
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
Mirar al váter antes de tirar de la cadena no es una manía. Es de las pocas formas que tienes de obtener información diaria y gratuita sobre lo que pasa en tu intestino, y en el caso del sobrecrecimiento bacteriano dice bastante más de lo que parece.
Esta guía explica cómo son las heces con SIBO: por qué flotan, por qué salen amarillas o pastosas, por qué el olor cambia según el tipo, qué patrones apuntan a un subtipo u otro y en qué momento conviene dejar de observar y hacerse una prueba.
No hay una única forma, y esa es justamente la primera idea útil. El aspecto de las heces cambia según el gas predominante, y por eso dos personas con el mismo diagnóstico describen cosas opuestas.
Dicho eso, hay rasgos que se repiten en la mayoría de los casos:
Es la pregunta más buscada y tiene una explicación física concreta. Las heces flotan por dos motivos, y en el SIBO se dan los dos a la vez.
Primero, por el gas. Las bacterias del intestino delgado fermentan los azúcares de la comida antes de que puedas absorberlos, y en esa fermentación producen hidrógeno, metano o sulfuro de hidrógeno. Parte de ese gas queda atrapado en la materia fecal y reduce su densidad. Una heces llena de burbujas microscópicas flota, igual que flota el pan y se hunde la masa cruda.
Segundo, por la grasa. Y este es el mecanismo que más importa clínicamente. El sobrecrecimiento bacteriano desconjuga las sales biliares, que son las moléculas encargadas de emulsionar la grasa para que pueda absorberse. Sin sales biliares funcionales, la grasa no se absorbe y sale con las heces. Eso se llama esteatorrea y produce unas deposiciones grasas, brillantes, pastosas, que flotan, huelen fuerte y dejan una película que cuesta arrastrar.
La distinción práctica es útil: unas heces que flotan de forma ocasional, tras una comida copiosa o rica en fibra, no significan nada. Unas heces que flotan casi siempre, son claras y dejan restos grasos apuntan a malabsorción y merecen estudio.
El color normal de las heces —marrón— viene de la bilirrubina transformada por las bacterias del colon a lo largo del recorrido. Cuando ese recorrido se acorta o la grasa no se absorbe, el color cambia.
En el SIBO, las heces amarillas o de color claro tienen dos causas que suelen coincidir:
Conviene distinguirlo de las heces claras muy pálidas, casi blancas o de color masilla, que apuntan a un problema en la llegada de la bilis —hígado o vías biliares— y son un motivo de consulta distinto y más urgente.
Aquí está la parte más útil de observar, porque orienta hacia el subtipo antes incluso de la prueba.
| Tipo de SIBO | Consistencia | Frecuencia | Olor |
|---|---|---|---|
| Hidrógeno | Sueltas, pastosas, a veces líquidas | Aumentada, con urgencia | Intenso pero no característico |
| Metano (IMO) | Duras, en bolas, difíciles de expulsar | Disminuida, cada 2-4 días | Poco marcado |
| Sulfuro | Sueltas, con urgencia marcada | Aumentada | Muy fuerte, a huevo podrido |
El olor es el dato más discriminativo y el que menos se pregunta en consulta. Unos gases y unas heces con olor claramente sulfuroso, a huevo podrido, orientan al subtipo de sulfuro con bastante fiabilidad, y ese subtipo tiene una particularidad importante: puede dar un test convencional negativo, porque las bacterias que lo producen consumen el hidrógeno y la curva sale plana.
También es frecuente el patrón alternante, con días de diarrea y días de estreñimiento. No es indecisión del intestino: suele significar que hay hidrógeno y metano elevados a la vez, cada uno empujando en una dirección.
Contar cómo son las heces resulta incómodo y, sobre todo, impreciso: «blandas» significa cosas distintas para cada persona. Existe una escala visual que resuelve exactamente ese problema y que se usa en todas las consultas de digestivo.
| Tipo | Aspecto | Qué indica |
|---|---|---|
| 1 | Bolas duras separadas, difíciles de expulsar | Estreñimiento marcado |
| 2 | Con forma de salchicha, grumosa | Estreñimiento leve |
| 3 | Salchicha con grietas en la superficie | Normal |
| 4 | Lisa y blanda, como una serpiente | Ideal |
| 5 | Trozos blandos de bordes definidos | Tránsito algo acelerado |
| 6 | Trozos pastosos, bordes irregulares | Diarrea leve |
| 7 | Líquida, sin trozos sólidos | Diarrea |
Decir «tipo 6 casi todos los días, y algún tipo 2 suelto» transmite en una frase lo que de otro modo cuesta un párrafo entero y queda a medias. En el SIBO de hidrógeno y de sulfuro predominan los tipos 5 a 7; en el de metano, los tipos 1 y 2. Y el patrón alternante entre extremos —de un 1 a un 6 en la misma semana— suele indicar que hay dos gases elevados a la vez.
