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Revista médica Tumedico.es (ISSN: 2696-8894)

¿Qué es una fístula? Tipos y cuál necesita cirugía

¿Qué es una fístula? Tipos y cuál necesita cirugía
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Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta  |  ISNI: 0000000517782974

Una fístula es, literalmente, un túnel que no debería existir. Un conducto anómalo que conecta dos superficies del cuerpo que no estaban comunicadas: dos órganos entre sí, o un órgano con la piel.

La palabra se usa para cosas muy distintas —hay fístulas anales, dentales, arteriovenosas, obstétricas— y eso explica por qué quien busca información acaba leyendo sobre problemas que no tienen nada que ver con el suyo. Esta guía ordena qué es una fístula, los tipos que existen, cómo se diagnostica cada uno y cuál necesita cirugía y cuál no.

¿Qué es una fístula exactamente?

En condiciones normales, las cavidades del cuerpo están separadas por paredes de tejido. Una fístula aparece cuando esa barrera se rompe y se forma un trayecto revestido que pone en contacto los dos lados.

El mecanismo habitual es siempre el mismo y tiene tres fases:

  1. Una infección o una inflamación crea una colección de pus, un absceso.
  2. El pus, que está a presión, busca salida por el camino de menor resistencia y va destruyendo tejido a su paso.
  3. Cuando encuentra una superficie y drena, queda un trayecto abierto. El absceso se vacía, el dolor agudo mejora y aparece la fístula.

De ahí viene el patrón que describen casi todos los pacientes: unos días de dolor intenso, luego una salida de líquido o pus, alivio inmediato, y a partir de ahí un orificio que supura de forma intermitente y nunca se cierra del todo. Ese ciclo de «parece que se cura y vuelve» es la firma de una fístula.

Y es también la razón de que no cicatricen solas: el trayecto se ha revestido de tejido epitelizado y, mientras exista comunicación con el origen, la supuración se repite.

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Tipos de fístula

Agruparlas por localización es lo que permite entender qué tiene cada una en común y qué no.

Fístula anal o perianal

Es la más frecuente y la que motiva la mayoría de las búsquedas. Comunica el interior del canal anal con la piel de alrededor. Se origina casi siempre en una glándula anal que se infecta y forma un absceso.

Se nota como un orificio pequeño cerca del ano que mancha la ropa interior, con molestias al sentarse y brotes de dolor cuando se obstruye. Prácticamente siempre requiere cirugía: las fístulas anales no se cierran con antibiótico.

Fístula asociada a enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn inflama la pared intestinal en todo su grosor, y eso favorece que se formen trayectos entre el intestino y otras estructuras: la piel, la vejiga, la vagina u otro tramo de intestino.

Es un escenario distinto porque el problema de fondo no es local, es la enfermedad. Aquí el tratamiento médico de la enfermedad es tan importante como la cirugía, y operar sin controlar la inflamación suele terminar en recidiva.

Sinus o quiste pilonidal

No es una fístula en sentido estricto, pero se confunde constantemente con ella. Es un trayecto en la línea media del sacro, justo encima del coxis, provocado por pelos que se introducen en la piel. La diferencia práctica es la localización: el pilonidal está en el pliegue entre los glúteos y no comunica con el canal anal.

Fístula dental

Un trayecto que drena una infección de la raíz de un diente, bien hacia la encía, bien hacia la piel de la cara. El alivio es engañoso: el flemón deja de doler porque ha encontrado salida, pero la infección sigue ahí. Se resuelve tratando el diente.

Fístula arteriovenosa

Una comunicación directa entre una arteria y una vena. Puede ser congénita, traumática o creada a propósito: es el acceso vascular que se construye en el brazo de los pacientes que necesitan hemodiálisis. En ese caso la fístula no es un problema, es el tratamiento.

Otras menos frecuentes

  • Fístula rectovaginal, entre el recto y la vagina, habitualmente tras un parto complicado o una cirugía.
  • Fístula enterocutánea, entre el intestino y la piel, generalmente posoperatoria.
  • Fístula vesicovaginal o colovesical, que comunican con la vejiga y suelen dar infecciones de orina de repetición o aire en la orina.

