
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Te has hecho el test del aliento y en el informe pone: hidrógeno positivo. Ya sabes que tienes SIBO, pero ahora aparece un matiz que nadie te había explicado: hay más de un tipo, y el tuyo tiene nombre y apellido.
Esta guía va del SIBO de hidrógeno: qué lo diferencia del de metano y del de sulfuro, por qué da diarrea en lugar de estreñimiento, con qué se trata y por qué esa distinción cambia por completo el enfoque.
El SIBO consiste en que hay demasiadas bacterias en el intestino delgado, un tramo que debería estar relativamente poco poblado. Esas bacterias fermentan los azúcares de la comida antes de que puedas absorberlos, y en esa fermentación producen gas.
Se llama SIBO de hidrógeno cuando el gas predominante es el hidrógeno. Es el subtipo más frecuente: en torno a dos tercios de los casos.
Lo producen bacterias como Escherichia coli, Klebsiella, Enterococcus y otras del grupo de las aerobias facultativas. Son bacterias normales de tu intestino, y ahí está la idea que más cuesta asimilar: el problema no es qué bacterias son, sino dónde están y cuántas. En el colon serían perfectamente normales. En el intestino delgado, y en exceso, dan síntomas.
Y hay un detalle que hace posible todo el diagnóstico: las células humanas no producen hidrógeno. Ninguna. Si aparece hidrógeno en tu aliento, solo puede venir de bacterias fermentando. Por eso el test del aliento funciona: mide un gas que tu cuerpo no sabe fabricar.
Aquí está el núcleo del asunto, y es lo que explica por qué dos personas con el mismo diagnóstico tienen síntomas opuestos.
| Tipo | Microorganismo | Síntoma dominante | Frecuencia |
|---|---|---|---|
| Hidrógeno | Bacterias (E. coli, Klebsiella) | Diarrea, heces sueltas | ~60-65 % |
| Metano (IMO) | Arqueas (M. smithii) | Estreñimiento | ~25-30 % |
| Sulfuro de hidrógeno | Bacterias reductoras de sulfato | Diarrea y gases con olor a huevo podrido | ~5-10 % |
La diferencia entre el hidrógeno y el metano tiene una explicación mecánica muy concreta, y es de los detalles más bonitos de esta enfermedad.
El hidrógeno es el producto final de la fermentación bacteriana. Se acumula y sale en el aliento o en forma de gases. Acelera el tránsito: de ahí la diarrea.
El metano no lo producen bacterias, sino arqueas, unos microorganismos distintos. Y no fermentan comida: consumen el hidrógeno que fabrican las bacterias y lo convierten en metano. Son, literalmente, carroñeras del hidrógeno ajeno. El metano tiene el efecto contrario: frena el músculo intestinal y enlentece el tránsito, causando estreñimiento.
Esa relación explica dos cosas que confunden mucho:
Si tu caso es el contrario y predomina el metano, tenemos una guía dedicada al SIBO de metano.
El cuadro típico incluye:
Cuando lleva tiempo, aparecen consecuencias por malabsorción, porque las bacterias compiten por tus nutrientes y dañan la pared intestinal:
Un detalle diferencial útil: en el SIBO de hidrógeno la vitamina B12 baja pero el ácido fólico puede estar alto, porque las bacterias lo fabrican. Esa combinación (B12 baja + fólico alto) es bastante sugestiva y muchas veces pasa desapercibida en una analítica.
Los síntomas generales del cuadro los desarrollamos en la guía de síntomas del SIBO. Aquí interesa lo que distingue al subtipo de hidrógeno: si te has quedado con la idea de que el SIBO estriñe, este no es tu caso. El de hidrógeno hace lo contrario.
El SIBO casi nunca es un accidente. Es la consecuencia de que haya fallado alguno de los mecanismos que mantienen limpio el intestino delgado:
Este apartado es el que decide si te curas o recaes. Tratar el SIBO sin corregir la causa es vaciar una bañera con el grifo abierto, y explica la mayoría de las recaídas.
Con el test SIBO del aliento. Bebes una solución de lactulosa o glucosa y soplas en tubos cada 15-20 minutos durante 2-3 horas.
El criterio de positividad para el hidrógeno es una subida de 20 ppm o más sobre el valor basal en los primeros 90-100 minutos. Los dos elementos importan: la magnitud y el momento. Una subida temprana señala fermentación en el intestino delgado; una tardía es simplemente el colon haciendo su trabajo, y eso no es SIBO.
Dos condiciones para que el resultado valga:
Si prefieres no bloquear una mañana entera en un centro, el Test de SIBO en casa usa el mismo principio y el mismo laboratorio; solo cambia quién recoge las muestras. La única exigencia es respetar los tiempos de cada tubo con rigor, porque toda la interpretación depende de la curva.
