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Revista médica Tumedico.es (ISSN: 2696-8894)

Síndrome de Ramsay Hunt, el herpes que paraliza media cara

Síndrome de Ramsay Hunt, el herpes que paraliza media cara
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Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta  |  ISNI: 0000000517782974

Un día aparece dolor dentro del oído. Al siguiente, unas ampollas en el pabellón auricular y en el conducto. Y al tercero, media cara deja de moverse: el párpado no cierra, la boca se desvía y no se puede silbar. Esa secuencia tiene nombre propio.

El síndrome de Ramsay Hunt es la reactivación del virus de la varicela en el nervio facial, y es la segunda causa de parálisis facial periférica después de la parálisis de Bell. Lo que lo distingue es que aquí el tiempo cuenta mucho: tratarlo en las primeras 72 horas cambia el pronóstico de recuperación.

¿Qué es el síndrome de Ramsay Hunt?

Para entenderlo hay que empezar por el virus. El virus varicela-zóster causa la varicela en la infancia y, cuando esta se cura, no desaparece: queda latente dentro de los ganglios nerviosos, en silencio, durante décadas.

Si la vigilancia inmunitaria baja —por edad, estrés, una enfermedad o un tratamiento inmunosupresor—, el virus puede reactivarse. Viaja a lo largo del nervio en el que estaba acantonado, provoca inflamación y sale a la piel en forma de vesículas siguiendo el territorio de ese nervio. Eso es un herpes zóster.

Cuando el ganglio donde estaba dormido es el del nervio facial, el cuadro resultante es el síndrome de Ramsay Hunt. Y como ese nervio es el que mueve los músculos de la cara, la consecuencia no es solo una erupción dolorosa: es una parálisis.

La proximidad anatómica explica el resto. El nervio facial recorre un canal óseo estrecho dentro del hueso temporal, muy cerca del nervio auditivo y del vestibular. Al inflamarse, se comprime a sí mismo contra el hueso y arrastra a sus vecinos, y de ahí que aparezcan también sordera y vértigo.

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La tríada que identifica un Ramsay Hunt

El diagnóstico es clínico y se apoya en tres elementos que, juntos, son bastante inequívocos:

  1. Dolor intenso en el oído, que suele ser el primer síntoma y precede en días a todo lo demás. Es un dolor profundo, descrito como punzante o quemante, que no cede con analgésicos habituales.
  2. Vesículas en el pabellón auricular, el conducto auditivo externo, el paladar o la lengua. Son pequeñas, agrupadas, sobre base enrojecida, y después forman costra.
  3. Parálisis facial periférica del mismo lado: afecta a toda la hemicara, incluida la frente.

El problema práctico es que la tríada no siempre está completa al mismo tiempo. La parálisis puede aparecer antes que las vesículas, y existe una forma sin erupción visible —el llamado zóster sin herpes— que es la que más se confunde con una parálisis de Bell.

Síntomas que acompañan con frecuencia:

  • Pérdida de audición en ese oído.
  • Acúfenos, ese zumbido o pitido continuo.
  • Vértigo y sensación de inestabilidad.
  • Hiperacusia: los sonidos normales resultan molestamente intensos.
  • Alteración del gusto en los dos tercios anteriores de la lengua.
  • Dificultad para articular algunas consonantes, al no poder cerrar bien los labios.
  • Sequedad ocular y disminución del lagrimeo.
  • Dificultad para cerrar el ojo y para beber sin que se escape el líquido.

¿En qué se diferencia de la parálisis de Bell?

Las dos producen una parálisis facial periférica y a primera vista se parecen, pero distinguirlas importa porque el pronóstico y el tratamiento no son iguales.

  • Las vesículas. Es el dato que más orienta: en la parálisis de Bell no hay erupción. Hay que mirar el pabellón, el conducto y también la boca, porque a veces solo están en el paladar.
  • El dolor. En Bell puede haber molestia retroauricular leve; en Ramsay Hunt el dolor es intenso y desproporcionado.
  • La audición y el equilibrio. La sordera, los acúfenos y el vértigo apuntan a Ramsay Hunt.
  • La gravedad. La parálisis suele ser más completa y la recuperación, peor: en Bell recupera por completo en torno al 70-85 % de los casos; en Ramsay Hunt la cifra baja de forma significativa, sobre todo si el tratamiento se retrasa.

