
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Te has hecho el test del aliento, el informe dice negativo, y sin embargo sigues con diarrea, hinchazón y unos gases con un olor tan característico que ya no sabes cómo disimularlo. Es una de las situaciones más frustrantes de todo el mundo del sobrecrecimiento bacteriano, y muchas veces tiene una explicación concreta.
Existe un tercer tipo de SIBO que durante años se quedó fuera de las pruebas habituales: el SIBO de sulfuro de hidrógeno. No produce hidrógeno ni metano, sino un gas distinto, y por eso puede esconderse detrás de un test que parece limpio. Esta guía explica qué es, por qué huele a huevo podrido, cómo se detecta hoy y qué tratamiento y qué dieta necesita, que no son los mismos que en los otros subtipos.
El SIBO consiste en que hay demasiadas bacterias en el intestino delgado, un tramo que debería estar poco poblado. Esas bacterias fermentan la comida antes de que la absorbas y producen gas. Lo que define cada subtipo es qué gas producen.
En el SIBO de sulfuro de hidrógeno el gas predominante es el sulfuro de hidrógeno (H₂S), el mismo compuesto responsable del olor de los huevos podridos y de las aguas termales sulfurosas. No lo fabrican las bacterias fermentadoras habituales, sino un grupo muy concreto: las bacterias reductoras de sulfato, entre ellas Desulfovibrio, Bilophila wadsworthia y algunas Fusobacterium.
Y aquí está el detalle que lo cambia todo. Estas bacterias no fermentan azúcares para producir su gas: consumen el hidrógeno que fabrican las demás y lo combinan con azufre. Son, igual que las arqueas del metano, carroñeras del hidrógeno ajeno, solo que el producto final es distinto.
Se calcula que está detrás de entre el 5 % y el 15 % de los casos de SIBO, aunque la cifra real probablemente sea mayor: durante mucho tiempo simplemente no se buscaba.
El test del aliento convencional mide dos gases: hidrógeno y metano. El sulfuro de hidrógeno no aparece en esa lectura. Y como las bacterias reductoras de sulfato se comen el hidrógeno según se produce, ocurre algo muy llamativo en el informe.
La curva de hidrógeno sale plana o incluso por debajo del valor basal. En la jerga se le llama curva aplanada o flatline. Un test con esa forma se interpreta como negativo, cuando en realidad puede estar señalando justo lo contrario: que hay alguien consumiendo el hidrógeno antes de que llegue a tus pulmones.
Por eso, si tienes síntomas claros y tu test dio negativo con una curva completamente plana, merece la pena revisarlo. Un hidrógeno que no sube nada en tres horas es un dato, no una ausencia de datos.
Entender las diferencias entre los tres subtipos es lo que permite explicar por qué dos personas con el mismo diagnóstico tienen síntomas opuestos y responden a tratamientos distintos.
| Tipo | Quién lo produce | Síntoma dominante | Olor de los gases |
|---|---|---|---|
| Hidrógeno | Bacterias fermentadoras (E. coli, Klebsiella) | Diarrea, heces sueltas | Poco marcado |
| Metano (IMO) | Arqueas (M. smithii) | Estreñimiento | Poco marcado |
| Sulfuro de hidrógeno | Bacterias reductoras de sulfato (Desulfovibrio) | Diarrea y urgencia | Muy intenso, a huevo podrido |
Si tu caso es el contrario y lo que predomina es el hidrógeno, tenemos una guía dedicada al SIBO de hidrógeno, donde se explica por qué responde mucho mejor al antibiótico en monoterapia.
El cuadro comparte mucho con el resto de subtipos, pero tiene una serie de rasgos propios que ayudan a sospecharlo antes incluso de la prueba.
Los síntomas digestivos más habituales son:
Y hay un grupo de síntomas fuera del intestino que llaman la atención en este subtipo, porque el sulfuro de hidrógeno en exceso es tóxico para las células que recubren el colon y actúa además sobre el sistema nervioso:
Conviene un matiz importante: el sulfuro de hidrógeno no es un veneno sin más. En cantidades pequeñas es una molécula señalizadora normal del cuerpo, que participa en la regulación del flujo sanguíneo y protege la mucosa intestinal. El problema es la dosis y el lugar. Lo que hace daño es el exceso mantenido en el intestino delgado, no su presencia.
Las bacterias reductoras de sulfato necesitan dos cosas para proliferar: hidrógeno y azufre. Cuando sobra alguno de los dos, encuentran su hueco.
Este apartado es el que decide si te curas o recaes. Tratar el sobrecrecimiento sin corregir lo que lo permitió es vaciar una bañera con el grifo abierto.
Hoy existen tests de aliento que miden los tres gases a la vez, incluido el sulfuro de hidrógeno, con un umbral de positividad situado en torno a 1,2 ppm. Su disponibilidad en España todavía es limitada y su coste, más alto.
Mientras tanto, la vía práctica y la que se usa en la mayoría de consultas es doble: hacer un test SIBO del aliento bien hecho y leer la curva completa, no solo el veredicto final. Los dos hallazgos que orientan a sulfuro son:
Para que el resultado valga algo, la preparación tiene que ser estricta: sin antibióticos las cuatro semanas previas, sin probióticos ni procinéticos la semana anterior, dieta baja en fermentables el día antes, doce horas de ayuno y sin fumar el día de la prueba. Una preparación mal hecha no da un resultado dudoso, da un resultado falso.