¿Cómo se dibuja el trayecto antes de operar?

La exploración clínica identifica el orificio externo, pero lo que decide el tratamiento es el trayecto completo: por dónde pasa, qué estructuras atraviesa y dónde está el orificio interno.

Las herramientas, según el tipo:

  • Exploración y tacto rectal en las perianales, que ya orienta bastante.
  • Ecografía endoanal o resonancia magnética de pelvis, que son las pruebas de elección para dibujar el trayecto y su relación con los músculos del esfínter. Esa relación es lo que determina el riesgo de la cirugía.
  • Colonoscopia cuando se sospecha enfermedad inflamatoria intestinal de base, para ver el estado de la mucosa.
  • TAC con contraste en las abdominales y en las que comunican con la vejiga.
  • Radiografía dental u ortopantomografía en las de origen dentario.

En las fístulas anales, el dato que lo cambia todo es cuánto esfínter atraviesa el trayecto. De eso depende que se pueda hacer una técnica sencilla o que haya que optar por una que preserve la continencia, aunque tenga más probabilidad de recidiva.

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¿Qué fístula necesita cirugía y cuál no?

La respuesta corta: casi todas, pero no todas de la misma forma ni en el mismo momento.

Necesitan cirugía

  • Fístula anal. Es la indicación clásica. El antibiótico controla un brote infeccioso, pero no cierra el túnel.
  • Quiste pilonidal con brotes repetidos.
  • Fístulas rectovaginales, vesicovaginales y enterocutáneas, por su repercusión funcional.

Primero tratamiento médico

  • Fístulas por enfermedad de Crohn. Se controla la enfermedad y después se decide. Operar en plena actividad inflamatoria tiene mal pronóstico.
  • Fístula dental. Se trata el diente —endodoncia o extracción— y el trayecto cierra solo.

No se tocan

  • La fístula arteriovenosa de hemodiálisis, que se cuida y se vigila, porque es un acceso vital.

Entre las técnicas disponibles para las anales están la fistulotomía, la colocación de un sedal, los colgajos de avance, el pegamento de fibrina, los tapones biológicos y las técnicas con láser. La elección es un equilibrio entre probabilidad de curación y riesgo de afectar a la continencia, y por eso la decide el cirujano con la imagen delante.

Fístula, absceso y quiste: tres cosas que se confunden

Los tres términos aparecen en el mismo informe y describen momentos distintos del mismo proceso. Distinguirlos ayuda a entender por qué el tratamiento cambia tanto de uno a otro.

  • Absceso. Una colección de pus cerrada, a presión. Da dolor intenso, creciente, con un bulto duro, caliente y a veces fiebre. Es la fase aguda y lo que necesita es drenaje, no antibiótico a secas.
  • Fístula. El trayecto que queda cuando ese absceso ha encontrado salida. Duele poco, supura de forma intermitente y no cierra. Es la fase crónica.
  • Quiste. Una cavidad cerrada con contenido, que puede llevar años sin molestar y que solo se complica si se infecta. No comunica con nada mientras no se abra.

La secuencia típica es absceso, drenaje —espontáneo o quirúrgico— y fístula. Entre el 30 % y el 50 % de los abscesos perianales drenados terminan dejando un trayecto fistuloso, y ese es el motivo de que después del drenaje de urgencia siempre se cite una revisión: para ver si el problema se cerró o si quedó túnel.

¿Cómo es la recuperación tras operar una fístula?

Es la parte que menos se explica y la que más condiciona la vida del paciente durante unas semanas. Depende de la técnica, pero hay patrones comunes en la cirugía de la fístula anal:

  • La herida se deja abierta en muchas técnicas, para que cicatrice de dentro hacia fuera. Si se cerrara por encima quedaría una cavidad y volvería a infectarse.
  • Las curas diarias son la norma las primeras semanas: lavado con agua, secado y apósito. Es tedioso más que doloroso.
  • Los baños de asiento con agua tibia después de cada deposición alivian y mantienen la zona limpia.
  • Hay que evitar el estreñimiento desde el primer día. Un esfuerzo defecatorio sobre una herida reciente es lo que más duele y lo que más retrasa la cicatrización.
  • Los tiempos van de tres a seis semanas en las fístulas simples, y pueden pasar de dos meses en las complejas o con sedal.

