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Fibrosis quística en bebés y niños: Lo que debes saber

Fibrosis quística en bebés y niños: Lo que debes saber

La fibrosis quística es una enfermedad hereditaria que suele afectar al sistema respiratorio, páncreas y glándulas sudoríparas por culpa de un gen defectuoso que produce un líquido espeso y pegajoso que afecta en la entrada y la salida del cloruro de sodio en las células. Para detectar la fibrosis quística es necesario realizar un estudio lo más pronto posible y así tratar la patología a tiempo.

Se trata de una patología bastante común en bebés, niños y jóvenes adultos y es potencialmente mortal. Por su gravedad, es necesario que se detecte y se actúe a tiempo. Por eso, en este artículo, vamos a informar un poco más sobre la fibrosis quística, sus síntomas y su tratamiento.

¿Quién es más propenso a sufrir fibrosis quística?

Al tratarse de una enfermedad genética, el origen de los genes de los niños afecta a la hora de tener más o menos probabilidades de sufrir fibrosis quística. Aproximadamente, la relación entre la raza y la posibilidad de sufrir esa patología es la siguiente:

-          Uno de cada 3.000 niños de raza blanca.

-          Uno de cada 9.000 niños hispanos.

-          Uno de cada 15.000 niños africanos.

-          Uno de cada 30.000 niños asiáticos.

Puede que te sorprenda que solo hablemos de bebés o niños. Eso es porque el diagnóstico suele darse antes de los 2 años de edad. Sin embargo, puede ser que la fibrosis quística no se manifieste en una persona hasta que esté en edad adulta, como pasa en el 10% de los casos.

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Fibrosis quística: síntomas

Los síntomas de la fibrosis quística son muchísimos, aunque alguno de ellos puede ser resultado de otra enfermedad, así que es necesario realizar un estudio para confirmar la hipótesis. Entre los bebés, los síntomas más frecuentes son:

-          Retraso en su crecimiento.

-          Incapacidad de aumentar de peso.

-          Ausencia de deposiciones (cacas) en las primeras 24 o 48 horas de vida.

-          Piel salada.

En los niños, aunque también pueden darse en los recién nacidos, los síntomas de la fibrosis quística están relacionados con:

-          Fiebre.

-          Estreñimiento.

-          Dolor abdominal.

-          Gases.

-          Náuseas.

-          Pérdida del apetito y de peso.

-          Abdomen hinchado.

-          Tos.

-          Fatiga.

-          Congestión nasal.

-          Dolor o presión sinusal (en la parte frontal de la cabeza y alrededor de la nariz).

-          Heces pálidas y fétidas con moco o flotantes.

Como hemos comentado, puede ser que se padezca de fibrosis quística pero que no se descubra hasta una edad adulta, debido a que los síntomas comentados anteriormente no fueron excesivamente fuertes o, directamente, no existieron. Un adulto con esta enfermedad puede presentar:

-          Dedos malformados.

-          Dificultades respiratorias.

-          Inflamación repetitiva del páncreas.

-          Esterilidad.

Fibrosis quística: tratamiento

Para la fibrosis quística se necesita un tratamiento regular que ayudará a la supervivencia del niño y a mejorarle la calidad de vida. Como mantener un control estricto es importante, se deberán recibir cuidados en clínicas especializadas durante toda la vida. Los tratamientos son distintos dependiendo del tipo de problemas que causa la enfermedad.

Si abundan los problemas pulmonares, el tratamiento incluye antibióticos, medicinas inhaladas, medicinas para diluir el líquido espeso que dificulta la respiración, vacunas anuales y oxigenoterapia. Se recomienda hacer ejercicio para respirar profundo, usar dispositivos que despejan las vías respiratorias y llevar a cabo fisioterapia de pecho (un tipo de masaje con palmadas suaves sobre el pecho, la espalda y debajo los brazos). Si la enfermedad empeora, se puede recurrir a un trasplante de pulmón.

Si, en cambio, los problemas intestinales y los nutricionales son los más plausibles, el tratamiento suele girar en torno a una dieta rica en proteínas y calorías, así como tomar suplementos vitamínicos y enzimas pancreáticas que ayuden a absorber grasas. También se debe tomar mucho líquido, hacer ejercicio de 2 a 3 veces por semana y evitar todo tipo de humo, polvo y suciedad.

Consulta a un médico con rapidez si observas que tu hijo padece alguno de los síntomas descritos anteriormente y realiza un estudio de fibrosis quística para salir de dudas. Un descubrimiento a tiempo acompañado de un tratamiento correcto puede salvarle la vida.

Estudio genético de Fibrosis Quística
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Si sospechas que tu hijo/a podría tener fibrosis quística, es muy importante hacerle las pruebas pertinentes lo más pronto posible, ya que un diagnóstico temprano permite asignar el tratamiento más adecuado y mejorar la calidad de vida del paciente.

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