
Publicado por: Ángel Amilibia Hergueta | ISNI: 0000000517782974
En el embarazo la infección de orina cambia de categoría. Fuera de la gestación, una cistitis leve es una molestia que a veces se resuelve sola. Durante el embarazo se trata siempre, incluso cuando no da ningún síntoma.
La razón no es exceso de celo: es que las complicaciones están bien documentadas y son evitables. Esta guía explica por qué la infección de orina es más frecuente en el embarazo, qué riesgos tiene, qué tratamientos son seguros y por qué se hace análisis de orina en cada trimestre aunque te encuentres perfectamente.
Concurren cuatro cambios fisiológicos, y todos apuntan en la misma dirección:
El resultado es que entre un 2 % y un 10 % de las embarazadas presenta bacterias en la orina en algún momento de la gestación.
Hay bacterias en la orina pero ningún síntoma: no escuece, no hay urgencia, nada. Fuera del embarazo no se trataría, porque tratarla no aporta beneficio y genera resistencias.
En el embarazo la decisión se invierte, y por un motivo concreto: entre el 20 % y el 30 % de las bacteriurias asintomáticas no tratadas progresan a pielonefritis. Fuera de la gestación ese porcentaje es mucho menor. Tratarla reduce ese riesgo de forma drástica.
Es exactamente la razón de que se pida análisis de orina de rutina en cada trimestre: se busca algo que no da síntomas.
La infección está en la vejiga y sí produce síntomas: escozor al orinar, urgencia, frecuencia y molestia encima del pubis. Son los mismos que fuera del embarazo, y los repasamos en detalle en la guía general sobre la infección de orina.
Hay una dificultad diagnóstica propia del embarazo: la frecuencia urinaria aumenta de forma normal por la compresión de la vejiga. Ese síntoma, que fuera del embarazo orientaría, aquí pierde valor. Lo que sigue siendo significativo es el escozor.
La infección ha ascendido al riñón. Se manifiesta con fiebre alta, escalofríos, dolor lumbar, náuseas y vómitos, y afectación del estado general.
Es la complicación infecciosa que con más frecuencia motiva ingreso hospitalario durante el embarazo. Requiere atención inmediata y habitualmente antibiótico intravenoso.
Los descritos, tanto para la madre como para el bebé:
| Riesgo | A quién afecta |
|---|---|
| Pielonefritis | Madre; puede requerir ingreso |
| Parto prematuro | Bebé |
| Bajo peso al nacer | Bebé |
| Rotura prematura de membranas | Ambos |
| Preeclampsia | Madre |
| Anemia | Madre |
| Sepsis | Madre; poco frecuente pero grave |
Los dos del medio son los que justifican el cribado sistemático. La asociación entre bacteriuria no tratada y parto prematuro está bien establecida, y el parto prematuro es el principal determinante de complicaciones neonatales.
Puesto al revés y en positivo: tratar una bacteriuria asintomática es una de las intervenciones más eficaces y sencillas del control del embarazo. Un análisis de orina y una pauta corta de antibiótico.
El análisis de orina completo forma parte del control de cada trimestre, junto a la analítica de sangre. Detecta la infección mediante los nitritos, los leucocitos y el sedimento, con resultado en 2 a 4 días laborables y sin volante médico.
Cuando el análisis resulta positivo se añade urocultivo con antibiograma, que identifica la bacteria y su sensibilidad. En el embarazo se pide siempre, no se trata a ciegas, precisamente porque el margen de fármacos disponibles es más estrecho.
Y una particularidad importante: tras completar el tratamiento se hace un cultivo de control para confirmar que la infección se ha erradicado. Fuera del embarazo no suele ser necesario; aquí sí.
Todo esto se integra en el control del embarazo, que agrupa las consultas, las ecografías y las analíticas de cada trimestre.
Hay antibióticos perfectamente compatibles con la gestación y otros que no. La elección la hace siempre tu médico, valorando el trimestre, el resultado del cultivo y tus alergias.
Habitualmente compatibles: algunas cefalosporinas orales, la amoxicilina y la amoxicilina-clavulánico, y la fosfomicina. La nitrofurantoína se usa en determinados tramos del embarazo, con la precaución de evitarla al final de la gestación.
Que no se emplean: las quinolonas —ciprofloxacino, norfloxacino— por su efecto sobre el cartílago en desarrollo, las tetraciclinas, que afectan a huesos y dientes del feto, y las sulfamidas cerca del parto por riesgo de ictericia neonatal.
Tres advertencias prácticas:
Hay una situación que genera bastante inquietud: la bacteriuria que vuelve a aparecer después de haberse tratado correctamente.
Ocurre en un porcentaje no desdeñable de embarazos, y no significa que el tratamiento se haya hecho mal. La vía urinaria sigue enlentecida durante toda la gestación, así que la recolonización es fácil.
