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El duelo

El duelo
El duelo

La palabra “duelo” proviene del término latino “dolos”, que significa dolor. El DSM-5 (que es el principal manual diagnóstico de psiquiatría y psicología actual) incluye el duelo con el código V62.82, no atribuible a trastorno mental y lo define como una reacción normal ante la muerte de un ser querido.

El duelo constituye un acontecimiento vital estresante de primera magnitud que tarde o temprano tenemos que afrontar todos los seres humanos.

Duelo Normal Vs. Duelo Complicado

Algunas de las manifestaciones normales del duelo (según W. Worden) son:

- Sentimientos: tristeza, enfado, bloqueo, ansiedad, impotencia, confusión, insensibilidad, emancipación…

- Sensaciones físicas: opresión en el pecho y/o garganta, falta de aire, hipersensibilidad al ruido, debilidad muscular, sequedad de boca, sensación de despersonalización…

- Conductas: soñar con el fallecido, suspirar, llorar, atesorar objetos que pertenecían al fallecido, buscar y llamar en voz alta…

- Pensamientos: incredulidad, confusión, preocupación, alucinaciones breves y fugaces, sentido de presencia.

Actualmente el Duelo Complicado (DC) no está incluido en la clasificación del DSM-5 debido a la falta de consenso para su definición. Algunos de los síntomas que agravan el duelo normal y se acercan al duelo patológico son:

- Culpa por las cosas, más que por las acciones.

- Pensamientos de muerte más que voluntad de vivir.

- Preocupación mórbida con sentimientos de inutilidad.

- Enlentecimiento psicomotor acusado.

- Deterioro funcional acusado y prolongado.

- Experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.

¿Cuánto tiempo dura?

La duración de un duelo es muy variable. A pesar de todo podemos considerar que los dos primeros años suelen ser los más duros, luego se experimenta un descenso progresivo del malestar emocional. Cada persona tiene su propio ritmo y necesita un tiempo distinto para la adaptación a su nueva situación.

La importancia del rito funerario: el entierro

La pérdida de un ser querido es una de las experiencias más difíciles de asimilar. En estos casos, es de gran importancia dar el último adiós en un acto solemne envuelto en un ambiente de cordialidad y gratitud, para despedir a una persona ya muerta.

La naturaleza y la composición de los ritos funerarios dependen de la época, la cultura, la posición social del difunto, las creencias religiosas de la sociedad y el afecto hacia el muerto.

Los diferentes ritos de funeral son básicamente el embalsamamiento, la sepultura o la cremación y es importante añadir que las prácticas relacionadas con la muerte y el enterramiento de una persona son específicos de la especie humana.

Estas prácticas, que están estrechamente relacionadas con las creencias religiosas sobre la naturaleza de la muerte y la existencia de una vida después de ella, implican importantes funciones psicológicas, sociológicas y simbólicas para los miembros de una colectividad.

En el caso del enterramiento, éste está asociado al culto de los antepasados o a las creencias en la otra vida. Sin embargo existen también ritos funerarios sin creencias religiosas en las que lo importante no son las creencias del celebrante sino las del difunto y su familia (funerales laicos).

Veamos entonces donde radica la importancia de los funerales:

- Son fuente de consuelo y alivio. El estar rodeados de otros iguales proporciona apoyo moral, psicológico, emocional y espiritual para afrontar con valor y resignación la pérdida.

- Favorece la elaboración normal del proceso de duelo.

- Clima de seguridad y armonía proporcionado por nuestros seres queridos que nos acompañan, compartiendo y expresando de manera mutua el dolor y la pena por la persona que nos deja.

- Recordatorio de todas las cosas buenas que la persona que nos deja hacía en vida.

- Redefinición de nuestros principios. Ante la muerte de un ser querido, la vida se relativiza facilitando la toma de conciencia de las cosas realmente importantes en nuestra vida.

- Sentido de la dignidad: El último adiós para la persona que se marcha debe ser digno de ella.