La incorporación al trabajo suele ser pronto si es un empleo sedentario con posibilidad de levantarse, y más tardía si implica esfuerzo físico o muchas horas sentado sin moverse.

¿Qué pasa si una fístula no se trata?

Una fístula no evoluciona a mejor por sí sola. Dejarla puede llevar a:

  • Brotes de absceso repetidos, con dolor agudo cada vez que el trayecto se obstruye.
  • Trayectos secundarios, que complican mucho la cirugía posterior.
  • Irritación crónica de la piel por la supuración continua.
  • Afectación progresiva del esfínter y, con ello, pérdida de continencia.
  • Infecciones de orina de repetición en las que comunican con la vejiga.
  • De forma excepcional, y tras muchos años de evolución, degeneración del trayecto.

Esa es la razón de que el consejo sea siempre el mismo: cuanto más simple sea el trayecto en el momento de operar, mejor resultado y menos riesgo.

¿Cuándo acudir sin esperar?

  • Dolor intenso y creciente con un bulto duro y caliente: es un absceso y necesita drenaje, no una cita en tres semanas.
  • Fiebre con escalofríos.
  • Salida de pus o de heces por un orificio en la piel.
  • Aire o heces en la orina, o infecciones urinarias repetidas sin explicación.
  • Dificultad para controlar gases o heces.
  • Un orificio que supura y lleva meses abriéndose y cerrándose.

Si lo que notas son molestias anales sin orificio visible, las causas más frecuentes son otras y las repasamos en esta guía sobre los pinchazos en el ano.

Lo que más se pregunta en la consulta de digestivo

¿Una fístula puede cerrarse sola?

Las de origen dental sí, una vez tratado el diente. Las perianales, prácticamente nunca: el trayecto está epitelizado y la comunicación con el origen sigue abierta.

¿Duele la operación?

Se hace con anestesia y el posoperatorio se controla bien con analgesia. Lo que suele sorprender es la duración de las curas: según la técnica, pueden hacer falta semanas de cuidado de la herida.

¿Puede volver después de operada?

Sí. La recidiva depende del tipo de trayecto y de la técnica empleada, y es más probable en las fístulas complejas y en las asociadas a Crohn. Por eso el seguimiento posterior forma parte del tratamiento.

¿La dieta influye?

No cura la fístula, pero evitar el estreñimiento reduce muchísimo las molestias y el riesgo de brotes. Fibra, agua y no aguantar la deposición.

¿Se puede llevar una vida normal con una fístula?

Se puede, y de hecho mucha gente convive años con ella. Pero conviene saber el precio: brotes de dolor cada cierto tiempo, supuración que obliga a usar protector, limitación para estar muchas horas sentado y un trayecto que se va haciendo más complejo. Posponerla no la hace más fácil de operar.

¿El antibiótico sirve para algo?

Sirve para controlar un brote infeccioso agudo y para preparar el terreno antes de una cirugía, pero no cierra el trayecto. Un ciclo de antibiótico hace que la supuración pare unos días y de ahí viene la sensación de que «se ha curado»; cuando se termina, el ciclo vuelve a empezar.

¿Hay que operarse siempre de urgencia?

No. Lo urgente es drenar un absceso. La cirugía del trayecto es programada y se hace cuando la infección aguda está resuelta y se tiene la imagen del recorrido.

Resumen por tipo de fístula

Una fístula es un conducto anómalo que suele nacer de un absceso que se abrió camino hacia una superficie. Se reconoce por un orificio que supura de forma intermitente y por ese ciclo de mejoría y recaída que nunca termina de cerrar.

El tipo manda: las anales se operan, las de Crohn se controlan primero con tratamiento médico, las dentales se resuelven tratando el diente y la arteriovenosa de diálisis se cuida. En todos los casos el paso que ordena la decisión es dibujar el trayecto con una prueba de imagen antes de tocar nada. En tuMédico.es puedes pedir la visita de aparato digestivo sin volante médico, y la colonoscopia diagnóstica con sedación si hay que descartar una enfermedad inflamatoria de base.

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