Aquí está la razón práctica de todo lo anterior: el tratamiento depende del gas. Y el de hidrógeno tiene una ventaja clara.
El tratamiento de referencia es la rifaximina, un antibiótico que apenas se absorbe: actúa dentro del intestino y no pasa a la sangre, por lo que tiene pocos efectos sistémicos. La pauta habitual es de 14 días y debe indicarla tu médico.
Y este es el dato que marca la diferencia entre subtipos: en el SIBO de hidrógeno, la rifaximina sola consigue tasas de respuesta en torno al 60-70 %. En el de metano no basta: hace falta añadir un segundo antibiótico, porque las arqueas son mucho más resistentes.
El SIBO de hidrógeno es el subtipo que mejor responde al tratamiento. Si te ha tocado uno, este es el que conviene tener.
Las recaídas son frecuentes: alrededor de un tercio en los primeros nueve meses. Lo que las reduce no es repetir antibióticos, sino:
En tuMédico.es vemos con frecuencia a personas que han hecho tres y cuatro tandas de antibiótico sin que nadie se haya preguntado por qué recaen. Nuestra experiencia es clara en esto: el antibiótico es la parte fácil. Lo que decide el resultado a un año es haber encontrado y corregido lo que permitió el sobrecrecimiento.
La dieta acompaña al tratamiento, no lo sustituye, y conviene entender qué hace exactamente cada enfoque.
La dieta baja en FODMAP retira temporalmente los azúcares que más fermentan: legumbres, cebolla, ajo, trigo, manzana, pera, coles, lácteos con lactosa y edulcorantes tipo sorbitol. Al quitar el sustrato, las bacterias producen menos gas y los síntomas bajan. Es eficaz, y ahí está su trampa: alivia tanto que mucha gente se queda en ella indefinidamente.
Ese es el error más extendido. La dieta no mata al sobrecrecimiento, lo silencia: reduce el combustible, pero las bacterias siguen donde estaban. Y mantenerla durante meses tiene un coste real, porque los alimentos que retira son precisamente los que alimentan a la microbiota buena del colon. El resultado a largo plazo es una microbiota más pobre y una lista de alimentos «prohibidos» cada vez más larga.
El planteamiento razonable es: dieta baja en FODMAP unas semanas, en paralelo al tratamiento, y reintroducción guiada después, alimento por alimento, para recuperar la mayor variedad posible. La dieta es un andamio, no la casa.
Hay un matiz más, y es contraintuitivo: durante el antibiótico, algunos especialistas prefieren no restringir demasiado. La rifaximina actúa mejor sobre bacterias activas, así que dejarlas sin comer del todo puede restarle eficacia. Es una decisión que corresponde a quien lleva tu caso.
Es el subtipo de sobrecrecimiento bacteriano en el que el gas predominante es el hidrógeno, producido por bacterias como E. coli o Klebsiella que fermentan los azúcares en el intestino delgado. Es el más frecuente: unos dos tercios de los casos. Se diagnostica con el test del aliento, porque las células humanas no producen hidrógeno: si aparece en el aliento, solo puede venir de bacterias. Su síntoma más característico es la diarrea, no el estreñimiento.
El microorganismo y el efecto sobre el tránsito. El hidrógeno lo producen bacterias y acelera el intestino, causando diarrea. El metano lo producen arqueas, que no fermentan comida sino que consumen el hidrógeno de las bacterias, y frena el músculo intestinal, causando estreñimiento. También cambia el tratamiento: el de hidrógeno suele responder a rifaximina sola, mientras que el de metano necesita añadir un segundo antibiótico porque las arqueas son más resistentes.
El de referencia es la rifaximina, habitualmente durante 14 días y siempre con indicación médica. Es un antibiótico que apenas se absorbe, así que actúa en el intestino con pocos efectos generales. En este subtipo alcanza tasas de respuesta del 60-70 % en monoterapia, lo que lo convierte en el SIBO que mejor responde. Se complementa con dieta baja en fermentables de forma temporal, procinéticos para evitar recaídas y la corrección de los déficits de B12 o hierro.
Diarrea o heces sueltas, a menudo con urgencia. Es justo lo contrario de lo que mucha gente espera, porque la idea extendida de que el SIBO estriñe corresponde en realidad al de metano. El hidrógeno acelera el tránsito intestinal; el metano lo frena. Si tienes ambos gases elevados, los síntomas pueden alternar entre diarrea y estreñimiento, que es un patrón mixto bastante habitual.
Puede ocurrir. La razón más curiosa es que tengas muchas arqueas productoras de metano: consumen el hidrógeno según se produce, de modo que en el aliento aparece poco pese a que sí se está fabricando. Otras causas son haber tomado antibióticos en las semanas previas, una preparación mal hecha, o que se haya usado glucosa cuando el sobrecrecimiento está en el tramo final del intestino. Si los síntomas son claros y el test es negativo, coméntalo con tu médico.