Hay tres datos que rara vez se apuntan y que aportan bastante:
El SIBO produce molestias, no daño estructural. Hay hallazgos que no se explican por sobrecrecimiento bacteriano y que obligan a consultar sin esperar:
Ninguno de estos síntomas es típico del SIBO, y atribuirlos a él es el error que más retrasa diagnósticos importantes.
Observar las heces orienta, pero no diagnostica. El test del aliento es lo que confirma o descarta, y lo hace midiendo los gases que producen las bacterias tras beber una solución de lactulosa o glucosa.
Para que el resultado sirva, la preparación tiene que ser estricta: sin antibióticos las cuatro semanas previas, sin probióticos ni procinéticos la semana anterior, dieta baja en fermentables el día antes, doce horas de ayuno y sin fumar el día de la prueba. Una preparación mal hecha no da un resultado dudoso, da un resultado falso.
Se puede hacer en centro o con el Test de SIBO en casa, que usa el mismo principio y el mismo laboratorio: recibes el kit, recoges tú las muestras de aliento respetando los tiempos de cada tubo y las envías de vuelta. La alternativa presencial es el test SIBO del aliento, que ocupa una mañana.
En tuMédico.es escuchamos a diario a personas que llevan meses fotografiando el váter y buscando en internet, con una información valiosísima en la mano que nadie les ha ayudado a ordenar. Nuestra experiencia es que ese relato —cómo son, cuándo cambian, a qué huelen— acorta el camino diagnóstico más que cualquier prueba pedida a ciegas. Contarlo sin pudor es el atajo.
Junto al test conviene una analítica que valore las consecuencias de la malabsorción cuando el cuadro lleva tiempo: vitamina B12, que las bacterias consumen; hierro; ácido fólico, que puede salir alto porque las bacterias lo fabrican; y las vitaminas liposolubles A, D, E y K. Esa combinación de B12 baja con fólico alto es bastante sugestiva y se pasa por alto con frecuencia.
Saber qué esperar evita abandonos prematuros, que son la causa más frecuente de tratamientos que «no funcionaron».
Si a las cuatro semanas de terminar el tratamiento las heces han vuelto exactamente al punto de partida, no conviene repetir el mismo esquema sin más: lo que suele faltar es haber corregido la causa —el picoteo continuo que apaga las ondas de limpieza, los antiácidos mantenidos, el tránsito lento o un hipotiroidismo— o haber acertado con el tipo de gas.
Varían según el gas predominante, pero hay rasgos comunes: cambios de consistencia de un día para otro sin relación con la comida, deposiciones que flotan y cuesta arrastrar, aspecto pastoso o graso que se pega a la taza, color más claro hacia el amarillo, olor más intenso de lo habitual y restos de alimentos sin digerir. En el SIBO de hidrógeno y de sulfuro predominan las heces sueltas con urgencia; en el de metano, las duras y el estreñimiento.
Por dos motivos que se suman. El primero es el gas: las bacterias fermentan los azúcares en el intestino delgado y producen hidrógeno, metano o sulfuro, que queda atrapado en las heces y reduce su densidad. El segundo, más relevante, es la grasa: el sobrecrecimiento desconjuga las sales biliares necesarias para absorberla, así que la grasa sale con las heces. Eso se llama esteatorrea y produce deposiciones brillantes, pastosas y difíciles de arrastrar.
Por el tránsito acelerado y por el exceso de grasa sin absorber. El color marrón normal procede de la bilirrubina transformada por las bacterias del colon durante el recorrido; si el tránsito se acelera, no da tiempo a que esa transformación se complete y el tono queda más claro o amarillento. La grasa no absorbida aclara todavía más el color y le da brillo. Conviene distinguirlo de las heces muy pálidas o color masilla, que apuntan a un problema biliar.
Orienta bastante, y es el dato que menos se pregunta en consulta. Un olor muy fuerte, característicamente a huevo podrido, apunta al SIBO de sulfuro de hidrógeno, producido por bacterias reductoras de sulfato. Ese subtipo es importante de reconocer porque puede dar un test convencional negativo: las bacterias consumen el hidrógeno según se produce y la curva sale plana. En el SIBO de metano el olor suele ser poco marcado y domina el estreñimiento.
Hay señales que no se explican por SIBO y que obligan a consultar sin esperar: sangre en las heces, ya sea roja o en forma de heces negras y alquitranadas; pérdida de peso sin proponérselo; fiebre mantenida; dolor abdominal intenso o que despierta por la noche; anemia sin causa aclarada; y cualquier cambio brusco y persistente del ritmo intestinal a partir de los 50 años. Atribuir estos síntomas al sobrecrecimiento bacteriano retrasa diagnósticos importantes.