- Expresiones de Fe o creencias.

- Restablecimientos de vínculos familiares. Cuando un ser querido fallece, los vínculos familiares se fortalecen y en aquellas relaciones que se encontraban rotas se puede facilitar una reconciliación.

Fases y procesos del duelo

El duelo es una experiencia personal e intransferible, por lo que no siempre todas las personas pasan por las mismas etapas en la resolución de un duelo. Por este y otros motivos, hay diversos autores que han planteado diferentes fases en un proceso de duelo. Por tanto vamos a escoger a G. Engel (1961) que, desde un modelo médico establece un paralelismo entre duelo y enfermedad física. Establece 6 fases:

1. Conmoción e incredulidad: su función es proteger al sujeto de los efectos dolorosos y estresantes al bloquear el reconocimiento de la pérdida.

2. Desarrollo de la conciencia de la realidad de la muerte: se suele acompañar de llanto y sentimientos de soledad y desamparo.

3. Restitución: mediante ritos fúnebres que brindan apoyo social y favorecen la expresión de emociones y ayudan a tomar conciencia de la realidad de la pérdida.

4. Resolución de la pérdida: en esta etapa el doliente tiene el pensamiento ocupado en la persona fallecida.

5. Idealización de la persona fallecida: se reprimen los sentimientos y recuerdos negativos y se idealiza al fallecido.

6. Resolución: se integra en el recuerdo de la persona fallecida tanto los aspectos positivos como negativos.

Tareas del duelo

La elaboración de un duelo requiere la puesta en marcha de una serie de pensamientos, emociones y recuerdos en relación con la persona fallecida.

Worden plantea 4 tareas básicas al respecto:

1. Aceptar la realidad de la pérdida.

2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.

3. Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente.

4. Recolocar emocionalmente a la persona fallecida.

Factores a tener en cuenta en la resolución del duelo

Factores de Riesgo

- Factores personales: edad, género, personalidad, interés, aficiones y religiosidad, salud previa y pérdidas y duelos anteriores no resueltos.

- Factores interpersonales: tipo de relación con la persona fallecida y con los vínculos sociales.

- Factores situacionales: tipo de muerte, duración de la enfermedad, recursos materiales y otras variables relacionadas.

- Factores de riesgo en niños, adolescentes y ancianos.

Factores de Protección

- Estrategias de afrontamiento: teniendo en cuenta que el duelo es una situación de estrés, podríamos decir que existen dos formas de afrontamiento:

1. Dirigir estrategias a resolver el problema.

2. Dirigir estrategias hacia las emociones.

El enriquecimiento del mundo interno de los dolientes y el abordaje familiar del duelo son dos estrategias positivas que mejoran y evitan la cronificación de los duelos.

- Prevención: la labor preventiva por parte de agentes de salud ante personas o grupos familiares en situaciones de riesgo que conozcan el problema puede frenar la aparición de duelos complicados en estos colectivos.

- Conocimiento de la propia personalidad: determinadas características de personalidad protegen al futuro deudo en la resolución positiva del duelo (capacidad de expresión emocional, capacidad de resolver problemas, flexibilidad emocional y cognitiva…)

¿Qué puede ayudar?

La experiencia de otras pérdidas sucedidas a lo largo de la vida ayuda a entender la intensidad y el significado de las nuevas. El recuerdo permite traer al presente aquellas estrategias que ayudaron a adaptarse a situaciones pasadas. Para contrarrestar el malestar causado por la muerte de un ser querido es importante que las personas en duelo se beneficien de todo aquello que les produce bienestar, se escuchen a sí mismas y se propongan llevar a término todas aquellas acciones que les resulten provechosas.

Algunas recomendaciones serían:

- Buscar el apoyo de familiares y amigos.

- Es necesario darse permiso para vivir y disfrutar.

- Es aconsejable permitirse estar en duelo.

- Evitar tomar decisiones importantes de forma precipitada.