El manejo escalona tres pasos:
Un caso aparte lo constituye el estreptococo del grupo B. Cuando aparece en un cultivo de orina durante el embarazo, se anota para el momento del parto: a esas gestantes se les administra profilaxis antibiótica intravenosa durante el trabajo de parto para prevenir la infección neonatal. No se trata en el momento del hallazgo si no da síntomas, se trata cuando toca.
Cuatro errores frecuentes y evitables:
Esperar a ver si se pasa. Fuera del embarazo puede tener sentido con una cistitis leve; aquí no. El umbral de consulta baja mucho.
Tomar un antibiótico sobrante. Puede ser uno de los contraindicados en la gestación —una quinolona, una tetraciclina— con el feto expuesto sin necesidad.
Recurrir a plantas o suplementos por su cuenta. «Natural» no equivale a inocuo en el embarazo, y varias plantas de uso urinario no están estudiadas en gestantes.
Abandonar el tratamiento al mejorar. Los síntomas ceden en 24-48 horas y la infección todavía no está erradicada. Interrumpir favorece la recaída y las resistencias.
Durante el embarazo el umbral baja. Consulta el mismo día si aparece:
Medidas sencillas que reducen el riesgo y ninguna interfiere con el embarazo:
Sobre el arándano rojo: no hay evidencia suficiente que respalde su uso durante el embarazo, y en cualquier caso no trata una infección activa. Consúltalo antes de tomar cualquier suplemento.
Esta es la dificultad práctica de todo el asunto: varias molestias normales de la gestación se parecen a una infección urinaria, y al contrario.
| Síntoma | Normal en el embarazo | Sugiere infección |
|---|---|---|
| Orinar con mucha frecuencia | Sí, muy habitual | Solo si se acompaña de escozor |
| Escozor al orinar | No | Sí, es el síntoma clave |
| Molestia en el bajo vientre | Puede ser por el útero | Si es dolor con presión suprapúbica |
| Dolor lumbar | Muy frecuente, mecánico | Si viene con fiebre y escalofríos |
| Pérdidas de orina al toser | Sí, por presión del útero | No por sí solo |
| Orina más oscura | Habitual por hidratación | Poco fiable como signo |
La regla útil que sale de esta tabla: el escozor al orinar es el síntoma que no se explica por el embarazo. La frecuencia urinaria, el peso en el bajo vientre y el dolor lumbar mecánico son moneda corriente en una gestación normal.
Y la excepción que hay que tener presente: dolor lumbar con fiebre nunca es mecánico. Esa combinación se atiende el mismo día.
Es la parte del control del embarazo que más se hace por inercia y menos se entiende, así que conviene cerrar con el porqué.
Entre un 2 % y un 10 % de las embarazadas tiene bacterias en la orina en algún momento, y en la mayoría de esos casos no hay ningún síntoma. Sin cribado, esas infecciones pasarían desapercibidas hasta convertirse en pielonefritis en una de cada cuatro o cinco.
Un bote de orina, cuatro días de espera y una pauta corta de antibiótico evitan un ingreso hospitalario y reducen el riesgo de parto prematuro. Es difícil encontrar una intervención con mejor relación entre lo poco que cuesta y lo mucho que previene.
Tratada a tiempo, se resuelve sin consecuencias. Sin tratar se asocia a pielonefritis, parto prematuro y bajo peso al nacer, por lo que siempre se trata.
Porque se busca la bacteriuria asintomática, que no da molestias y que en el embarazo progresa a pielonefritis en un 20-30 % de los casos si no se trata.
Algunas cefalosporinas, la amoxicilina y la fosfomicina suelen ser compatibles; la nitrofurantoína en determinados tramos. Las quinolonas y las tetraciclinas no se usan. La elección la hace tu médico.
Una infección no tratada se asocia a parto prematuro y bajo peso al nacer. Tratada correctamente, el riesgo se reduce de forma muy notable.
Sí, la frecuencia aumenta por la compresión de la vejiga. Lo que no es normal es el escozor al orinar, que sí orienta a infección.
Sí. En el embarazo se hace un cultivo de control para confirmar que la infección se ha erradicado.
No hay evidencia suficiente en el embarazo y no trata una infección activa. Consulta antes de tomar suplementos.
En tuMédico.es no. Puedes reservar el análisis de orina completo directamente, eligiendo centro y hora.
Es la presencia de bacterias en la orina sin ningún síntoma. Fuera del embarazo no se trata, pero durante la gestación entre el 20 % y el 30 % de los casos no tratados progresa a infección renal, así que siempre se trata.
Se anota para el parto: se administra profilaxis antibiótica intravenosa durante el trabajo de parto para prevenir la infección del recién nacido. Si no da síntomas, no se trata en el momento del hallazgo.
No es recomendable. «Natural» no equivale a seguro en el embarazo y varias plantas de uso urinario no están estudiadas en gestantes. Consulta siempre antes de tomar cualquier suplemento.
Ocurre con cierta frecuencia porque la vía urinaria sigue enlentecida toda la gestación. Se pauta un segundo tratamiento según el nuevo antibiograma y se pasa a cultivos de control mensuales; en casos seleccionados, profilaxis hasta el parto.