
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Empieza con un picor raro en el lateral de los dedos. Un picor que no viene de la superficie, sino de dentro. Y a las pocas horas aparecen: unas ampollitas diminutas, duras, transparentes, agrupadas como huevas. Pican muchísimo.
Eso es el eccema dishidrótico, también llamado dishidrosis o pómfolix. En esta guía te contamos por qué sale, cómo se trata, qué hacer durante un brote y cuándo conviene descartar que haya una alergia detrás.
Es un tipo de eccema que afecta exclusivamente a las palmas de las manos, los laterales de los dedos y las plantas de los pies. Se caracteriza por ampollas pequeñas, profundas y muy pruriginosas.
El nombre es un error histórico que conviene aclarar, porque explica muchos tratamientos mal enfocados. «Dishidrosis» significa literalmente sudoración alterada: cuando se describió, se creyó que las ampollas eran sudor atrapado bajo la piel. Era falso. No tienen nada que ver con las glándulas del sudor. Son una reacción inflamatoria de la piel, y el líquido de dentro es plasma, no sudor.
El nombre se quedó, pero la consecuencia práctica importa: los antitranspirantes no lo curan. Lo que hay que tratar es la inflamación, no la sudoración. (El sudor sí puede actuar como desencadenante en personas predispuestas, pero eso es otra cosa.)
Sus rasgos característicos son:
Un brote sigue un guion bastante predecible, y saberlo evita sustos innecesarios:
Hay algo contraintuitivo aquí que conviene subrayar: la fase que más pica no es la que más molesta a largo plazo. Las ampollas se van solas en una o dos semanas. Lo que de verdad incapacita, lo que impide cerrar la mano o hace que duela abrir un grifo, son las grietas de después. Y esas grietas se previenen hidratando bien durante la fase de descamación, justo cuando ya no pica y la mayoría abandona el tratamiento.
No tiene una causa única. Hay una predisposición de base y unos desencadenantes que encienden el brote.
Este punto merece atención porque cambia el enfoque del caso. En una parte de las personas con dishidrosis hay una sensibilización de contacto detrás, casi siempre al níquel. Y ahí hay una diferencia de fondo: si existe un alérgeno concreto y evitable, no basta con tratar el brote cuando aparece. Se puede espaciar el problema, y a veces resolverlo.
Por eso, cuando los brotes son repetidos y no se identifica un patrón claro, tiene sentido buscar el desencadenante en lugar de seguir apagando fuegos. Un test ISAC de 112 alergias analiza con una sola muestra de sangre el perfil de sensibilización frente a un panel amplio de alérgenos.
Conviene ser preciso con lo que aporta cada prueba: para las alergias de contacto puras, la prueba específica son las pruebas epicutáneas (patch test), que se aplican en la espalda. Los estudios en sangre resultan especialmente útiles cuando hay atopia de fondo o sospecha de sensibilizaciones más amplias, que es una situación muy común en este eccema.
El caso del níquel tiene además una vuelta de tuerca interesante. Además del contacto directo con bisutería, llaves o monedas, el níquel está presente en algunos alimentos: legumbres, frutos secos, chocolate, cereales integrales y conservas enlatadas. En personas muy sensibilizadas, esa vía puede mantener el eccema activo aunque hayan retirado todos los objetos metálicos de su vida. Es una situación minoritaria, pero explica algunos casos que se resisten a todo.
El tratamiento cambia según la fase del brote, y este es el motivo por el que tanta gente siente que «nada le funciona»: aplican el tratamiento correcto en el momento equivocado.
Una advertencia importante sobre los corticoides: son eficaces y no hay que tenerles miedo, pero tampoco usarlos por libre de forma indefinida. Su uso continuado en manos adelgaza la piel. La pauta correcta es potencia adecuada, tiempo limitado y bajada progresiva, y eso lo decide quien te valora.
