredada de cuando se creía que la luz empeoraba la enfermedad o dañaba la vista. No es así: el sarampión no causa ceguera por la luz. Lo que sí produce es fotofobia, una molestia real con la claridad por la conjuntivitis, así que atenuar la luz de la habitación es razonable por comodidad del enfermo, no por ningún efecto sobre el virus.

¿Qué hago si hemos estado expuestos?

Contactar con el centro de salud sin acudir directamente a una sala de espera, para que organicen la valoración evitando exponer a otras personas. Y revisar el estado vacunal de toda la familia.

Sarampión: lo que hay que retener

Es el virus más contagioso conocido, permanece en el aire dos horas y empieza a transmitirse cuatro días antes de que aparezca ninguna mancha. Eso explica que un solo caso genere un brote y que el control dependa de la vacunación, no de aislar enfermos.

El patrón que lo identifica es tos, mocos y conjuntivitis con fotofobia durante tres o cuatro días, y después una erupción que baja desde detrás de las orejas mientras la fiebre sigue alta. Y no es una enfermedad banal: una de cada tres personas tiene alguna complicación. Si tienes dudas sobre el estado vacunal de un niño o sobre un exantema con fiebre, la visita de pediatría se pide en tuMédico.es sin volante médico y con cita en pocos días.

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