Y hay un signo que conviene conocer porque discrimina lo urgente de lo urgentísimo: si la parálisis no afecta a la frente —es decir, la persona puede levantar la ceja de ese lado— el origen no es periférico sino central, y eso obliga a descartar un ictus de inmediato.

¿Cómo se confirma un síndrome de Ramsay Hunt?

En la mayoría de los casos no hace falta ninguna prueba: la clínica basta. Las exploraciones se usan para los casos dudosos, para valorar la gravedad y para el seguimiento:

  • Serología del virus varicela-zóster, que informa de la situación inmunitaria frente al virus. El test de varicela zóster mide los anticuerpos IgG y resulta útil para saber si hay inmunidad previa, algo relevante también antes de vacunar.
  • PCR del contenido de las vesículas o de la saliva, que identifica el virus de forma directa.
  • Audiometría, para cuantificar la pérdida auditiva.
  • Electromiografía facial, que valora el grado de afectación del nervio y ayuda a estimar el pronóstico.
  • Resonancia magnética, reservada para cuadros atípicos o cuando hay que descartar otras causas.

Lo importante: ninguna de estas pruebas debe retrasar el inicio del tratamiento. Se trata primero y se confirma después.

Ramsay Hunt: ¿por qué el tratamiento urge en 72 horas?

Porque el daño no lo hace solo el virus: lo hace la compresión. El nervio facial está dentro de un canal óseo que no se puede expandir. Cuando se inflama, se estrangula contra sus propias paredes, y cuanto más tiempo dura esa compresión, más fibras nerviosas se pierden de forma irreversible.

De ahí que el objetivo sea frenar la replicación vírica y la inflamación antes de que la lesión se consolide. El tratamiento, siempre bajo indicación médica, combina:

  • Antivírico por vía oral durante una semana aproximadamente, a dosis más altas que en un herpes labial.
  • Corticoides, para reducir la inflamación y la compresión dentro del canal.
  • Analgesia potente, porque el dolor del zóster responde mal a los analgésicos comunes y a menudo requiere fármacos para el dolor neuropático.
  • Protección ocular, que es imprescindible: lágrimas artificiales durante el día, pomada y oclusión por la noche. Un ojo que no cierra se seca y puede ulcerar la córnea.
  • Rehabilitación facial cuando la parálisis persiste, con ejercicios guiados por fisioterapia.
  • Tratamiento del vértigo si hay afectación vestibular, que suele ser transitoria pero muy incapacitante los primeros días.

La ventana de 72 horas desde el inicio de los síntomas es la referencia que se maneja. Pasado ese plazo el tratamiento sigue indicándose, pero el beneficio esperable es menor.

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¿Cómo proteger el ojo cuando el párpado no cierra?

Es la parte del tratamiento que más depende del paciente y la que más secuelas evitables previene. Un ojo que no cierra deja de distribuir la lágrima, se seca y la córnea queda expuesta; en pocos días puede aparecer una úlcera que sí deja pérdida de visión.

Las medidas, todas sencillas y todas necesarias:

  • Lágrimas artificiales sin conservantes cada una o dos horas durante el día, y más si hay ambiente seco o aire acondicionado.
  • Pomada lubricante por la noche, que mantiene la superficie protegida durante el sueño.
  • Oclusión nocturna con un parche o un apósito que mantenga el párpado cerrado, sin presionar el globo.
  • Gafas de sol en la calle, por el viento y el polvo.
  • Cerrar el párpado con el dedo varias veces al día, un gesto que ayuda a repartir la lágrima.
  • No usar lentes de contacto mientras dure la parálisis.

Y una señal de alarma: si aparece dolor ocular, enrojecimiento marcado, sensación de cuerpo extraño o visión borrosa, hay que acudir el mismo día a una valoración oftalmológica. No se espera a la revisión del neurólogo.

¿Se recupera la cara del todo?

Es la pregunta que más angustia genera, y la respuesta honesta es que depende del grado inicial y de la precocidad del tratamiento.

Con tratamiento iniciado pronto, una parte importante de los pacientes recupera de forma completa o casi completa. Cuando la parálisis es total desde el principio o el tratamiento llega tarde, es más probable que queden secuelas.