Estas medidas no sustituyen al tratamiento, pero marcan una diferencia real en la frecuencia de los brotes:
En tuMédico.es vemos mucho este cuadro en personas cuyo trabajo implica lavarse las manos veinte veces al día. Nuestra experiencia dice dos cosas. La primera es que la mayoría llega después de meses probando cremas de farmacia sin pauta, lo que alarga el problema sin resolverlo. La segunda es que cuando hay brotes repetidos, dedicar una consulta a buscar el desencadenante rinde mucho más que tratar cada brote por separado.
Es una de las preguntas más repetidas en consulta, y merece una respuesta honesta en lugar de una promesa.
Lo que sí tiene respaldo es la dieta baja en níquel en personas con alergia al níquel demostrada y eccema resistente. En ese grupo concreto, reducir los alimentos ricos en níquel puede mejorar los brotes. Es una intervención dirigida, para un perfil identificado, no un consejo general.
Lo que no está establecido es que existan «alimentos que provocan dishidrosis» en la población general. Quien retira alimentos por su cuenta suele acabar con una dieta muy restringida, sin mejoría y con una peor relación con la comida.
Si sospechas que hay comida detrás de tus brotes, un test de sensibilidad alimentaria puede ayudar a explorar esa hipótesis, aunque conviene interpretarlo con cabeza y siempre con criterio médico: la relación entre alimentación y dishidrosis no está establecida con la misma solidez que la del níquel, y los resultados orientan más que concluyen. La regla razonable es no retirar nada de forma indefinida sin que alguien valore si tiene sentido en tu caso.
Merece valoración si:
Una visita de dermatología sirve además para confirmar el diagnóstico, que no siempre es evidente: la psoriasis palmar, la tiña de las manos y el eccema de contacto pueden parecerse mucho, y su tratamiento es distinto. En el caso de la tiña, un corticoide incluso la empeora, así que distinguirlas no es un matiz académico.
Es un tipo de eccema que sale en las palmas, los laterales de los dedos y las plantas de los pies, en forma de ampollas pequeñas, profundas y muy pruriginosas. Pese a su nombre, no tiene relación con el sudor: es una reacción inflamatoria de la piel, y el líquido de las ampollas es plasma. No es contagioso ni se debe a falta de higiene. Suele afectar a las dos manos por igual y respeta el dorso, un detalle que ayuda a distinguirlo de otros eccemas.
Por la combinación de una piel predispuesta y un desencadenante. La predisposición suele ser atópica, con antecedentes de dermatitis, asma o rinitis alérgica. Los desencadenantes más habituales son el estrés, el calor y la sudoración, el contacto repetido con agua y jabones, y los metales, sobre todo el níquel. Por eso es tan frecuente en profesiones que se lavan las manos muchas veces al día, y por eso hay más brotes en primavera y verano.
Entre dos y cuatro semanas. Las ampollas duran alrededor de una semana y se reabsorben solas; después viene la fase de descamación y grietas, que es la más larga y la que más molesta. Ese es justamente el momento en que hay que hidratar a fondo, porque las fisuras son lo que acaba doliendo e incapacitando. Muchas personas abandonan el tratamiento cuando deja de picar, y así es como aparecen las grietas.
Es una enfermedad crónica que cursa en brotes, así que hablar de cura definitiva no es exacto. Lo que sí se consigue, y en muchos casos, es controlarla: brotes más leves, más espaciados y más cortos. La clave está en tratar bien cada brote según su fase, cuidar la barrera de la piel a diario e identificar los desencadenantes. Cuando hay una sensibilización al níquel detrás y se puede evitar, la mejoría llega a ser muy notable.
No siempre, pero sí merece la pena si los brotes se repiten y no identificas qué los provoca. Detrás puede haber una sensibilización de contacto, siendo el níquel la más frecuente. Para las alergias de contacto la prueba específica son las epicutáneas o patch test; los estudios de alergia en sangre aportan sobre todo cuando hay atopia de fondo o se sospecha una sensibilización más amplia. Encontrar el desencadenante cambia el enfoque: permite prevenir en vez de solo tratar.