Si prefieres no bloquear una mañana entera, el Test de SIBO en casa usa el mismo principio y el mismo laboratorio; lo único que cambia es quién recoge las muestras. La exigencia es respetar los tiempos de cada tubo con rigor, porque toda la interpretación depende de la forma de la curva, y en este subtipo la forma de la curva es el hallazgo.
El tratamiento se apoya en tres patas que se aplican a la vez, y es aquí donde más se diferencia de los otros subtipos.
La rifaximina sigue siendo el tratamiento de referencia. Es un antibiótico que apenas se absorbe, actúa dentro del intestino y tiene pocos efectos generales. La pauta habitual es de 14 días y debe indicarla siempre tu médico.
A diferencia del SIBO de metano, aquí no suele hacer falta añadir un segundo antibiótico. Pero sí hay una advertencia que conviene conocer: en este subtipo es más frecuente notar un empeoramiento en los primeros días, con más gases y más malestar. Suele ser transitorio.
Es la palanca más específica de este subtipo. Si las bacterias necesitan azufre, retirarlo temporalmente reduce la producción de gas de forma bastante rápida, a menudo en pocos días.
En tuMédico.es vemos con frecuencia a personas que llegan después de dos o tres tandas de antibiótico sin que nadie haya revisado nunca la curva de su test ni les haya preguntado a qué huelen sus gases. Nuestra experiencia es clara en esto: en el SIBO de sulfuro, la información que más cambia el tratamiento no está en el veredicto del informe, está en la forma de la gráfica y en lo que cuenta el paciente.
La dieta baja en azufre es temporal, de dos a cuatro semanas, y va acompañada de una reintroducción ordenada. El azufre es un nutriente esencial: forma parte de aminoácidos como la metionina y la cisteína, y es imprescindible para fabricar glutatión, el principal antioxidante del hígado. Mantener la restricción durante meses hace más daño que bien.
Alimentos que conviene reducir de forma temporal:
Alimentos que suelen tolerarse bien: arroz, avena, quinoa, patata y boniato, calabaza, calabacín, zanahoria, judía verde, pepino, lechuga, pescado blanco, pollo y pavo en raciones moderadas, aceite de oliva, plátano, arándanos, fresas y uvas.
Un aviso práctico que ahorra disgustos: no combines de entrada la dieta baja en azufre con una dieta baja en FODMAP estricta. La suma de ambas deja un menú tan corto que resulta imposible de sostener y empobrece la microbiota. Se prioriza una, se estabilizan los síntomas y después se ajusta.
Es el subtipo de sobrecrecimiento bacteriano en el que el gas predominante es el sulfuro de hidrógeno, producido por bacterias reductoras de sulfato como Desulfovibrio o Bilophila wadsworthia. Estas bacterias no fermentan azúcares como las demás: consumen el hidrógeno que producen otras bacterias y lo combinan con azufre. Supone entre el 5 % y el 15 % de los casos de SIBO y su rasgo más reconocible son unos gases con olor intenso a huevo podrido, acompañados de diarrea y urgencia.
Puede deberse justamente a un SIBO de sulfuro. Las bacterias reductoras de sulfato consumen el hidrógeno según se produce, así que en el aliento aparece poco o nada y la curva sale plana durante las tres horas de la prueba. Como el test convencional solo mide hidrógeno y metano, ese patrón se informa como negativo. Una curva completamente aplanada en alguien con síntomas claros no es una prueba limpia: es un dato que conviene revisar con quien lleve tu caso.
Se apoya en tres frentes simultáneos. El antibiótico de referencia es la rifaximina, habitualmente 14 días y siempre con indicación médica. En paralelo se reduce el azufre de la dieta durante dos a cuatro semanas para quitarles el sustrato. Y se añaden medidas para neutralizar el gas y reparar la mucosa: subsalicilato de bismuto en pauta corta, molibdeno, butirato y procinéticos después del antibiótico para evitar recaídas. Es habitual notar un empeoramiento transitorio los primeros días de tratamiento.
De forma temporal conviene reducir los alimentos más ricos en azufre: crucíferas como el brócoli y la coliflor, ajo y cebolla, huevos, carne roja en raciones grandes, batidos de proteína de suero, legumbres en cantidad y frutos secos como las almendras. También los sulfitos del vino, la cerveza, las frutas desecadas y muchas conservas, y las aguas minerales con muchos sulfatos. Suelen tolerarse bien el arroz, la avena, la patata, la calabaza, el calabacín, el pescado blanco y el pollo.
Sí, y la respuesta a la dieta baja en azufre suele ser rápida, a veces en cuestión de días. Lo que marca la diferencia a un año no es el antibiótico, sino haber encontrado y corregido lo que permitió el sobrecrecimiento: el tránsito lento, el picoteo continuo que apaga las ondas de limpieza intestinal, los antiácidos mantenidos o una dieta desequilibrada hacia el exceso de azufre. Las recaídas son frecuentes cuando solo se trata el síntoma y nunca se llega a la causa.