Las posibles secuelas, por si aparecen:

  • Debilidad residual, más visible al sonreír o al cerrar los ojos con fuerza.
  • Sincinesias: movimientos involuntarios asociados, como que el ojo se cierre al sonreír. Se producen porque las fibras nerviosas se regeneran de forma desordenada.
  • Contractura de la musculatura del lado afectado.
  • Neuralgia postherpética, un dolor que persiste meses después de que la piel haya curado.
  • Pérdida auditiva permanente, en algunos casos.
  • Lagrimeo al comer, por una regeneración cruzada de las fibras.
  • Alteración persistente del gusto en ese lado de la lengua, habitualmente parcial.

La mayor parte de la recuperación ocurre en los primeros tres meses, y puede seguir mejorando hasta el año. La rehabilitación facial precoz reduce las sincinesias, así que no es un extra opcional.

Conviene además documentar el punto de partida: una foto de la cara en reposo y otra intentando sonreír y cerrar los ojos, el primer día. Es la referencia más útil para valorar la evolución semanas después, cuando los cambios son lentos y la impresión subjetiva engaña en las dos direcciones.

¿Es contagioso el síndrome de Ramsay Hunt?

El síndrome como tal no se transmite, pero el virus de las vesículas sí. Y lo que transmite no es un Ramsay Hunt: es una varicela, en quien no la haya pasado ni esté vacunado.

Mientras haya vesículas sin costra conviene:

  • Cubrir las lesiones cuando sea posible.
  • Lavarse las manos con frecuencia y no tocarlas.
  • Evitar el contacto con embarazadas que no hayan pasado la varicela, recién nacidos y personas inmunodeprimidas.

Tampoco hay que aislarse del resto de convivientes adultos que ya pasaron la varicela: en ellos el virus no vuelve a producir una primoinfección y el contacto habitual no supone riesgo.

Una vez que todas las lesiones están en fase de costra, el riesgo desaparece. El mecanismo de reactivación y las diferencias con otras formas de zóster los desarrollamos en esta guía sobre el herpes zóster.

Dudas que deja una parálisis facial

¿Se puede prevenir?

Existe vacuna frente al herpes zóster, indicada a partir de determinada edad y en personas con inmunidad comprometida. Reduce la probabilidad de reactivación y la de complicaciones, incluida la neuralgia posterior.

¿Puede repetirse?

Es poco frecuente. Una recurrencia o un cuadro especialmente grave obligan a valorar el estado inmunitario, porque puede ser la primera señal de un problema de inmunidad.

¿Hay que hacer ejercicios desde el primer día?

En la fase aguda no conviene forzar: los ejercicios muy intensos al principio favorecen las sincinesias. La pauta y el momento los marca el fisioterapeuta.

¿A quién le afecta con más frecuencia?

Es poco frecuente en términos absolutos y aumenta con la edad, sobre todo a partir de los 60 años, porque la vigilancia inmunitaria frente al virus se debilita. También es más probable en personas con inmunosupresión, diabetes, tratamientos con corticoides prolongados o tras un periodo de estrés físico intenso. En niños es excepcional.

¿Por qué duele tanto el oído si lo que falla es la cara?

Porque el nervio facial tiene también fibras sensitivas que inervan parte del conducto auditivo, y el ganglio inflamado está justo ahí. Ese dolor desproporcionado es, de hecho, una de las pistas diagnósticas.

¿Qué hacer ante una sospecha de Ramsay Hunt?

Dolor intenso de oído con vesículas en el pabellón o en el paladar, con o sin debilidad en la cara, es motivo de consulta el mismo día. No es una urgencia vital, pero es una urgencia de tiempo: el margen útil para el tratamiento son las primeras 72 horas.

Mientras consigues cita, tres cosas: protege el ojo del lado afectado con lágrimas artificiales y oclusión nocturna, no apliques nada sobre las vesículas y apunta la fecha y la hora en que empezó cada síntoma, porque de ese dato depende la decisión terapéutica. Y si la parálisis no afecta a la frente, o aparece debilidad en un brazo o dificultad para hablar, eso es sospecha de ictus y toca llamar al 112. Para la valoración y el seguimiento posterior, la visita de neurología se pide en tuMédico.es sin volante médico.

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