- Leer

- Puede ayudar expresar pensamientos y emociones a través de un diario y/o cartas dirigidas a la persona fallecida.

- Puede ser útil crear un “espacio de recuerdos” que permita revivir determinados momentos o situaciones cuando lo considere oportuno.

- Es muy importante cuidarse a uno mismo a través de la alimentación, la práctica de ejercicio moderado, descanso adecuado y reducción de hábitos tóxicos.

- Es aconsejable permitir que los recuerdos surjan y compartir los momentos buenos y malos.

- Tal vez ayude pensar anticipadamente cómo quiere afrontar las fechas señaladas.

- Frecuentar espacios al aire libre.

- No conviene deshacerse de objetos o recuerdos precipitadamente.

- Se sugiere ver de manera gradual aquellos recuerdos que resultan extremadamente dolorosos.

Algunas sugerencias…

...para ayudar al niño

- Ser completamente honesto y NO apartarle de la realidad que está viviendo.

- Aunque resulte muy doloroso y difícil, es mejor informarles de lo sucedido lo antes posible, buscando el momento y lugar adecuados, explicando lo ocurrido con palabras sencillas y sinceras.

- Procurar explicar cómo ocurrió la muerte con pocas palabras.

- Si preguntan el por qué, es bueno que sepan que todos los seres tienen que morir algún día y que le ocurre a todo el mundo.

- Permitir que participe en los ritos funerarios, aunque es aconsejable explicarle con antelación qué verá, escuchará y el porqué de estos ritos.

- Animarle a expresar lo que siente.

- Mantenerse física y emocionalmente cerca del niño.

- Estar atentos a la aparición de síntomas de alerta.

…para ayudar al adolescente

- Proporcionar información clara y adecuada.

- Permitir y respetar la expresión o no de sentimientos y emociones.

- Potenciar su participación en diferentes ritos funerarios.

- Mostrarse cercanos y disponibles.

- Mantener las “rutinas” y las “normas”.

- Garantizar la atención y el afecto.

- Recordar que es adolescente, no es recomendable asignarle un papel que no le corresponde. En ningún momento debe asumir las tareas de la persona fallecida.

…para ayudar al anciano

- Acompañarles, así se favorecerá el proceso de recuperación.

- No quitarle importancia al duelo del anciano.

- Ser comprensivos y demostrarles nuestro cariño. Cuando muere una persona joven el anciano puede pensar que la persona fallecida tenía más derecho que él a seguir viviendo. Es necesario entender su situación.

…para ayudar a personas con problemas mentales

- Hay que saber que también sufren y necesitan de los que les rodean.

- Es conveniente mantener con ellos diálogos informales.

- En situaciones de elevado trastorno o modificación severa de los hábitos es conveniente consultar con un especialista.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Lo primero y más importante… cuando usted crea que lo necesita.

En casos en los que se detecten posibles indicios de Duelo Complicado, acuda al profesional con el que usted considere que vaya a sentirse más cómodo o piense que le va a poder ayudar mejor. Algunas recomendaciones serían:

- Médico de familia de su centro de salud.

- A un psicólogo.

- Al equipo de salud mental de su área.

- Al sacerdote, pastor de su iglesia o a su guía espiritual.

Mayte Moreno
http://www.mentalis-psicologia.com

Referencias
Bowlby, J. (1990) La pérdida afectiva. Tristeza y depresión. Paidós: Barcelona.
Díaz Curiel, J. (2012) Tratamientos psicoterapéuticos en los procesos de duelo. Aportación desde el psicoanálisis, la literatura y el arte. EAE: Saabrücken.
Kübler-Ross, E. (2000) Sobre la muerte y los moribundos (1975). Grijalbo: Barcelona.
Olmeda, M. S. (1998) El duelo y el pensamiento mágico. Master Line: Madrid.
Tizón, J. L. (2004). Pérdida, pena, duelo. Vivencias, investigación y asistencia. Paidós: Barcelona.
Worden, J. W. (2004) El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Paidós: Barcelona.

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